viernes, 28 de septiembre de 2012

Un testigo que señaló a Favale


Por Irina Hauser
Víctor Amarilla, militante de Convergencia de Izquierda, vinculó al barrabrava Cristian Favale con el disparo que recibió Mariano Ferreyra. Al declarar ayer como testigo en el juicio por el asesinato del joven militante del Partido Obrero, contó que estaba apoyando la protesta de trabajadores tercerizados del Roca y que tuvo frente a él, a unos diez o quince metros, al tirador, a quien después reconoció por las fotos publicadas en los diarios. Pudo ver, dijo, dos fogonazos y al girar la cabeza vio a Ferreyra “que se agarra la panza y cae”. También dio testimonio Ariel Pintos, un ex tercerizado, que recibió un impacto de bala de un arma calibre 38 en una pierna. Pintos vio a alguien disparar desde atrás de los árboles, aunque su descripción no coincide con los rasgos de Favale ni de Gabriel “Payaso” Sánchez, ambos acusados de haber gatillado. De entrada, cuando estaba por comenzar a declarar Amarilla, el defensor de Juan Carlos Fernández, Alejandro Freeland, hizo un planteo sorpresivo: pidió medidas de seguridad especiales, porque sostenía que se trataba de “un testigo violento”. María del Carmen Verdú (Correpi), quien representa a varios heridos, le devolvió que para su tranquilidad ella garantizaba que nada le pasaría. “Respeten este recinto porque es la casa de la Justicia y las cuestiones políticas aquí no interesan”, terminó la discusión el presidente del Tribunal Oral Criminal 21, Horacio Días.

Amarilla describió que el ataque de la patota de la Unión Ferroviaria se produce en el momento en que se retiran, después de estar reunidos un buen rato, cuando la patrulleros que antes bloqueaban el paso, lo liberan. El vio un grupo que “venía corriendo”. Cuando llegan los matones escucha “estampidos”. De pronto ve a una “persona morruda, con ropa oscura, pelo corto tipo policía, barba candado, con el brazo extendido hacia adelante y un arma”. Después vio su foto en los diarios, y era Favale. Amarilla asocia los disparos del barrabrava con la caída de Mariano.

Pintos relató que trabajaba en la cooperativa Confer, una tercerizada donde hacía “trabajo de vía y obra y pasos a nivel” de la que lo habían echado. Explicó que allí no tenía salario estable, ni vacaciones ni aguinaldo. Lo contrataba Ugofe y no cobraba “ni un tercio de lo que se cobra en el tren”. Con las manifestaciones, explicó, lograban que los volvieran a contratar. Lo regularizaron como trabajador de planta en enero de 2011. Como empleado ferroviario, cuestionó, “jamás” la UF “nos acompañó en nuestro reclamo”. Relacionó otra tercerizada, la Unión del Mercosur, con José Pedraza, como quien la manejaba, y contó que quienes trabajaban allí eran constantemente amenazados por el delegado Pablo Díaz, acusado en el juicio como coordinador de la patota, “quien iba armado para que no entren a las reuniones”. En medio del ataque de la patota, afirmó, “cuando me agacho para agarrar una piedra siento un dolor en la pierna y tenía un agujero con sangre. Veo que detrás de los árboles y de los autos sale una persona tirando hacia adelante”.

Un testigo complicó más a Pedraza en el juicio por Mariano Ferreyra

“Me dijo que no jodiera”

