jueves, 30 de agosto de 2012

Favale, más complicado en el juicio por el crimen de Mariano Ferreyra

Otro revés para Favale

Un policía bonaerense complicó la situación del detenido Cristian Favale, uno de los principales acusados por el crimen del militante del Partido Obrero, al afirmar que tras el asesinato lo llamó por teléfono en "reiteradas" ocasiones para pedirle ayuda porque había estado "en el problema de Capital", cuando todavía la Justicia no había dictado su orden de captura.

El testigo, sargento Alejandro Tocalino, explicó que conocía a Favale desde hacía poco más de un año antes del crimen de Ferreyra, que se lo había presentado otro efectivo al que llamó "Mauricio". El policía contó que en los días posteriores al 20 de octubre, cuando la patota de la Unión Ferroviaria atacó la marcha de trabajadores tercerizados del exferrocarril Roca, Favale lo llamó a su Nextel y le dijo que "había estado en el problema de Capital, que si sabía algo que le avise. Me llamó reiteradas veces y a Mauricio también".

En un breve testimonio, donde casi no hubo preguntas de las partes -salvo unas pocas de la fiscalía y una de la defensa oficial de Favale- Tocalino explicó que entonces era sargento en la DDI de Quilmes, aunque ahora está "sin actividad". Además, señaló conocía a Favale, que sabía que tenía un vehículo Corsa, que trabajaba como remisero en Florencio Varela y que era "simpatizante" de Defensa y Justicia.

Al declarar ante el Tribunal Oral en lo Criminal 21 --que también juzga al titular de la UF, José Pedraza, y a otros detenidos por el asesinato--, el oficial aseguró que "no sabía el apellido, le decía Cristian". Además, explicó que en un primer momento no supo a qué se refería con el "problema de Capital", pero que después se enteró y comunicó las llamadas a su superior directo, Pablo Barberis.

Tocalino relató que su jefe le dijo que "lo siguiera atendiendo y que si teníamos que dar una mano para detenerlo lo íbamos a hacer. No sabía si tenía orden de captura pero sí que si estaba metido en un problema íbamos a hacer lo que teníamos que hacer". Ante una pregunta de la defensa oficial, Tocalino aceptó haberse contactado con la DDI de Lomas de Zamora, que realizaba tareas de inteligencia para localizar el domicilio de Favale, para ofrecerse como "mediador".

martes, 28 de agosto de 2012

Asesinato de Mariano Ferreyra: Policía complicó a policía

El sargento José Ortigoza, en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra

Un suboficial de la Policía Federal que declaró ayer describió la escena de actuación de la patota ferroviaria dejando en claro que la fuerza de seguridad habilitó una virtual zona liberada. No hubo órdenes para prevenir la violencia.

 Por Irina Hauser

Un sargento de la Policía Federal que declaró ayer como testigo en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra dejó mal parados a los policías que están acusados de haber liberado la zona. Confirmó que la patota de la Unión Ferroviaria (UF) atacó a los manifestantes que protestaban contra la tercerización laboral en el momento en que se retiraban de Barracas –lo que desacredita la teoría de un enfrentamiento– y afirmó que los patrulleros de la Comisaría 30ª, que en un comienzo cortaban el tránsito trompa contra trompa, se habían movido a 45 grados para abrir el paso a “los masculinos”, en la jerga de la fuerza, que “venían corriendo”. Otros dos agentes ofrecieron relatos imprecisos y con omisiones, pero de ellos se desprende que no hubo ninguna instrucción para evitar el despliegue de violencia ni resguardar a los tercerizados y las agrupaciones que los apoyaban. Sólo había indicación de que observaran y se resguardaran a sí mismos.

Los tres policías que declararon reportaban al subcomisario Rolando César Garay, de la seccional 30ª. El sargento José Alberto Ortigoza, un joven de contextura menuda y ropa clara, contó que había ido vestido de civil y que debía informarle a Garay qué decisiones iban tomando los tercerizados, a quienes consultaba. Confirmó que tenía a Eduardo Belliboni como referente del Partido Obrero, ya que lo conoce de otras protestas. Belliboni ya declaró en el juicio y dijo que habló con un policía de civil. Ortigoza explicó que primero vio que hacían una asamblea, luego debatieron y decidieron que se iban. “Veo gente que venía corriendo desde el lado de las vías”, dijo. “Iban en persecución detrás de los manifestantes (...) caían piedras grandes”, relató. A los periodistas de C5N que estaban allí les gritó “córranse” como resguardo, explicó. Cerca suyo, recordó, había otros policías de la División Roca, también de civil. Los ferroviarios que se abalanzaban gritaron, señalándolos, “¡Estos están con ellos, vamos a darles!”. “Pará que somos polis”, intentó frenarlos uno de ellos, quien logró que fueran reconocidos.

María del Carmen Verdú, abogada de Correpi, que representa a la querella de los heridos del Partido Obrero, señaló que Ortigoza es el primer policía que declara que al llegar los patrulleros cruzaban la calle impidiendo el paso, “mientras que a la hora de los incidentes los móviles estaban a 45 grados”, lo que facilitó el paso de la patota. Destacó que su descripción fue coincidente con la de los manifestantes y afirmó que había una diferencia de fuerzas entre los dos grupos, porque el de los tercerizados y agrupaciones “estaba lleno de mujeres, ancianos y niños”. El sargento afirmó también que vio a Garay comunicarse por Nextel, que sería uno de los teléfonos llamados POC, que impiden registrar el contenido las conversaciones. Escuchó modulaciones que aludían a una persona herida. En una empresa de la zona le dieron un video “donde se ve una femenina cayendo al suelo”.

El sector reservado para el público estaba más lleno de lo habitual ayer, con muchos jóvenes compañeros de militancia de Ferreyra. Otro de los testigos de la tarde, el suboficial escribiente Luis Humberto Coronel, terminó por sacar de las casillas a los propios jueces. Cambiaba su descripción de un minuto a otro acerca de quiénes tiraban piedras, en qué dirección iban y a qué distancia estaba él. “Diez, veinte metros, pongamos veinte, bueno, lo que usted quiera”, llegó a contestarle al juez Horacio Días, que le imploraba precisiones. En otro momento dijo que en realidad no vio si un grupo alcanzó al otro. El juez Diego Barroetaveña le dijo, enfurecido: “Es que dice cosas distintas según quién le pregunta”. La situación desató exclamaciones del público y el reto en respuesta de los prefectos que custodian la sala. También se desencajó el defensor Alejandro Freeland –quien lleva la batuta entre los abogados de la UF–. Mientras discutía con la fiscal, insistía con preguntas al testigo: “Discúlpeme, soy medio tarado y no entiendo”.

Una de las pocas cuestiones en las que Coronel no vaciló fue en decir que no tenía instrucciones para buscar una negociación y evitar los hechos de violencia. La patota, dijo, los “desbordó”. Tampoco le indicaron, después de saber que había heridos de bala, que había que rastrear las armas. Algo similar había dicho por la mañana el inspector Sergio Domínguez, quien también explicó que no pudieron “impedir” que pasara la patota. El había llegado en un patrullero, pero no recordaba –dijo– ni dónde ni cómo lo habían estacionado. La orden que recibió del subcomisario, sostuvo, era cuidar de que a ellos mismos no les pasara nada. De hecho, en algunas de las modulaciones incorporadas a la causa se escucha la instrucción de replegarse, “no sea cosa que las facciones antagónicas se unan contra nosotros”.

Los siete policías que están en juicio, junto con José Pedraza y la patota, fueron acusados por abandono de persona por la fiscalía, pero las querellas los consideran partícipes del homicidio.

lunes, 27 de agosto de 2012

Testimonio de María Villalba

María  Wenceslada Villalba caminaba junto a Elsa Rodríguez y la vio caer herida de bala. Muy cerca encontró tirado a Mariano Ferreyra. Ella pensó que Elsa no iba a sobrevivir. Contó cómo actuó la patota ferroviaria.

La audiencia de hoy se compuso de tres partes: en primer lugar, las defensas anunciaron que volverán al ruedo con los pedidos de excarcelación de los imputados; en segundo lugar, testificó María, militante del Partido Obrero de Varela, que describió un cuadro desgarrador; finalmente, empezaron a declarar los policías afectados a la investigación de los hechos.

María

El primer testimonio que se escuchó en la audiencia fue el de María, y fue desgarrador.

En la sala había muchos jóvenes, sobre todo militantes de la UJS y amigos. Sus rostros reflejaban conmovidos el horror del relato de María. Fue la voz de todos en ese momento, de Mariano, de Elsa, de los obreros tercerizados, de los centenares de miles que acompañan activamente esta lucha.

Fue un alegato en sí mismo, aunque se tratara ni más ni menos que de un relato cronológico de los hechos. El tribunal dispuso un cuarto intermedio de cinco minutos a mitad de su testimonio. María, que sollozaba, dijo que no hacía falta, que quería seguir atestiguando. El tribunal insistió. No era el estado anímico de ella (firme, fuerte, convincente hasta el más mínimo detalle) lo que imponía una pausa: era la tensión que surcaba toda la sala de audiencias. Los procedimientos judiciales son en general muy impersonales, el ritual es extremadamente burocrático. Ahora se caían todas las defensas, se quemaban todos los papeles. Ahí estaba María de Varela, de casi 60 años, que crió cuatro hijos, que fue obrera en el ex Frigorífico Regional Santa Elena en su Entre Ríos natal, que militó en el Partido Comunista hasta poco después del Cordobazo, que se vino a Buenos Aires en el año 79, que se incorporó al Polo Obrero y al Partido Obrero en el 2001; ahí estaba para hablar, recién salida del trabajo, para decir la verdad, y la dijo. ¡Vaya si la dijo!