 Por Irina Hauser
José Luis García, un testigo que fue jefe de personal y que liquidaba los sueldos del ferrocarril Roca, afirmó que todas las decisiones pasaban por José Pedraza. Lo dijo ayer en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra, en un relato que equiparó las decisiones del dirigente de la Unión Ferroviaria (UF) con las de la empresa Ugofe, que además del ramal Roca opera el San Martín y Belgrano bajo tutela estatal. El nexo, señaló, era Juan Carlos “Gallego” Fernández, número dos del gremio. “Cada vez que llegaba a la empresa, mencionaba que venía a la orden del señor Pedraza”, relató. García declaró que los trabajadores cobraban menos de lo que indicaba su recibo, que los ingresos de personal eran digitados por el sindicato, que a la vez forzaba la afiliación y enviaba listas de los ferroviarios que debían recibir permisos o licencias para asistir a sus marchas o actos. Contó que fue citado dos veces por Pedraza para advertirle “que no jodiera” ni con los salarios ni con las contrataciones. Su testimonio refuerza la hipótesis de la acusación de que hubo una motivación política y económica de la cúpula de la UF para atacar la protesta de los tercerizados –de la que participaba Ferreyra– y “aleccionarlos”.

“Me dijo que no jodiera con el tema de los ingresos, textual”, evocó García un encuentro con Pedraza. La advertencia aludía a los listados que, señaló, confeccionaba la UF con los nombres de sus elegidos para entrar a trabajar en Ugofe. “Tuve dos charlas con Pedraza en 2008, fui citado y él me decía que no podía en mi función discutir lo que emanara de la Unión Ferroviaria, no se podía discutir sueldos mal liquidados o descuentos por ausencias no justificadas”, afirmó ante el Tribunal Oral Criminal 21 (TOC21). Carlos Froment, el abogado de Pedraza, le preguntó cómo era el lugar donde había sido el encuentro. “Era una habitación de cuatro por cuatro, tenía una bandera de la UF, retratos del ex presidente Néstor Kirchner y de la Presidenta”, fue la respuesta. El defensor reclamó un cotejo de las características del despacho donde, dijo, nunca hubo retratos, pero el tribunal rechazó su pedido.

García, quien denunció amenazas durante la investigación, trabajó para Ugofe (Unión de Gestión Operativa Ferroviaria) entre julio de 2007 y junio de 2009, cuando le dieron 28 mil pesos como “bonificación por renuncia”. Se fue, explicó, después de denunciar que entre un 20 y un 25 por ciento de su salario y el de otros trabajadores afiliados al gremio no llegaba a sus bolsillos.

Según García, el manejo de los ingresos lo ejercía el Gallego Fernández invocando órdenes de Pedraza. Ambos están acusados de instigar el ataque a los tercerizados que terminó en el asesinato de Ferreyra. Fernández, dijo el testigo, iba a la Ugofe con “un listado”. “Decía ‘hay que ingresar a 300’, nosotros decíamos ‘¿dónde los ponemos?’ y había que ingresarlos igual. Había personas que no trabajaban y cobraban, cuando ingresé había 3091 y cuando me fui 4500”, aseguró. Había condiciones: los contratados bajo convenio debían afiliarse al gremio y, además, devolver un monto por haber logrado ingresar a la empresa.

Del mismo modo, detalló que la UF enviaba una nómina de quienes debían ser “liberados” de sus tareas para asistir a marchas o manifestaciones.

Los querellantes le exhibieron un correo enviado el 20 de octubre de 2010 con los nombres de quienes irían a evitar el corte de vías de los tercerizados a la estación Avellaneda y dijo que era igual a los que él había visto.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Festival por Mariano y Comix


Es un festival clasista”. Así lo definió, desde el escenario, Gastón de Airbag, una de las bandas más importantes de la noche. “No es un festival solidario, estamos acá porque el de Mariano fue un asesinato contra la clase trabajadora”, continuó, antes de estallar con ‘Burn’ de Deep Purple, mientras la plaza, literalmente, se prendía fuego con mas de 30 mil jóvenes reclamando justicia por Mariano Ferreyra.

El festival condensó, sobre el escenario, la corriente de cientos de artistas que se jugaron a fondo por esta lucha. Los artistas asumieron la tarea de la difusión, sumándose de lleno a la campaña política por el reclamo de justicia. El festival se realizó sin ningún apoyo del Estado.