“Teníamos una cita a las nueve y media en el local de Avellaneda para acompañar a los ferroviarios despedidos a un corte de vías por su reincorporación y por el pase a planta permanente. Tardamos en salir. En la esquina del local, había 3 personas mirando insistentemente, después llegaron 2 patrulleros. Una compañera de Varela vino en tren y contó que había muchos policías, que el clima no era bueno. Otros compañeros dijeron que no íbamos a ir para ese lado, y salimos para el otro. Adelante la bandera, los tercerizados, los chicos que cantaban. Yo llevaba un banderín junto a otro compañero. Dimos la vuelta manzana porque estaban provocando. Empezamos a caminar por la calle a lo largo del terraplén. La policía nos seguía al costado, encolumnada; arriba, los ferroviarios agitaban banderas verdes y nos gritaban. Nosotros cantábamos. Se veía que no íbamos a poder hacer el corte”.

“Pasamos un puentecito y había un espacio para subir al terraplén. Los compañeros se mandaron. Traté de subir pero sentí como una jauría de perros que venía a los gritos por la vía y tirando piedras. Era una lluvia de piedras, era imposible subir”.  María relató que alcanzó a ver a un Policía Federal con el arma desenfundada junto a la patota ferroviaria y contó de la represión con balas de goma de la infantería policial contra la columna. A María la alcanzó un piedrazo en el estómago. Otras compañeras también resultaron heridas en esa primera agresión, entre ellas, Elsa.

Agrupados en torno a la parrilla de Luján y Santa Elena, mientras se desarrollaba la asamblea que daría por concluida la movilización, María se dedicó a atender a los heridos y le hizo el cabestrillo a Elsa para resguardar su brazo. María tiene conocimientos básicos de enfermería y primeros auxilios –lo dijo frente al tribunal- que luego resultarían fundamentales para salvar la vida de Elsa.

La columna comenzó a retirarse. Habían recorrido cien metros cuando desde el fondo comenzaron a llegar gritos de alerta porque la patota se venía a la carrera.

María: “yo seguí para adelante. Iba conversando con Nancy y Elsa. Atrás se sentía bullicio. Hicimos una cuadra marchando medio desordenados. Yo no miraba para atrás porque lo que quería era que nos fuéramos, así no distraía a los demás, pero se sentía un griterío, mucho lío”.

“Iba conversando con Elsa. En la esquina había agua y barro. Yo salté y seguí caminando. Elsa se quedó atrás. En eso, un compañero me dice ´se resbaló Elsa´. Me di vuelta y la vi en el piso. Pensé que no era nada, pero le di la mano y no respondía, tenía los ojos cerrados. Creí que estaba desmayada. La agarré de la pera para darle una bofetada y le veo en la sien un pedazo de carne desprendido. Cuando miré bien, veo que es hondo, que era una bala de verdad. La dejé despacito”. Elsa perdía “un hilito de sangre”; María dejó la cabeza de Elsa en cierta posición para que la sangre fluyera, evitando que se le formara coágulo.

“Grité ´escóndanse, nos quieren matar´. Yo pensaba que nos tiraban de arriba de los árboles, de las paredes. Tratamos de parar un auto pero se fue. Empecé a correr por el medio de la calle gritando que habían matado a Elsa, que tenía un tiro de verdad”. Pedía desesperadamente un celular para pedir ayuda. En la esquina, María se encontró con un grupo de compañeros muy agitados y lo vio a Mariano, tirado contra la pared. “Ya está, no supe ni los números que quería llamar”. Fue hasta Mariano. Le subió la remera y encontró el orificio del disparo. “Tenía una pierna doblada, se había hecho pis, tenía los ojos abiertos, la nuez no se le movía, no reaccionaba”. Lo trataron de acomodar. Un compañero la ayudó a sacarle la mochila y acostarlo. “Yo le decía a Mariano que ya habían pedido ayuda, que estaba viniendo, pero era mentira. Le estaba mintiendo”, relató con la voz quebrada.

Luego llegó la ambulancia. Elsa y Nelson ya estaban arriba. “Sentía como que era un sueño, que no estaba pasando”. Caminaron hacia una avenida. Todos los compañeros estaban muy conmocionados. No apareció ningún policía. Se subieron a un colectivo. En el viaje supo que a Elsa la iban a operar. Algunos  chicos de la UJS dijeron que iban al hospital y les dio la mochila de Mariano. Antes de llegar, Lisandro Martínez les dio la noticia de que Mariano había muerto. “Ahí fue un descontrol”. En Corrientes y Callao, María y un puñado de compañeras y compañeros cortaron el tránsito, el punto de partida de una movilización que todavía no acaba.

Uno de los defensores, el doctor Laporta –una de las personas más insignificantes que alberga la sala de audiencias de este juicio- pidió que le explicara que era la bandera de arrastre y que significaba. “Es una bandera que llevamos con las manos y que expresa las consignas que habíamos ido a apoyar ese día: somos todos ferroviarios, reincorporación de los despedidos, pase a planta permanente”. Algún otro defensor balbuceó algo más. Estos abogados de grandes estudios se quedaron acobardados frente a esta mujer de Florencio Varela, frente a esta militante de casi 60 años que apenas había hecho tiempo de salir del trabajo y llegar puntual a declarar. “Grandes estudios”: la nada misma.

Nulidades

Al comienzo de cada audiencia, antes de la comparecencia de los testigos, se plantean cuestiones preliminares al debate. Las defensas venían de un duro revés: el día viernes, el tribunal rechazó el enésimo pedido de excarcelación de Pedraza y sus matones. La solicitud ya recorrió varias instancias sin encontrar eco. Era de esperar que los defensores volvieran sobre el punto y así ocurrió. Plantearon adelantar la citación de los testigos que denunciaron amenazas (“amenazas inventadas”, según dichos del inefable doctor Froment, abogado defensor de José Pedraza, a los medios) para despejar lo que las defensas entienden como el único obstáculo para la libertad de sus clientes. Esto es falso. Pedraza se encuentra además acusado en una causa paralela por intentar sobornar al tribunal de la sala III de la Cámara de Casación Penal. Su objetivo era comprar la excarcelación de los primeros detenidos y evitar, de ese modo, su propia detención (´sin autores materiales presos, no le dictarían la prisión preventiva al supuesto instigador´ era el razonamiento). Además, un “perito de parte” introducido por los defensores (en este caso, por el doctor Igounet) se encuentra procesado por golpear contra una mesa la bala que mató a Mariano delante de varios testigos. Su objetivo –cumplido a medias- era anular el proyectil como elemento de prueba. Numerosas amenazas, intimidaciones a los trabajadores ferroviarios (incluso con el concurso de la empresa Ugofe) intentos de soborno y destrucción de pruebas: Pedraza no debe ser excarcelado bajo ningún concepto, ya que todo acusa su intención de entorpecer la investigación para lograr su impunidad. De paso, recordemos que los abogados defensores han apelado a todos los recursos posibles por retrasar la realización del juicio y anular la investigación realizada durante la instrucción.

El tribunal señaló que estudiaría la cuestión del orden de los testigos, pero añadió que -en principio- no sería modificada.

Policías

Luego de María, comenzaron a desfilar algunos policías que participaron de la investigación. La defensa de Cristian Favale hizo un exhaustivo interrogatorio. Su objetivo era encontrar alguna irregularidad formal para anular el procedimiento. Los policías se remitieron a las actas de procedimiento. La defensora pidió citar a más uniformados, que hasta ahora no formaban parte de la nómina de testigos. La fiscal y las querellas se opusieron. La abogada Verdú –que tiene una larga experiencia en casos de ´gatillo fácil´ y que, junto a Claudia Ferrero, representan a los militantes del Partido Obrero heridos el 20 de octubre de 2010- argumentó que esos testimonios eran innecesarios “porque la policía nunca se acuerda de nada, o no sabe, y se remiten a lo que dicen las actas”.

La audiencia terminó temprano. Afuera brillaba el sol. Mañana continuarán testificando más policías.

Reprimen a los trabajadores del Ingenio Tabacal en Salta


La policía salteña reprimió a los manifestantes que se encontraban reclamando la reincorporación de los 57 trabajadores despedidos del Ingenio Tabacal, en el kilómetro 6,5 de la ruta 50.

La represión comenzó minutos después de las 18 cuando la policía arrojó los primeros gases lacrimógenos y disparó balas de goma contra el centenar de personas que se encontraban en las inmediaciones del ingenio ubicado en el pueblo de Hipólito Yrigoyen de la ciudad de Orán, a 260 kilómetros de la capital salteña.

El violento desalojo provocó que varios manifestantes fueran heridos y hayan tenido que ser trasladados al hospital local, informaron los trabajadores que encabezan la protesta.

El desalojo se produce a instancias de una orden firmada por el juez de la Cámara Civil y Comercial de Cuarta Nominación, José Ruiz, quien recibió el pedido del fiscal de Estado Ramiro Simón Padrós.

El fiscal de Estado pidió, en representación del Gobierno Provincial, "que se ordene la apertura de los caminos internos del Ingenio San Martín de Tabacal a los efectos de garantizar la libre circulación de personas y bienes, desde y hacia la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán".

El ingenio Tabacal fue fundado en 1918 y es propiedad de la estadounidense Seaboard Corporation desde 1996.

Se trata de una de las firmas agroindustriales más importantes del noroeste argentino, y desde hace algunos años viene recibiendo denuncias por parte de distintos sectores, entre otras cosas por la falta de negociaciones paritarias y el desconocimiento a los integrantes del Sindicato del Azúcar.

sábado, 25 de agosto de 2012

Futboleros con corazón militante

Aunque “Fútbol para todos” se empeña en ocultar o desviar la mirada ante una movida que viene desarrollándose tanto en clubes del ascenso como de Primera división, cada vez son más los equipos que salen a la cancha con una bandera que exhibe una misma consigna: Lanús, Tigre, Belgrano, Morón, Talleres de Escalada, Atlanta, Huracán, Independiente, Racing y San Lorenzo fueron los primeros en sumarse.