Gastón de Airbag, una de las bandas más importantes de la noche. “No es un festival solidario, estamos acá porque el de Mariano fue un asesinato contra la clase trabajadora”, 
http://po.org.ar/mariano-ferreyra/2012/09/27/el-rock-volvio-a-ganar-la-plaza-por-mariano/


Comix por Mariano: hacia la conformación de una historieta política

El 6 de agosto, día en que comenzara el juicio por el asesinato de nuestro compañero, comenzó a circular el primer número de “COMIX POR MARIANO”, resultado de una convocatoria dirigida a los ilustradores e historietistas que quisieran con su producción artística sumarse al pedido de justicia por Mariano. Esta iniciativa superó ampliamente nuestras expectativas dando lugar a un segundo número que fue presentado el pasado 20 de septiembre en el Centro Cultural del Frente de Artistas, contando con la participación de más de 18 artistas, entre ellos Carlos Nine, Langer y algunos historietistas latinoamericanos.

En dicha presentación, más de 40 dibujantes votaron la propuesta de conformar un movimiento de historietistas que elabore de manera colectiva una revista, que sirva de canal de expresión y debate de los artistas del dibujo y recupere la historieta como herramienta cultural y política.

Invitamos a todos los dibujantes y artistas que quieran formar parte de esta propuesta a asistir a la asamblea que realizaremos el día 19 de octubre a las 18 hs en Yatay 334.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Día 20 : El círculo se va cerrando sobre Pedraza


El día 25 declararon seis testigos y la audiencia terminó antes de las 16 horas. Todo un récord. El desarrollo del juicio es lento y raramente alcanzan a declarar más de dos o tres testigos en una audiencia. La razón fundamental son las controversias que despiertan los interrogatorios de los abogados defensores. Nuestra abogada, Claudia Ferrero, señaló a los medios durante el fin de semana “no podemos avanzar por la gran cantidad de interrogaciones que hace la defensa sin aportar nada y sin lograr nada”. Es que sus cuestionarios no surgen del desarrollo concreto del juicio sino del intento por forzar una situación que no ha sido (ni podrá ser) acreditada: que se trató de un “enfrentamiento”. Todos los testigos que declararon hasta ahora brindaron un relato homogéneo de los hechos y eso desespera a los abogados de Pedraza y su patota. “La defensa teme que lleguemos a las pruebas concretas que vinculan a la cúpula de Unión Ferroviaria con este plan criminal”, denunció Ferrero en declaraciones radiales.

De acuerdo a las declaraciones que escuchamos hasta ahora, es posible afirmar que la patota portaba al menos seis armas de distinto tipo y calibre. La agresión –criminal y cobarde- fue descripta no solo por los militantes del Partido Obrero sino también por “arrepentidos” de la patota, obreros de la zona, un psicólogo que pasaba por el lugar, un puestero de comida al paso, un chofer de micros y hasta varios policías. Concluida la acreditación de los hechos, la fase siguiente del juicio girará en torno a la organización del ataque y a las motivaciones políticas y económicas que tuvo detrás. El círculo se cierra con Pedraza.

Luego del testimonio de Omar Merino el jueves pasado -que insumió ocho horas agotadoras-, el tribunal se puso severo con la pertinencia de los interrogatorios. La audiencia adquirió así un ritmo más ágil y fue posible cumplir con todos los testimonios previstos para este día.

En la sala, estuvieron presentes apenas cuatro de los 10 detenidos: Gabriel Sánchez, Daniel González, Guillermo Uño y Cristian Favale. Favale dijo sentirse mal y pidió retirarse antes de la finalización de la audiencia. Lo hizo tambaleándose, ayudado por personal del Servicio Penitenciario.

Los testigos

Hoy declararon Marcelo, José, Mauro, Sebastián y “El Colo” Aguirrezabala, todos ellos compañeros de militancia de Mariano. En los casos de Marcelo y Mauro, compartían con Mariano, además, una intensa amistad. Por otra parte, el testimonio de Ulises de Oliveira – quien atendía un puesto callejero frente al edificio de Chevallier- fue ciento por ciento coherente con el de los compañeros.