Como una demostración de apoyo al presidente de Independiente, Javier Cantero, quien protagoniza una lucha contra los barrabravas que pisan fuerte en el club y que han integrado “Hinchadas Unidas Argentinas”, aquel grupo de barras que viajó al último mundial con fondos del Gobierno,  en el partido que el conjunto de Avellaneda disputó frente a Vélez, los compañeros de Mariano desplegaron una bandera en el entretiempo: “La multitud se paraba sin dudarlo ni un solo momento, regalándonos una lluvia de aplausos. Y así fuimos por los cuatro lados del campo. La voz del estadio anunció quiénes éramos y por qué estábamos ahí, pero la gente parecía tenerlo bien en claro”, explica Sofía Devolder, militante del PO.

Pedraza: Preso para evitar una posible fuga

RECHAZARON EL PEDIDO DE EXCARCELACION DE PEDRAZA

 Por Irina Hauser

El Tribunal Oral Criminal 21 (TOC 21) rechazó los pedidos de excarcelación del líder de la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza; su número dos, Juan Carlos “Gallego” Fernández; el delegado Claudio Alcorcel; el picaboletos Guillermo Uño y el guarda Gabriel Sánchez, en el juicio donde están acusados por el asesinato de Mariano Ferreyra. Los jueces argumentaron la necesidad de evitar el peligro de que se fuguen y entorpezcan la investigación, más aún teniendo en cuenta que, por los delitos que se les atribuyen, si reciben una condena será de cumplimiento efectivo. A la vez, dieron especial relevancia a las amenazas a testigos que se iniciaron durante la instrucción de la causa y continúan hasta la actualidad.

La excusa de los defensores para reclamar la libertad de sus clientes fue la declaración del martes último del testigo Gustavo Mendieta, abogado de los trabajadores tercerizados, quien dijo que lo que figuraba en su declaración de la etapa de instrucción no era exactamente lo que había relatado, al tiempo que reconocía que no leyó el acta antes de firmarla. En función de éste y otros testimonios, los letrados plantearon que parte de la prueba en la que se basaron las detenciones estaba viciada y que la investigación había estado direccionada, por lo tanto debían quedar en libertad. Lo primero que aclaró el tribunal es que si entra a analizar esas cuestiones estaría adelantando opinión.

La resolución, firmada por Horacio Días, Carlos Bossi y Diego Barroetaveña, dice que si se deja en libertad a los acusados “no se encuentra garantizado” “el normal desarrollo del proceso”. Señala la posibilidad de fuga y de entorpecimiento frente a delitos graves –como es el homicidio calificado, que prevé prisión perpetua– y dice que otorgar la libertad a Pedraza y a la patota conspira contra el objetivo de lograr “la mayor celeridad posible para el juicio”. También tiene en cuenta que la persistencia de amenazas podría derivar en un beneficio para los acusados ya que quienes son “intimidados” “podrían callar desmoronando prueba cargosa”. Por ejemplo, uno de los testigos claves, Diego Cardías, recibió hace poco una advertencia para que cambie su declaración.

El lunes próximo declara otra de las víctimas, María Wenceslada Villalba, que fue herida en la manifestación de los tercerizados. Luego comenzarán a declarar policías: algunos que participaron en la identificación y detención del barrabrava Cristian Favale, acusado de disparar, y otros que estuvieron en el operativo en Barracas durante el ataque de la patota de la UF.

jueves, 23 de agosto de 2012

Otro testimonio que apunta a Favale

Federico Lugo, compañero de militancia del joven asesinado Mariano Ferreyra, declaró hoy ante el Tribunal Oral en lo Criminal 21 y, al relatar el ataque que sufrieron por parte de los integrantes de la Unión Ferroviaria el 20 de octubre de 2010, ratificó la descripción del asesino dada por los otros testigos del juicio oral. "Veo a una persona, agazapada en el medio de la calle, con un arma de puño que nos estaba apuntando y escuché los estruendos y vi los fogonazos", recordó y describió al agresor como alguien "robusto, grandote" y vestido con "remera oscura". Datos que en principio coincidirían con el acusado y exbarrabrava de Defensa y Justicia Cristian Favale.

Lugo era uno de los jóvenes que aquel 20 de octubre integraba el mismo grupo de Ferreyra y que cuando los "agresores" bajaron de las vías del ferrocarril Roca en la zona de Barracas, formaron, junto a otras 10 o 15 personas un "cordón" de protección. "El cordón es atacado y nosotros devolvemos algunos piedrazos", contó Lugo. Fue entonces cuando vio "en el medio de la calle", entre quienes formaban parte de los atacantes, a "una persona con un arma de fuego que nos estaba apuntando". Luego, escuchó a Nelson Aguirre -uno de los manifestantes que resultó heridos ese día- que "se agarraba la pierna" y gritaba: "Son balas de plomo".

La descripción que Lugo hizo ante el Tribunal -presidido por Horacio Dias e integrado por Diego Barroetaveña y Carlos Bossi- coincidió con la más amplia que realizó hace un par de días otro testigo, Eduardo Belliboni, quien luego identificó al agresor como Cristian Favale.

También otro testigo, Lisandro Martínez, aseguró haber visto entre los agresores a "un gordito", "agazapado" que "tiraba poniendo las dos manos en el arma y me pareció un revólver".

El 20 de octubre de 2010 militantes del PO y trabajadores tercerizados pretendían cortar las vías del ferrocarril Roca, pero desistieron luego de una primera agresión y la presencia policial que los testigos consideraron funcional al ataque. "Fue un ataque, no fue un enfrentamiento", corrigió Lugo a uno de los defensores que amplió el extenso cuestionario formulado por la fiscal María Luz Jalbert.

Los manifestantes resolvieron desconcentrarse porque había muchos golpeados y Elsa Rodríguez, luego herida en la cabeza, ya registraba un golpe en un brazo. Al cruzar el puente Bosch y ya en territorio porteño, el grupo agresor comenzó a bajar de un terraplén y a atacarlos con piedras, palos y botellazos.

Por el ataque y la muerte del joven militante del Partido Obrero, están acusados, además de Favale, el secretario general de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, Guillermo Uño, Gabriel "Payaso" Sánchez, el segundo de la UF, Juan Carlos Fernández, y el delegado gremial Pablo Díaz.

También están procesados Francisco Pipito, Claudio Arcorcel, Juan Carlos Pérez, Jorge González y siete policías federales, entre ellos Hugo Lompizano y Luis Mansilla, los responsables del operativo de seguridad montado aquel 20 de octubre, acusado de liberar la zona.

martes, 21 de agosto de 2012

"Tiraron a matar porque defendían un negocio enorme"

Se reanudaron las audiencias tras el feriado del lunes 20. Para hoy estaba previsto el testimonio de cuatro compañeros de Mariano que estuvieron presentes en la movilización de tercerizados ferroviarios del 20 de octubre de 2010. Alcanzaron a declarar tres de ellos: Lisandro Martínez, Eduardo ´Chiquito´ Belliboni y Gustavo Mendieta. En su testimonio, Belliboni señaló que reconoció cuando se difundieron sus imágenes a Cristian Favale como a uno de los tiradores.

Previo a los testimonios, nuestra abogada, Claudia Ferrero, puso en conocimiento del tribunal las intimidaciones sufridas por Jorge Hospital, uno de los testigos de la causa. Hospital es militante de la agrupación “Causa Ferroviaria – Mariano Ferreyra” y encabeza la oposición a Pedraza en el ferrocarril Roca. Hace algunas semanas, fue sancionado arbitrariamente por la patronal (Ugofe) con 29 días de suspensión. El testimonio de Hospital es muy importante para describir el régimen de terror que impuso la Lista Verde de Pedraza en el sindicato y en todo el ferrocarril, su participación en el negocio de la tercerización y su completa connivencia con la patronal –el 20 de octubre de 2010, la oficina de ´recursos humanos´ de Ugofe autorizó a pedido de la burocracia pedracista la salida de unos 80 trabajadores de los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada para engrosar la patota criminal.

“Tiraron a matar para defender un negocio”

El primero en declarar fue Lisandro Martínez, dirigente del Partido Obrero en la zona sur del Gran Buenos Aires. Lisandro explicó que el conflicto con los tercerizados: “los reclamos estaban originados en el despido de 117 trabajadores de las contratistas, también se denunciaba la diferenciación salarial que hay entre un trabajador de planta y un tercerizado y se reclamaba la equiparación y el pase a planta permanente. También denunciamos que quienes reciben el dinero del Estado para el pago de salarios, retienen parte del dinero que va directamente al bolsillo de los empresarios. En una de las Asambleas recibimos la denuncia de uno de los gerentes de Ugofe que reclamaba lo mismo, porque la empresa pagaba a los jerárquicos un 30% menos de lo que recibía del Estado para esos sueldo”.

“Se estaba violando una ley que todos conocemos:  a igual tarea igual salario”, sintetizó Lisandro. Señaló que en julio de aquel año, un corte de vías a la altura de Avellaneda había dado lugar a reuniones, pero que luego de 23 audiencias en el Ministerio de Trabajo y en la Secretaría de Transporte que no arrojaron ningún resultado, los tercerizados resolvieron volver a cortar las vías el 20 de octubre de 2010. Luego realizó una pormenorizada descripción de los hechos. Mencionó que al comenzar la marcha desde el local del Partido Obrero de Avellaneda, observó a tres personas que recorrían la columna de manera provocativa. Uno de ellos fue señalado por uno de los tercerizados como el hijo del subsecretario de Transporte Ferroviario, Antonio Luna.  Lisandro destacó que, en al menos tres oportunidades –antes y después de la embestida en la que fue asesinado Mariano-, le reclamó al personal policial por su connivencia con la patota agresora arriba de las vías, y luego sobre las calles de Barracas. Lisandro declaró que, al momento del ataque, los patrulleros de la Policía Federal apostados a metros de la esquina de las calles Bosch y Luján –exactamente al pie del terraplén, el lugar donde se agruparía la patota con Favale y los demás barrabravas contratados para la ocasión- desaparecieron de la escena,  y sólo reaparecerían  para cubrir la retirada de los atacantes. “La patota en ningún momento se propuso traspasar el cordón que habíamos formado. Tiraron y huyeron. Tiraron a matar porque defendían un negocio”, declaró. Lisandro declaró durante tres horas. Las defensas apenas ensayaron alguna chicana sin ningún resultado, dada la contundencia de su testimonio.