El primero en pasar al estrado fue Marcelo. Describió a un tirador parado en medio de la calle, ubicado a apenas 30 metros suyo. “Era una persona corpulenta, grandota, de cómo 1,80, que no estaba vestida de ferroviario”. Marcelo no distinguió el sonido de los disparos, pero lo vio abrir fuego al menos dos veces. “Por la adrenalina, no caía. No era consciente de que eran armas con balas de plomo. Pensé que eran balas de salva, que lo hacían para asustarnos”.

“Cuando terminó el ataque, busqué a Mariano pero no lo encontré. Me dijeron que estaba herido de gravedad. Ahí creo que me di cuenta de lo que había pasado. Llamamos a la mamá para avisarle y con un grupo de compañeros fuimos hasta el hospital. Cuando llegamos, nos encontramos a la familia llorando…”.

Oliveira, que de lunes a lunes vendía sándwiches en la entrada a Chevallier, fue corto y conciso. “Ese día, vi grupo de personas en la esquina de Santa Elena y Luján haciendo una asamblea. Estaban reunidos, conversando tranquilos. Veía banderas partidarias, pero en ese momento no sabía quiénes eran. Avanzaron por Luján hacia Pedriel y pasaron delante mío. Entonces veo a un segundo grupo, de gente con ropa de grafa, que vienen corriendo con piedras en las manos. Cuando empezaron a volar piedras, me tiré debajo de un auto. Cuando salí, vi policía, había un carro hidrante”. Oliveira dijo que no vio que los policías intentaran detener a nadie.

Los demás testimonios también abundaron en el relato de los hechos. Los compañeros describieron el intento por alcanzar las vías apenas cruzaron el puente Bosch hacia Capital y la primera agresión de la patota, que contó con el apoyo de la infantería policial. Describieron la asamblea en Luján y Santa Elena y la decisión de dar por concluida la jornada de lucha. Relataron la retirada de la columna y la agresión de la patota; hablaron del cordón de seguridad, de los disparos, de la indignación con la policía porque fue cómplice de los agresores. Contaron de la marcha a la avenida Vélez Sarsfield para tomar los colectivos hacia Corrientes y Callao y de cómo se enteraron de la muerte de Mariano.

Los interrogatorios de los abogados defensores pasaron sin pena ni gloria. Freeland ensayó algunas de sus características provocaciones, pero fue reprendido por el tribunal y se retrajo inmediatamente. Al finalizar la audiencia, el abogado de Pedraza, Carlos Froment, pidió algunos procesamientos por “falso testimonio”. Es imposible que prosperen, pero como solicitarlos es gratuito…

De acuerdo a lo que ocurre dentro de la sala de audiencias, Pedraza, Fernández, los  patoteros y los policías marchan directo a una condena a prisión perpetua. Solamente una injerencia extraña al juicio, proveniente del poder político, podría alterar este resultado inexorable.

Hoy, la burocracia sindical opositora -la de Moyano y el “Momo” Venegas-, realizó un acto de reivindicación de José Ignacio Rucci en las puertas del tribunal. En el otro extremo de la ciudad, la burocracia oficialista –la de Caló y la ´CGT Balcarce´- también hacía lo propio en el cementerio de la Chacarita.

En el subsuelo de Comodoro Py, en cambio, la burocracia sindical estaba siendo juzgada por el crimen de un obrero revolucionario.

http://po.org.ar/mariano-ferreyra/

martes, 25 de septiembre de 2012

¡Fuera Lompizano de la formación docente!


(AW)  El represor Hugo Ernesto Lompizano es uno de los policías imputados en la causa judicial por el asesinato de Mariano Ferreyra. En marzo de 2011 fue puesto en disponibilidad por orden de Nilda Garré al negarse a realizar allanamientos en prostíbulos de la zona de Bajo Flores. Actualmente se desempeña como profesor en uno de los principales profesorados de Educación Física de la Ciudad, el ISEF Nº 1 "Romero Brest". Reproducimos denuncia de ADEMYS.

¡FUERA LOMPIZANO DE LA FORMACIÓN DOCENTE!

Hugo Ernesto Lompizano es uno de los policías imputados en la causa judicial por el asesinato de Mariano Ferreyra. En el momento del crimen ejercía su función como superintendente de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal, pero sobre todo tenía a su cargo la Dirección General de Operaciones. Desde esta área, se controló el video policial al que eliminaron los minutos cruciales en los que se retiran los patrulleros federales y Mariano fue baleado. También aparece involucrado en los entrecruzamientos de llamadas realizadas aquel día. En marzo de 2011 fue puesto en disponibilidad por orden de Nilda Garré al negarse a realizar allanamientos en prostíbulos de la zona de Bajo Flores.

Pero, además de su función en la fuerza policial, se desempeña como profesor en uno de los principales profesorados de Educación Física de la Ciudad, el ISEF Nº 1 "Romero Brest", e integra la comisión directiva de la Federación Metropolitana de Gimnasia (FMG).

No podemos permitir que alguien como Lompizano esté a cargo de la formación de docentes de educación física, con lo cual exigimos su separación del cargo y que sea condenado a prisión perpetua por su participación activa en el encubrimiento del asesinato de Mariano Ferreyra. Lompizano es una vergüenza para los estudiantes y profesores de educación física y para todo el conjunto de los docentes.
Convocamos a todos los estudiantes, docentes, institutos de formación, universidades, centros estudiantiles, federaciones, coordinadoras, organizaciones sindicales, políticas, sociales y de derechos humanos a sumarse al pedido de ¡FUERA LOMPIZANO DE LA FORMACIÓN DOCENTE!

JUSTICIA PARA MARIANO FERREYRA.
Enviar adhesiones a: fueralompizano@yahoo.com.ar
Contacto: 
Natalia 155 162 6070
Gabriel (Sec. DD HH Ademys) 155 126 1811

viernes, 21 de septiembre de 2012

Día 19: El firme testimonio de un luchador ferroviario

20 de septiembre 

Declaró Omar Merino, trabajador del ferrocarril Roca y constructor de la agrupación Causa Ferroviaria “Mariano Ferreyra”. Su testimonio insumió toda la audiencia. Merino declaró durante ocho horas frente al tribunal, aportando nuevos datos a la reconstrucción de los hechos y describiendo la organización y el régimen interno de la Unión Ferroviaria.

El 20 de octubre de 2010, Merino se sumó a la movilización ferroviaria una vez que finalizó su turno laboral en la estación Avellaneda, alrededor de las 13 horas. Según relató, los andenes de dicha estación se encontraban repletos de “ferroviarios y no ferroviarios”. Señaló que Pablo Díaz, jefe de la Comisión de Reclamos del Roca, merodeaba los alrededores “haciendo tareas de inteligencia. Buscaba quiénes iban a cortar las vías, cuántos eran, medía fuerzas”. Según Merino, un grupo de seis personas lo rodeó en su puesto de trabajo para insultarlo y amenazarlo.

Describió a un hombre corpulento, vestido de chaleco, que iba y venía delante de él hablando por Handy, al que le escuchó decir “peguen debajo de la cintura”. Esa persona fue identificada por otros testigos como uno de los custodios de Pablo Díaz.

Merino se unió a la manifestación cuando los tercerizados y las agrupaciones que los apoyaban se encontraban realizando una asamblea en la esquina de Luján y Santa Elena. Al pasar por el puente ferroviario que atraviesa Luján, del lado de Capital Federal, vio un grupo de policías y dos patrulleros atravesados en la calle. Dijo haber percibido “un clima hostil”. Describió que esos patrulleros, luego del ataque, habían cambiado de posición. Esto motivó un exasperante interrogatorio por parte del defensor del subcomisario Alejandro Garay. En los videos, se ve a ambos móviles estacionados a un costado cuando la patota se lanza a la carrera contra los manifestantes. Varios testimonios en el juicio fueron categóricos al señalar que “los patrulleros le abrieron paso” a la patota.