“Vi a Favale tirar”

Tras un breve cuarto intermedio, se reanudó la audiencia con el testimonio de Eduardo “Chiquito” Belliboni. “Chiquito” relató nuevamente el recorrido de la manifestación y se explayó en particular sobre el ataque de la patota: “hicimos un cordón de protección para que la columna pudiera retirarse. Este grupo que venía a la carrera, cuando estuvo a unos 15 o 20 metros nos empezaron a tirar piedras, botellas, palos y nosotros les devolvimos todo lo que nos arrojaban. En ese momento, escucho a Nelson Aguirre que me dice ´están tirando con plomos´. Me di vuelta y lo vi a Nelson con el pantalón ensangrentado. Entonces vi a una persona de remera celeste o gris que disparaba agazapado, con las rodillas flexionadas en el medio de la calle, apuntando al cuerpo. Cuando la jueza Wilma López me preguntó si lo reconocía le dije que no, pero después de verlo en los medios, vi que esa persona era Cristian Favale”. Belliboni, igual que Lisandro Martínez, describió la actuación policial como “funcional a la patota”.

El último en declarar fue Gustavo Mendieta, quién era el abogado de los trabajadores tercerizados y en ese carácter participó de la movilización del 20 de octubre del 2010. El testimonio de Mendieta tuvo el valor de poner de manifiesto las permanentes dilaciones que la empresa Ugofe y el Ministerio de Trabajo realizaban para evitar satisfacer el justo reclamo de los trabajadores tercerizados. Al ser consultado sobre cuál había sido la posición de la Unión Ferroviaria encabezada por Pedraza sobre el reclamo de los tercerizados, Mendieta afirmó que funcionarios del Ministerio de Trabajo le habían expresado que tanto la Unión Ferroviaria como La Fraternidad eran quienes más se oponían a que los tercerizados despedidos fueran reincorporados y a que la totalidad de éstos sean incorporados a la planta permanente del ferrocarril. Ante la denuncia contundente de Mendieta, algunos abogados defensores intentaron desacreditar su testimonio mediante chicanas formales. Llegaron al absurdo de pedir su procesamiento por “falso testimonio” y su inmediata detención, queriendo colocar a las víctimas en el banquillo de los acusados. La fiscalía y las querellas rechazaron de plano los dos pedidos mientras el Tribunal también desestimó el pedido de detención, dejando para el momento de la sentencia pronunciarse sobre el pedido de las defensas.

Concluida la sexta jornada, luego de los testimonios, queda cada vez más claro que las pruebas contra Pedraza, la patota y la policía son abrumadoras. Mientras la patota mantiene su silencio, en las próximas jornadas seguirán declarando los compañeros de Mariano.

lunes, 20 de agosto de 2012

Se reanuda el juicio por el crimen de Mariano Ferreyra

La audiencia comenzará a las 10 de la mañana; se esperan las declaraciones de testigos militantes del PO

El juicio al líder de la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza, y otros 16 ferroviarios y policías acusados del asesinato en 2010 de Mariano Ferreyra , militante del Partido Obrero (PO) y estudiante universitario, proseguirá mañana.

Se prevé que la audiencia comience a las 10 de la mañana, y que declaren los testigos Eduardo Beliboni, Gustavo Mendieta y Lisandro Martínez, todos militantes del PO que estuvieron en el lugar.

El jueves pasado declaró Nelson Aguirre , uno de los heridos de bala en el ataque de la patota de la UF contra los trabajadores tercerizados de la línea Roca y militantes del PO, y aseguró que cuando la agresión armada se produjo "los patrulleros de la Policía Federal desaparecen", según consignó DyN.

Aguirre recibió dos tiros -uno en el muslo derecho y otro en un glúteo-, y relató ante el Tribunal Oral en lo Criminal 21 cómo se sucedieron los hechos ese día.

Relató que el PO decidió apoyar el reclamo de empleados tercerizados del ferrocarril Roca para que pasen a planta permanente con un corte de vías en la estación Avellaneda por la mañana, que no pudieron concretar porque estaban los ferroviarios que los sacaron a pedradas y palazos.

Hasta ahora, ninguno de los 17 ferroviarios y policías acusados accedió a prestar declaración indagatoria y aseguraron que podrían hacerlo "más adelante" en el proceso.
El juicio

En este juicio se investiga el crimen de Ferreyra, que cayó herido de bala el 20 de octubre de 2010 cuando una patota de la UF atacó en Barracas a los empleados tercerizados.

Los acusados, además de Pedraza son Juan Carlos "Gallego" Fernández, secretario administrativo de la UF; Pablo Díaz, titular de la comisión de reclamos de la línea Roca; los delegados Jorge González y Claudio Alcórcel, y los empleados Juan Pérez, Salvador Pipitó, Guillermo Uño, Gabriel Sánchez y el barrabrava de Defensa y Justicia Cristian "Harry" Favale.

Favale y Sánchez están acusados de ser quienes dispararon las armas que hirieron de muerte a Ferreyra y alcanzaron a Elsa Rodríguez, Aguirre y Ariel Pintos.

Además están acusados los comisarios Luis Mansilla y Hugo Lompizano, los subcomisarios José Ferreyra, Rolando Garay, Luis Echevarria, el principal Gastón Conti y el cabo David Villalba..

domingo, 19 de agosto de 2012

"No volvimos a ser los mismos desde la desaparición de Miguel"


El periodista Cristian Alarcón recuerda a su amigo Miguel Bru, a 19 años de su desaparición. Y relata cómo impusieron el tema e iniciaron la búsqueda que aún perdura. ¿Dónde está Miguel? Rosa Schonfeld criticó al fiscal.

Primera marcha en la ciudad III (Gentileza Asociación Miguel Bru)
Por María Belén Bartoli -  @mbbartoli  - política@diagonales.com

“Si bien Miguel desaparece el 17 de agosto, recién en septiembre nos empezamos a preocupar realmente. Porque la verdad es que creíamos que iba a aparecer en cualquier momento, que se había escondido y que en alguna fiesta iba a volver (…) Finalmente, pasó lo que pasó y ya no volvimos a ser los mismos nunca más”.

Cristian Alarcón habla con la certeza de alguien a quien no se la contaron. Sentado junto a Rosa Schonfeld, este periodista, compañero de estudio y amigo de Miguel Bru en el ‘93, relata a Diagonales.com cómo fueron aquellos días posteriores a la desaparición, cuando la historia de impunidad policial y política que envuelven al caso era aún impensada.

Alarcón recuerda cómo fueron los primeros meses sin Miguel y todo lo que hicieron para instalar el tema como noticia nacional. Del 17 de agosto de1 ‘93 a la fecha la búsqueda de los restos del estudiante por parte de familiares y amigos es incesante.

“En un principio creíamos que iba a aparecer en cualquier momento. Suponíamos que se presentaría en alguna fiesta. Pero en septiembre nos dimos cuenta que algo estaba pasando, aunque no sabíamos qué porque no pasaba por nuestras mentes que se lo hubieran llevado”.

En aquel momento, Alarcón trabajaba en el suplemento que el diario Página 12 editaba en La Plata. “Junto a Pablo Morosi –actual periodista del diario La Nación– investigábamos qué había ocurrido. En ese momento no entendíamos que existiera la posibilidad real de que a Miguel se lo hubieran llevado. No era un concepto que entraba en nuestras mentes –relata Alarcón–. Pero cuando nos enteramos que Miguel había realizado una denuncia en una fiscalía porque la policía había ingresado a su casa de manera ilegal la duda que teníamos fue certeza: lo habían desaparecido”.

La sospecha de que a Miguel se lo habían llevado crecía minuto a minuto y familiares, amigos y compañeros formaron una comisión de búsqueda. Alarcón lo recuerda con estas palabras: “Es en ese instante cuando la verdad se vuelve explosiva al interior del sujeto y te marca a fuego para siempre. No volvimos a ser los mismos. Nos volvimos más solidarios, compañeros; más generosos y sobre todo profundamente políticos. No sabíamos adónde íbamos pero sabíamos que la historia nos había tocado".

El “mayor de los desafíos” era construir el discurso; “cómo decirle a la ciudad de La Plata, que era por demás conservadora, que Miguel había desaparecido, y que esto había ocurrido en democracia”. Y en la primera asamblea que realizaron para definir el paso a paso el lugar les quedó chico. Más de 300 personas llenaron un local para encontrar la mejor forma de definir cómo seguir. “Lo que más nos desvelaba era cómo llevar a la gente de la ciudad de La Plata a la calle. Y entre tantas frases que se tiraban, una de las chicas presente dijo: por qué no preguntamos lo que todos queremos saber ‘¿Dónde está Miguel?’, y así fue como logramos nuestra estrategia comunicacional”.

Lo que restaba era instalar el tema en los medios de comunicación de toda la Argentina. “Fue entonces que, junto a Pablo (Morosi), casi que inventamos una noticia para lograr que Página 12 lo cubriera e hicimos una especie de panfleteada sobre una marcha. Ese día arrancamos a mandar faxes a las 6 de la mañana a todas las radios y terminamos a las 12 de la noche con las agencias de noticias y diarios”.

La primera marcha fue un éxito rotundo. Cientos de platenses acompañaron el reclamo de Rosa Schonfeld y Ernesto Bru. “Fue ese día que nos dimos cuenta que habíamos logrado instalar el tema. Y con esa convicción con que hacíamos todo fuimos marcando nuestro camino. Ese camino iba por dos lugares: el de la reconstrucción del relato y también el de proponer nuevas medidas para seguir en la búsqueda de Miguel”.

A 19 años del hecho, Rosa y Néstor continúan buscando los restos de su hijo. Ni el juicio y castigo a los policías que torturaron y mataron a Miguel lograron menguar la fuerza de los padres para encontrar a Miguel. Todo hace suponer que eso no cambiará.

jueves, 16 de agosto de 2012

Testimonio de Nelson Aguirre en el juicio por el crimen de Mariano Ferreyra

“Sentí como un piedrazo”

Aguirre fue el primer testigo del proceso oral a Pedraza, la patota de la UF y siete policías. Contó cómo fue herido con dos balas y que vio a un hombre disparar. También relató que las patrullas de la Federal desaparecieron en el momento del ataque.

 Por Irina Hauser

“Cuando empezamos a desconcentrarnos, alguien grita: ‘¡Baja la patota, los de la (lista) verde!’. El avance de la patota era incontenible, venían corriendo hacia nosotros, empezaron a tirar con todo. Palos, piedras y cascotes. Armamos un cordón con quince compañeros para permitir la retirada de las mujeres, los mayores y niños. Nos defendimos para impedir que avanzaran, si no el resultado hubiera sido peor. Ahí comenzaron los disparos. Pensé que era la policía que estaba tratando de dispersarnos. Escuché una andanada de disparos y recibí un tiro en la pierna derecha. Sentí como un piedrazo. Estaba lleno de sangre. Me doy vuelta para escapar y recibo el otro impacto en el glúteo izquierdo.”

El relato sereno de Nelson Aguirre, el primer testigo del juicio oral contra José Pedraza, el grupo de choque y siete policías federales, se detuvo de pronto cuando contaba que se ubicó, herido, junto a un árbol. Le llevó cerca de un minuto romper el nudo en su garganta y poder contar entre lágrimas que en la esquina encontró tendido a Mariano Ferreyra “con un tiro en el abdomen”. Luego vio a “Elsa (Rodríguez) con sangre en la cabeza, que parecía muerta”. Dos datos redondearon su declaración: la certeza de que los patrulleros de la Federal “desaparecen” en el momento del ataque de los matones de la Unión Ferroviaria (UF) y la de haber visto a un hombre de la patota con remera gris o celeste gatillar un arma “agazapado”, a unos 30 metros suyo, mientras escuchaba más detonaciones de fondo.

Aguirre, militante del Partido Obrero, explicó que el 20 de octubre de 2010 había ido con otras agrupaciones a apoyar una protesta de trabajadores tercerizados de la línea Roca. Querían cortar las vías, pero al llegar a la estación Avellaneda –precisó– se encontraron con la patota de la UF que les impedía el paso. Caminaron bordeando las vías, que ocupaban los matones, y al llegar al puente Bosch intentaron subir al terraplén, pero el grupo del gremio empezó a tirarles piedras. Pese a ser ellos los agredidos, añadió, también la Policía Bonaerense los “reprimió” con “balas de goma”. Había gente lastimada e hicieron una asamblea que terminó con la decisión de retirarse. Fue entonces cuando –describió– vio venir corriendo a la patota.

La sola referencia de Aguirre a que los tercerizados y las agrupaciones de apoyo contestaron el ataque tratando de proteger a “los más vulnerables” de su grupo fue aprovechada por los abogados defensores para desplegar su teoría de que no hubo emboscada (que derivó en un homicidio calificado), sino una riña en la que los manifestantes provocaron y agredieron e iban organizados para eso. Primero intentaron que el testigo explicitara que había tirado piedras. “¿Usted llevaba mochila?”, inquirió acto seguido Oscar Igounet, defensor del picaboletos Guillermo Uño. “¿Y qué llevaba ahí?”, reforzó y explicitó que aludía una supuesta gomera.

–Es impertinente esa pregunta. ¡Parece una requisa! –se enfureció Horacio Dias, el presidente del Tribunal Oral Criminal 21.

Igounet insistió. Y le pidió a Aguirre, de camisa blanca y calma implacable, que “ratifique si sólo intentaron cortar las vías”. “¿Qué es Sitraic?”, cizañó, en alusión al sindicato de obreros de la construcción que estaba en la protesta. “¿Cuándo decidieron el corte de vías?”, siguió. “No hace al objeto de la investigación”, chillaron las querellas. “Acá se investiga un homicidio”, señaló el abogado Maximiliano Medina, del CELS, que representa a la mamá de Mariano. Su colega Alberto Bovino acusó a Igounet de querer hacer “tareas de inteligencia”. “¿Quiere intimidar al testigo?”, cuestionó. Entonces irrumpió la fiscal María Luz Jalbert en sorpresivo respaldo de éste y otros defensores, que mantuvo toda la audiencia. “Sí hace a la investigación”, dijo.

“¿Puede explicar a dónde va?”, le requirió Dias a Igounet. “A demostrar que las organizaciones estaban entrenadas” y que “en las mochilas llevaban apoyo de combate”, respondió y justificó que “la patota” opusiera “resistencia, aunque pudo ser excesiva” (sic) ante una “actitud ilícita”, por el corte. Luego dijo que “en Sitraic milita el señor Olivera condenado a tres años por abuso de arma de fuego”. La abogada del PO, Claudia Ferrero, lo cortó con furia: “Lo que está diciendo no tiene nada que ver. El PO es un partido legal”. La sala era una olla a presión. Dias se paró y reprendió a Igounet y Ferrero señalando una puerta lateral: “¡Ustedes dos vengan conmigo acá!”. En el recinto quedó flotando un murmullo ante la atípica iniciativa del juez. Al volver, Igounet pidió disculpas.

Pese a todo, otros defensores insistieron. ¿Un palo no es un arma? ¿Fue desde su casa con palos? ¿Cuándo decidieron acompañar a los tercerizados? ¿Quién lo convocó? ¿Por qué no se fueron si no querían confrontar? Dias volvió a protestar por las preguntas “impertinentes”. Aguirre tuvo que entrar y salir varias veces porque lo que se discutía eran los efectos del interrogatorio sobre su declaración. Alejandro Freeland, defensor de Juan Carlos “Gallego” Fernández –segundo de Pedraza–, clamó: “Déjennos a los que vemos palos, piedras y gresca pensar distinto”. Dias lo reprendió por hablar sin permiso.

El juez también tuvo momentos de humor. Cuando se intentó usar una maqueta de tres metros, aportada por la defensa de Pedraza, para que el testigo indicara con conitos de colores lo que vio, Dias tomó un conito y comentó: “Me sale decirle pituto”, la palabra acuñada en el caso García Belsunce, donde intervino el juez sentado a su lado, Diego Barroetaveña. Los conitos azules sirvieron a Aguirre para graficar la retirada de la policía al momento del ataque. También mostró dónde estaba el tirador al que vio, en Perdriel y Luján, “de pelo corto, chomba gris o celeste”. Desde allí percibió uno de los disparos que lo alcanzaron. El de su pierna derecha sería de una bala calibre 38 (que no se halló) y el que lo hirió en el glúteo y migró hacia atrás de la rodilla resultó compatible con una escopeta. En la maqueta justo faltaba la calle donde pararon la ambulancia, en la que Aguirre viajó con Mariano y Elsa. Ella llegó con daño neurológico. Mariano, sin vida.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Duras críticas de la madre de Miguel Bru al fiscal del caso

Rosa Schonfel advierte que si el fiscal Fernando Cartasegna no investiga pedirá su recusación. Proyectaron el documental "¿Dónde está Miguel?" y disertaron Cristian Alarcón, Estela de Carlotto y el juez Eugenio Zaffaroni.

Belén Bártoli - @mbbartoli

Rosa Schonfeld, la mamá de Miguel Bru, el estudiante de Periodismo asesinado por policías de La Bonaerense, criticó con dureza al fiscal que lleva adelante la investigación para dar con los restos de la víctima, desaparecido hace 19 años. “Si el fiscal Cartasegna no investiga como corresponde pediré la recusación”, advirtió la mujer.

Las críticas fueron vertidas en el marco de un homenaje realizado en la facultad de Periodismo, donde se presentó el video “Dónde está Miguel” y disertaron el juez Eugenio Zaffaroni y la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, entre otros.

“Hace ya más de un año que tengo un dato que puede ser muy importante y el fiscal no dio un solo paso para investigarlo. Vino una persona el 24 de marzo del año pasado y me dio ese dato. Nunca le prestó atención. Esa misma persona volvió a verme el 24 de marzo de este año y me preguntó por qué no le hacía caso. Le expliqué que es el fiscal el que no se mueve. Por todo esto, a veces empiezo a sentir un poco de desaliento”, dijo Rosa Schonfeld a Diagonales durante el acto.
Entre los ejes temáticos que se debatieron estuvieron “La construcción del relato periodístico en el ámbito de un proceso colectivo de búsqueda de justicia”; “La Violencia Institucional: aspectos y normativas para propiciar un nuevo marco de políticas de seguridad”; “El rol de los familiares de las víctimas en la búsqueda de justicia” y “Debates y desafíos actuales en torno a la causa de Miguel”.

Por su parte, Estela de Carlotto señaló: “Entiendo el dolor y la búsqueda de justicia de Rosa, porque las dos somos madres de hijos desaparecidos. En su caso, la sensación es más grave porque fue en democracia. Pero el dolor es el mismo y es diario. No se termina nunca. A una la asaltan las preguntas sobre qué harían hoy nuestros hijos, cuáles serían sus proyectos, si tendrían hijos para darnos nietos. Tantas cosas que a una se le cruzan por la cabeza y nos activan el dolor. Por suerte tenemos este tipo de manifestaciones que nos sirven para seguir adelante y que nos reconfortan”.

El juez de la Corte Suprema de Justicia Raúl Zaffaroni destacó a su turno que estas organizaciones “cambian a la sociedad. Y este cambio de tradiciones modifica y mejora el Estado de Derecho que es la coraza que tiene la Policía, ese enano rebelde del Estado de Derecho. Por eso, estas manifestaciones me ponen muy contento, muy feliz”.

El acto, que tuvo lugar en el aula anfiteatro del “Edificio Néstor Kirchner" y al que asistieron unas 500 personas, es parte de una serie de manifestaciones en reclamo de justicia que se realizará este año y que tiene como corolario la vigilia del viernes a la noche, frente a la comisaría Novena, donde Bru fue torturado antes de su asesinato.

El 17 de agosto de 1993 Miguel fue secuestrado cerca de Bavio. Gracias a las declaraciones de varios detenidos en la comisaría Novena y del registro en el libro de guardia se comprobó que fue ingresado en esa seccional, entre las 19 y las 20 de ese mismo día, donde fue visto por última vez mientras era torturado.

Por el hecho fueron condenados a prisión perpetua los ex policías Walter Abrigo y Justo López, el ex comisario Domingo Ojeda y el ex oficial Ramón Ceressetto.

martes, 14 de agosto de 2012

"Quisieron acallarla, pero hoy señala a los culpables"

La hija, la abogada y un compañero de militancia reconstruyen la pelea de la mujer que recibió un tiro en la cabeza cuando cayó Mariano Ferreyra y hoy es querellante en la causa.

Por:Gabriel A. Morini

 Elsa Rodríguez también fue protagonista aquel trágico mediodía del 20 de octubre de 2010 cuando la patota de la Unión Ferroviaria terminó con la vida de Mariano Ferreyra. Ella recibió un disparo en la cabeza y cayó desplomada en el acto. La bala no pudo ser extraída y se temió el peor final. Estuvo 40 días en coma y cuando despertó sólo podía mover los ojos. Los médicos entonces pronosticaron que no se recuperaría nunca de las graves secuelas neurológicas que le había causado el balazo. Hoy, a casi dos años de aquel episodio y gracias a su notable recuperación y lucidez, Elsa es querellante en la causa que juzga al líder de la UF, José Pedraza. A pesar de tener afasia y parálisis en el lado derecho del cuerpo, se comunica con señas y hasta logra articular algunas palabras. También aprendió a firmar con la mano izquierda para poder presentarse ante la justicia.
Luego de las primeras audiencias del juicio oral por el crimen de Ferreyra que comenzó la semana pasada en los tribunales de Comodoro Py, Tiempo Argentino reunió a la abogada del Partido Obrero, Claudia Ferrero, que la representa en el juicio; a uno de sus compañeros de militancia en el Polo Social y testigo del ataque, Eduardo Belliboni; y a la hija de Elsa, Vanesa, que es un puntal en su recuperación. "Lo que no pudieron matar los asesinos es su conciencia militante", aseguraron.
 
–¿Cómo se llega a la instancia de  que Elsa haya sido aceptada como querellante en la causa?
C. Ferrero: –Cuando empezaba la instrucción, Elsa había estado en coma y era lenta su recuperación. Veíamos que era importante su participación porque la causa avanzaba muy rápido, y nos corría el tiempo legal para presentarse como querellante, que es antes de que se eleve a juicio. Si ella no era querellante no podía discutir los procesamientos, las acusaciones o la calificación penal. Estaba afectado su derecho. La jueza (Wilma López) en un principio rechazó que presentemos a una de sus hijas porque no es lo que establece el Código. Nos pidió que hagamos una "curatela" (NdR: sistema de protección para testigos con algún grado de incapacidad), lo que consideramos ridículo porque apostábamos a la recuperación y no a quitarle derechos.
–¿Y entonces qué solución encontraron?
–CF: Fuimos a la Cámara con este planteo y justo coincidió con la primera apelación de los acusados, y que el fiscal de Cámara –que debe representar a las víctimas– no fue, por lo que no había nadie para refutar a las defensas de la patota. Entonces nos dieron un argumento más para decir "si no fuera porque estábamos nosotros, Elsa no podría haber acusado y nadie lo habría hecho en su lugar porque el fiscal no estaba". Para evitar eso tienen que admitir la presentación de Estefanía (otra de sus hijas) hasta que Elsa estuviera en condiciones. Y así fue hasta que se pudo constatar que, a pesar de no manifestarse oralmente, entiende todo, opina y manda bastante, según sus hijas.
–¿Cómo se expresa hoy?
Vanesa: –Con señas y algunas palabras. Más con señas. Los que ya la conocemos, con la mirada nos dice todo.
E. Belliboni: –Desde el primer momento que ella pudo tomar conciencia expresó una voluntad de hierro de presentarse en la causa. Incluso de participar de las movilizaciones que se hicieron a favor de este juicio. Por supuesto que no pudo hacerlo hasta el primer día del juicio, donde llegó acompañada por sus hijas y participó de la movilización en apoyo. Tiene afasia. Está siendo tratada y está evolucionando en el habla. Ya puede decir algunas palabras pero desde que empezó a hacer señas en el Hospital Argerich, Vanesa comenzó a trabajar con ella para poder interpretar lo que quería decir.
–¿Qué representa su presencia en el juicio?
EB: –Es un símbolo, político, militante. Intentaron acallarla y hoy está acá, señalando con su dedo a los culpables. Elsa es una bandera y hoy, por suerte, está presente en el juicio.
CF: –Cuando se le explicó que para presentarse, como no podía hablar tenía que firmar un poder –pero la mano con que firmaba es la que tiene inmovilizada–, entonces con mucho esfuerzo aprendió a escribir con la otra mano para manifestar su voluntad. Ahora es ella la que requiere justicia, por Mariano, por ella y por los otros compañeros heridos.
–¿Cuál va a ser la modalidad de declaración de ella durante el juicio?
CF: –Creo que no va a estar en condiciones. Aún no sabemos si la fiscalía que la pide, la desistirá. Hay un informe neurológico previo que dice que tiene afasia y es muy difícil que una persona por señas que son traducidas por la gente que la conoce e intercalar con algunas palabras, pueda dar cuenta de lo que sucedió ese día. Pero de todos modos, lo que le sucedió a ella al momento en que le dispararon es una de las pocas filmaciones registradas por los videos de seguridad.
–¿Cómo siente la familia la primera semana de audiencias?
V: –Un poco de miedo tuve. El primer día mi mamá me preguntó quién se iba a sentar en esas sillas vacías que estaban sin ocupar en el tribunal. Yo le dije: "testigos", y mi mamá me dijo que no me creía. Ahí fue cuando empezaron a entrar los detenidos y a mí se me aflojaron las piernas cuando los vi pasar uno a uno. No le quise decir quién se iba a sentar y ella sola se dio cuenta.
–¿Cómo fue todo el proceso para su recuperación?
V: –Fue muy jodido, no fue fácil porque ella se deprimió mucho. Yo le insistía en que tenía que ir a la rehabilitación. "¿Vos te querés ver así?", le decía. Hasta que un día empezó a ir a caminar en el Hospital Jorge de Burzaco. Y también al IREP (Instituto de Rehabilitación Psicofísica).
–Los primeros momentos cuando volvió en sí después del coma debieron ser duros...
V: –Pensábamos en cómo explicarle lo que le había pasado, por miedo a su reacción. ¿Qué le decía, que se había caído en el cordón de la vereda? Y da la casualidad que despertó estando yo sola. Ahí la agarraba y le decía: "te quiero, mamita, te quiero, mamita". Me miraba con todos los tubos en la boca y lloraba. Eso sí no me olvido más. Lloraba un montón.
EB: –Después se lo contamos todo en familia y ella iba recordando. Primero la hieren en un brazo con un priedrazo, después vio los videos y ella fue recuperando la conciencia del problema. Vanesa no lo dice por exceso de modestia, pero los médicos le dijeron que no iba a moverse más en el Argerich. Y Vanesa desarrolló una tarea titánica para que la madre se levantara. Le porfió a los médicos y se levantó. Caminó y empezó a hablar y los médicos le dieron la razón.
–¿Cómo es su rutina hoy?
V: –Ir a la rehabilitación. Se dedica a su nieto Rodrigo, tiene como un kiosquito para que la mente le vaya caminando, y si no va para mi casa. Mi hermana Estefanía la ayuda mucho con el lenguaje. Le dice por ejemplo: "Mami, ¿qué es esto? Trapo-de-piso." Así estamos, porque es lo que nos dicen los médicos que hagamos. "¿Qué es esto? Ce-bo-lla." También tiene ayuda de los médicos, pero tiene que tener ayuda de los hijos. Tiene dos fonoaudiólogas. Avanzó un montón, lo notamos.
–¿Qué esperan ustedes del juicio?
V: –Tenemos confianza en Claudia y agradecimiento a los compañeros, porque si mi mamá se levantó de esa silla fue por la ayuda de la gente que la acompañaba. No me olvido de eso. Yo ya estoy muy agradecida.
CF: –Siento que es un deber representar a esta querella. Tratar de lograr justicia y perpetua para quienes cometieron un crimen tan atroz de quitarle la vida a un chico de 23 años, de quitarle la vitalidad y las posibilidades de seguir teniendo una vida activa, militante, como la que llevaba Elsa al momento de recibir un tiro en la cabeza.
EB: –Creo que haber llegado es ya muy importante. Cuando Elsa ya se retiraba, cansada, y vio la movilización el primer día y su figura en una pancarta quiso ir al centro de la gente para abrazarse con sus compañeros del Polo y del PO, y finalmente logró lo que ella quería, que es volver a la lucha y volver a reclamar justicia.
–¿Elsa pudo expresar qué espera ella del juicio?
V: –Ella dice que se va a ganar. Estos tienen que pagar lo que hicieron.    «
 
Producción: Rodolfo González Arzac
 
espíritu y compromiso militante
 
G. M.
 
–¿Cómo era Elsa, la militante?
–V: Nunca perdió el espíritu militante. Sigue amando al Partido Obrero y al Polo Social. Por lo que le pasó, nosotros pensábamos que no. Pero si hablamos mal, se enoja y nos putea.
–EB: Es del perfil de miles de mujeres en la Argentina que tuvieron que salir a pelearla solas. Salió a pedir ayuda en un momento de una crisis muy profunda en el país, cuando nadie le daba ayuda. Se ligó al Polo de Berazategui. Se empezó a organizar y rápidamente se destacó, a pesar de que es una compañera que no tenía un nivel de instrucción alto, como una gran organizadora de su barrio y de una veintena de comedores populares que existen en Berazategui, y ella era responsable de los alimentos. Pasó rápidamente a asumir otras responsabilidades más allá del alimento. Antes de que la balearan, había empezado a participar en el plenario de trabajadoras, que interviene en el encuentro nacional de mujeres. Había viajado y había vuelto muy entusiasmada con los derechos que se discutían ahí, con los reclamos que había con la violencia contra la mujer, de la que también ella fue víctima. Se empezaba a convertir en una militante plena, consciente, socialista, revolucionaria y es mucho más de lo que se dice sobre ella. La figura de Elsa de alguna manera para la opinión pública es una señora que estuvo ahí y que recibió un tiro, pero Elsa era una militante muy consciente.
–¿Cómo llega a aquel 20 de octubre?
–EB: Ese día Elsa tenía una cita en la municipalidad de Berazategui. Decidió no ir para acompañar los reclamos de los tercerizados y desistió de esa cita de organización de problemas barriales para ir a defender ese trabajo superexplotado que sufrían esos trabajadores. Se habla muy justamente de la militancia de Mariano, pero Elsa también lo era. También lo es y va a recuperarse. Los médicos le dijeron que su recuperación seguía pero que lo más importante para eso es que ella volviera a lo que más quería: a su militancia. Eso refleja que aun herida, aun con sus facultades incompletas, su conciencia permanece. Lo que no pudieron matar los asesinos en el caso de Mariano es su memoria y lo que es hoy como símbolo. En el caso de Elsa es su conciencia. Sigue vigente, sigue presente.

Los acusados en el juicio por Mariano Ferreyra no quieren declarar

Nadie quiere declarar

 Por Irina Hauser

Ninguno de los acusados en el juicio oral por el asesinato de Mariano Ferreyra quiso prestar declaración indagatoria, aunque todos amagan con que quizá lo hagan más adelante. El Tribunal Oral Criminal Nº 21 (TOC21) comenzó a convocarlos uno a uno al banquillo la semana pasada, empezando por el líder la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza, y la ronda continuó ayer con su número dos, Juan Carlos “Gallego” Fernández, los ocho integrantes de la patota y dos comisarios. El resto de los policías federales implicados anticiparon que tampoco hablarán por ahora, excepto uno que duda. Ante esta situación, lo que hace el tribunal es leer lo que declararon en la etapa de instrucción del caso. Si bien hay relatos contrapuestos, aparecen datos relevantes, como la confirmación, entre otros, del barrabrava Cristian Favale, acusado de dispararle a Ferreyra, de que habían sido convocados especialmente para frenar una protesta de trabajadores tercerizados de la línea Roca y agrupaciones políticas. El jueves comienzan a desfilar testigos del PO, entre ellos uno de los heridos de bala, Nelson Aguirre.

Pedraza no fue ayer al juicio. “Está resfriado”, lo excusó su abogado. Fernández, su amigo, secretario administrativo de la UF, de pelo blanco, fue el primer convocado del día a pasar ante el tribunal. Igual que Pedraza, dijo que gana 25 mil pesos. Al negarse a declarar, se leyó su declaración ante la jueza de instrucción Wilma López, que apuntaba a la teoría de que el grupo de matones del gremio había ido por iniciativa propia a evitar un corte de vías de los tercerizados. “En ningún momento nosotros ordenamos esto, no es un ejército, no hay obediencia debida”, decía Fernández. Alegaba que se había enterado por televisión de que habían matado a Ferreyra y que había heridos de bala, a pesar de que su teléfono celular delataba comunicaciones con el delegado Pablo Díaz, acusado de reclutar a la patota y coordinarla en el lugar, durante toda la mañana. Díaz, quien tampoco quiso declarar ayer, le dijo al presidente del tribunal –Horacio Días– que no iba a dar datos de su familia porque tiene “temor por la seguridad” de su esposa y sus hijas. Dijo ganar 10 mil pesos y su indagatoria incorporada a la causa también aludía a la presencia “espontánea” de los ferroviarios, y acusaba a los tercerizados de agredirlos con tuercas, piedras y bulones.

Favale, alias “Harry”, fue detenido a fines de octubre de 2010, unos días después del asesinato de Mariano. Ayer vestía camisa y corbata. Hubo por lo menos trece testigos que lo incriminaron en la causa y su presencia, sin ser ferroviario sino barrabrava de Defensa y Justicia, fue considerada por la Justicia como un dato relevante al momento de mostrar la planificación del ataque. El propio Favale en su indagatoria decía que Díaz le había pedido que fuera y era quien le prometía hacerlo ingresar como empleado ferroviario. Para defenderse, acusó a Gabriel Sánchez, guarda de Constitución, de haber sido quien efectuó disparos. Sánchez también quedó comprometido por otros testigos. Ayer se leyó el careo entre ambos. “Te vi matar con mis propios ojos”, decía Favale. “Vos no sos ferroviario. Yo no le saqué la vida a ningún pibe”, replicaba Sánchez.

Jorge González, Salvador Pipitó, Guillermo Uño, Claudio Alcorcel y Juan Carlos Pérez tampoco quisieron responder preguntas de los jueces. Pérez, acusado de recoger las armas para ocultarlas, fue otro de los que había dicho ante la jueza de instrucción que lo habían convocado para impedir la protesta de los tercerizados. También había señalado a Favale como tirador y sostuvo que estaba con otros “muchachos que no parecían ferroviarios”. Dijo que “se comentaba que Harry decía ‘le di, le di’” y que se fue con Alcorcel. Este, en la declaración leída, negaba su relación con Favale, pese a que tenía 40 llamados telefónicos con él.

A diferencia de otros acusados, Luis Osvaldo Mansilla, uno de los comisarios procesados por haber liberado la zona, en lugar de negarse a declarar se remitió a su declaración durante la instrucción, pero no aceptó preguntas. Dijo que estaba en disponibilidad, pero sigue cobrando 16 mil pesos. Igual que Hugo Lompizano, quien cobra 18 mil pesos. La extensa lectura de sus declaraciones hizo cabecear incluso a uno de los jueces.

domingo, 12 de agosto de 2012

Pablo Ferreyra habla sobre el juicio por el asesinato de su hermano Mariano

“Cuando entró Pedraza se me heló la sangre”

El hermano del militante del PO repasa las circunstancias en que la patota de la Unión Ferroviaria mató a Mariano y el inicio del proceso que tiene al gremialista José Pedraza como protagonista. La política, las “salidas” carcelarias y los tercerizados.

 Por Irina Hauser

Poco antes de que empezara el juicio oral por el asesinato de su hermano, Pablo Ferreyra viajaba en un taxi hablando del tema por celular con un periodista. El taxista pescó el contenido de la conversación, pero no identificó al protagonista, lo miró por el espejo retrovisor y le dijo: “Eso de lo que estabas hablando, ahora hay una marcha. Ojo que van a cortar todo. Por el pibe Ferreyra, el que quiso destapar la pudrición, la pudrición que se ve hasta el fondo, pero viste que ya Jesús quiso y no pudo”. Pablo no sabía si soltar una carcajada, ponerse a llorar desconsolado o bajarse urgente. Ese desconocido le hablaba de su propio hermano. De su vida. De él mismo, que se cargó al hombro la investigación judicial por el homicidio con ayuda de un equipo de abogados, y que con la fuerza de un designio retomó esa batalla que Mariano libraba contra la tercerización laboral el día que lo mató la patota de la Unión Ferroviaria (UF) durante la retirada de una protesta en Barracas. El, Pablo, 32 años, fotógrafo, que sin querer se convirtió en una figura pública objeto de críticas y elogios. Que asume contradicciones políticas. Que quedó petrificado al ver al líder ferroviario José Pedraza entrar en la sala del juicio. Que esta semana vio por primera vez las imágenes completas de los últimos minutos de vida de Mariano, militante de 23 años del Partido Obrero (PO).

Pablo suele andar con un par de zapatillas que eran de Mariano. Son botitas All Star marrones, de cuero. También guarda una remera suya gris, un teclado de varias octavas y una gomera. En su casa, un ph al fondo, hay cuadritos estilo art decó, una Gioconda perdida, fotos de Carolina –su mujer, con quien espera un bebé– y cámaras de foto antiguas. Menos visible, hay un pequeño retrato de su hermano sobre una especie de mostrador y en el estudio, apoyado sobre una pared, está enmarcada la tapa de la revista La Garganta Poderosa que muestra a Lionel Messi con la camiseta argentina y el nombre Mariano Ferreyra.

En el juicio, que empezó el lunes pasado, Pedraza encabeza la lista de acusados. Pablo intenta darle la mayor difusión posible y habló mucho por los medios en estos días. Sin embargo, le cuesta recapitular cómo fue el 20 de octubre de 2010. “Me acuerdo poco –se excusó–. Correr desde donde trabajaba, en La Lucila, hasta el Hospital Argerich, encontrar el manoseo de los médicos para decirme algo concreto y entender que no me iban a decir nada bueno y que me direccionaban hacia mi vieja, que finalmente me dijo que habían matado a Mariano. Revoleé la mochila, me agarraron mis dos cuñados y al ver que alguien filmaba afuera entendí que lo que había pasado tenía una magnitud muy grande.”

–¿No era una variable en tu horizonte que a Mariano le pasara algo relacionado con sus militancia?

–Nunca imaginé algo así. Todavía me cuesta entenderlo. Esta semana en el juicio veía las imágenes de los noticieros y leer el nombre Mariano Ferreyra en la pantalla me parecía completamente surrealista. Yo no viví ese día desde los medios. Había decidido no ver tele. Fue un momento personal de confusión. Además, cuando se muere alguien en estas circunstancias, llegás al hospital y está muerto, no hay nada más que hacer. Todo ese día deja de tener sentido. Nos quedamos esperando, sin saber qué esperábamos. Después nos tomamos un taxi y en la radio hablaban de Mariano y los medios esperaban en la puerta de la casa de mi mamá. A la noche vinieron compañeros de Mariano del PO a plantearme que anticipaban un funeral grande y me vi discutiendo de política, pero yo estaba pensando en mi hermano. Les propusimos un funeral íntimo, sin cámaras ni discursos, pero sí con la despedida de sus compañeros.

–¿Cuándo pudiste salir de la confusión y entender lo que había pasado?

–Las primeras versiones apuntaban a Duhalde. Luego vi que los diarios hablaban del ataque (de la patota de la UF). Hubo claridad del PO en explicar quién era Mariano y qué estaba haciendo en Barracas ese miércoles apoyando una protesta contra la tercerización laboral. El domingo busqué en Facebook al abogado Alberto Bovino, por recomendación de amigos. Me reuní enseguida con él y abogados del Centro de Estudios Legales y Sociales. Analizamos que lo que había sucedido era profundamente político y atentaba contra una lógica que tenía el Gobierno de no reprimir la protesta social. En ese entonces, igual que ahora, yo veía cosas del Gobierno que me entusiasmaban, pero que mi hermano sea un muerto político en la era del kirchnerismo me generó una contradicción muy grande.

–¿Cómo evaluaste el discurso de la Presidenta en el día que comenzó el juicio, lo viste como una señal de apoyo?

–Fue claramente una muestra de apoyo. A partir de ahí veo tres aspectos: generó un hecho político, eso es un dato objetivo; destacó, algo que es cierto, la ayuda de Néstor Kirchner para acelerar la investigación al acercar a la fiscalía un testigo clave aportado por un dirigente del conurbano; agregó una anécdota personal, de cómo afectó la muerte de Mariano a la salud de Néstor, algo que yo relativizo porque se está juzgando el asesinato de mi hermano a manos de una patota sindical comandada por Pedraza.

–¿Cómo viviste el inicio y los primeros días del juicio oral?

–Primero no estaba tan nervioso, pero cuando entró Pedraza se me heló la sangre. Caro, mi mujer, me dijo que estaba pálido. No conozco a Pedraza para nada, pero su apellido está cargado con toda mi historia de los últimos casi dos años. Pedraza y (Cristian) Favale quedaron socialmente instalados como los responsables del asesinato de Mariano. El primer día el PO nos acompañó con calidez, a mí y a mi familia. Hubo también una presencia sindical escueta, pero representativa: Roberto Baradel, Facundo Moyano, Claudio Lozano. Diputados de distintos sectores y muchos amigos.

–¿Qué responsabilidad le atribuís a Pedraza?

–Es el responsable de la muerte de Mariano. Mediante una patota del gremio que dirige buscó escarmentar a sangre y fuego a un sector opositor afectado por la tercerización laboral, que ponía en riesgo su hegemonía política. El mismo dijo en su declaración que el pase a planta de los tercerizados influidos por la izquierda le podía hacer perder hegemonía, porque con el ingreso de 150 cuadros se armaba una lista opositora. Las tercerizaciones le servían para atomizar eso. No es que decidió matar a Mariano, sino golpear a un sector que le representaba una pérdida de poder político y económico. Nada de lo que pasaba en la UF podía estar fuera del alcance de Pedraza.

–En la indagatoria, durante la instrucción de la causa, Pedraza dijo que en cuarenta años no había visto un ferroviario armado y que se enteró del ataque de la patota por TV.

–Es una muestra de cinismo propia del sindicalismo que alguna vez repudió (Rodolfo) Walsh, la burocracia sindical, que pretende representar a los trabajadores y mantiene negocios empresarios. Pedraza no solo explota desde los noventa el Belgrano Cargas, sino a los trabajadores en una cooperativa a nombre de gente del sindicato y con participación de su mujer.

–¿Te molestó que proyectaran las imágenes del día del asesinato?

–Me pareció innecesario para el juicio. Para mí fueron reveladoras, no las había visto. Me permitieron reconstruir y ver como una película el plan criminal. Tuve la sorpresa de ver que los tercerizados nunca cortan la vía, que son repelidos por la patota, que se ve que ya estaban desconcentrando cuando se produce el ataque. Advertí la importancia del testimonio de la periodista de C5N (Gabriela Carchak), que es objetivo. Desde el lugar decía lo que vio: un ataque, no un enfrentamiento, además de que la amenazaron para que no filmara. Pero fue muy doloroso ver a Mariano en un video que filmó una militante, tendido y en la ambulancia... me hizo muy mal, también a mi familia.

–¿Te afectó el discurso de los abogados defensores culpabilizando a Mariano y los manifestantes o te parece que sólo están haciendo su trabajo?

–Están haciendo su trabajo. Creo que es todo parte de una actuación necesaria y pienso que les están comiendo la billetera a los acusados, ya que para algunos es una causa perdida. Me parece que el trabajo que se hizo en la instrucción de la causa es irreprochable: desde el móvil político hasta el asesino material, y cómo están representados los tercerizados en ese discurso. Que venga uno a hablar de las gomeras, de hordas que cortan las vías, de las molotov, todos elementos de la lucha popular como armas de fuego, me parece que hay un acting. El juicio tuvo momentos de gran teatralidad.

–¿Y el tribunal?

–Me gustó el presidente del tribunal (Horacio Dias) porque le quitó solemnidad. Con un chiste desarticulaba todo, hasta los discursos que intentaban transformar a la víctima en victimario. Como familiar me parece que eso descomprime. Además, me pareció que los jueces manejaron bien los planteos de nulidad de las defensas y su reclamo para ver los videos.

–¿Con el PO cómo te llevás en el contexto del juicio?

–Estamos como en una luna de miel, a pesar de que tenemos opiniones diferentes y decimos cosas diferentes. Por ejemplo, respecto de la versión sobre las salidas de Favale de la cárcel. El PO dijo que se favorecía a un preso por su identificación política con el kirchnerismo, porque fue a un acto de Vatayón Militante. Después resultó que no salió, que fue un acto en el penal de Ezeiza, donde la agrupación incluso dijo haber repudiado a Favale. A mí me pareció que todo esto desviaba el eje del juicio, que pasa por discutir la cuestión laboral, la zona liberada por la policía pasando por el tipo de sindicalismo que representa Pedraza.

–¿Te habría molestado que a Favale lo dejaran salir de la cárcel para una actividad?

–En este momento sería muy desprolijo, una provocación. Lo mismo que pasó con (Eduardo) Vásquez. Con determinadas figuras habría que tener en cuenta la sensibilidad y la condena social. Sacar a Favale cerca o durante el juicio sería polémico. Es una discusión a dar, pero no en los términos que propone Clarín, impugnando la política de derechos humanos en las cárceles, sin señalar la importancia de la reinserción de todo preso ni otras problemáticas del sistema penitenciario, como las torturas. Hay otros problemas que plantea la cárcel.

¿Te sentís el mismo que cuando mataron a Mariano?

–Me siento un poco más pragmático. Voy a hacer lo necesario para lograr una condena a Pedraza, Fernández, la patota y también los policías federales. No cambié ideológicamente, pero me corrí de los fanatismos. Antes tenía mayor simpatía por el Gobierno. Me había ido del PO a una militancia, para nada orgánica, en el kirchnerismo, a partir de la crisis del campo. Pero empecé a ver cosas que me despiertan críticas, como la tragedia de Once. La crisis del ferrocarril estalla en diferentes cosas, entre ellas la tercerización laboral. Veo que cuestiones que produjeron la muerte de Mariano conviven con el sistema político actual.

–¿A qué te referís?

–Hay un acomodamiento y convivencia estratégica con sectores como la burocracia sindical, que pare mí sigue siendo una tarea sacársela de encima. La muerte de Mariano me volvió a despertar a la vida política. Hace seis meses vengo trabajando con el CELS en el tema de los derechos laborales y la tercerización.

–¿Tenés la impresión de que hoy podría haber otro asesinato como el de Mariano?

–Creo que lo hubo: el de Cristian Ferreyra, dirigente del Mocase. En el caso de Mariano fue una patota sindical la que mató y hay otros tantos crímenes donde está la policía en foco. En la comunidad qom, en Jujuy con Ledesma, el Indoamericano. Cuando me recibió la Presidenta, tras la muerte de Mariano, le dije que eso manchaba la bandera de la política de no represión


La punta del iceberg

 Por Irina Hauser

“Pedraza es la punta del iceberg de esta gran problemática. Lo que revelará el juicio es su papel como instigador en tanto sindicalista empresario, que dice ser representante de los trabajadores ferroviarios pero a la vez sostiene una cooperativa trucha de doscientas personas que precariza quitándole vacaciones y cargas sociales, haciéndolas rendir tres o cuatro veces más que a un trabajador de planta por una remuneración que va de un 40 a un 50 por ciento menos. Por eso Pedraza se presentó como un simple empleado en la indagatoria, disfrazándose, cuando sabemos que vivía en un piso de un millón de dólares en Puerto Madero y se le atribuye la participación en los negociados del desguace del ferrocarril”, dice Pablo Ferreyra.

–¿Cuál es hoy la situación de los tercerizados?

–El asesinato de Mariano llevó a visibilizar que el problema de la tercerización tiene raíces muy profundas en diferentes sectores del mundo del trabajo. En el ferrocarril se han incorporado a planta 1500 tercerizados, con intervención del Ministerio de Trabajo, pero siguen existiendo formas de tercerización, por ejemplo con la gente que trabaja en los baños. Además, la tercerización no tiene un diagnóstico, la propia forma hace difícil medirla, no sabemos a cuánta gente afecta, sólo sabemos que es mucha. Hay que iniciar una campaña que discuta la tercerización, que busque generar la posibilidad de tener herramientas de diagnóstico en un número cuantitativo de tercerizados en Argentina. Habría que atacar por tres lados: dar una discusión legislativa para regular por ley la tercerización; el Ministerio de Trabajo tendría que fiscalizarla de alguna manera o utilizar la policía del trabajo para descubrir situaciones de tercerización precarizante; y la última, pero muy importante, es que los sindicatos tendrían que tomar activamente partido, porque ellos fueron los que permitieron la tercerización en los ’90, como Luz y Fuerza, además de los ferroviarios. Otros han mostrado poder absorber a los tercerizados, como el caso del subte, que pasó a todos a planta permanente.