Durante el ataque,  Merino formó parte del cordón humano que trató de proteger la retirada de la columna. Aseguró haber visto a un tirador ubicado en el centro de la calle, que disparó “tres o cuatro veces”. Los describió como una persona alta, robusta, de cabello no muy corto, vestido con ropa de ferroviario.

Cuando los agresores se retiraban, Merino corrió detrás de ellos junto a algunos otros compañeros hasta los patrulleros de la comisaria 30. Dijo que les recriminaron al grupo de policías no haber hecho nada y que uno de los obreros tercerizados les exhibió la herida de bala que acababa de recibir en una de sus piernas. Merino dijo que los policías se mantuvieron en silencio, haciendo caso omiso a sus denuncias, y que les sacó fotografías con su celular que aportó al momento de declarar en la fiscalía. Esas fotografías –por motivos que nadie supo explicar- no se encuentran incorporadas en la causa, a pesar de constar en el acta que efectivamente fueron entregadas al momento de su declaración.

Merino relató que al regresar hacia la avenida Vélez Sarsfield, vio un cartucho rojo de escopeta tirado a mitad de cuadra, cerca del cordón de la vereda. Podría provenir de una de las armas que hirieron a Nelson Aguirre.

Nuevamente la utilización del término “patota” para referirse al grupo agresor despertó airadas protestas de las defensas. “¿Cómo quiere que les diga? ¿Asesinos? Porque para mí son eso,  asesinos”, se plantó el militante ferroviario.

En segundo término, Merino se refirió a la organización gremial interna del ferrocarril. Los abogados defensores de Pedraza y Fernández se opusieron. Las querellas explicaron que el interés económico y político de la cúpula de la Unión Ferroviaria fue su motivación fundamental a la hora de ordenar el ataque. El tribunal dio lugar al interrogatorio planteado por la parte acusadora. En el Roca, trabajaban 4500 obreros en planta permanente y otros 1500 como tercerizados. Merino mismo fue un tercerizado, entre 2002 y 2004, en la firma Poliservicios.

En su descripción, Merino afirmó que el sindicato monopolizaba el ingreso de personal y que “habían ingresado muchos familiares de los delegados y punteros” para apuntalar a la lista Verde que dirige Pedraza. También señaló que en el ferrocarril rige la lista sábana en vez de la elección de delegados por sector y que, por ese motivo, a pesar de que su agrupación ganó dos veces las elecciones en los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada, no tenían representación gremial. Dijo que “la única elección que perdimos fue porque llevaron a votar gente de otros lados, ya que la Verde manipula los padrones”.

Merino se refirió a las empresas tercerizadas y afirmó que la Cooperativa “Unión del Mercosur” pertenece a Pedraza. “La contradicción es enorme, porque se supone que el sindicato está para defender los intereses de los trabajadores y la verdad es que los negreaba haciéndolos trabajar bajo otro convenio, con un sueldo menor”.

Hubo duros cruces entre los abogados defensores y querellantes durante el interrogatorio. El abogado Freeland otra vez fue amonestado verbalmente por el tribunal por hostigar a los testigos. Freeland acusó los manifestantes de haber iniciado las agresiones al intentar cortar las vías. La abogada Claudia Ferrero lo interrumpió en forma terminante y le recordó que “de los 40 testimonios que se escucharon en el juicio hasta ahora”, ni uno solo respaldó esa tesis. Los imputados, a pesar de proclamarse inocentes, guardan silencio desde que comenzaron las audiencias el 6 de agosto pasado. Se niegan a declarar y responder preguntas de los acusadores.

Al comienzo de la audiencia, los defensores de los policías acusaron por falso testimonio a un testigo de la jornada anterior, que aseguró que había un cordón policial formado junto a la patota en los momentos previos al ataque y denunció “complicidad policial” con la agresión. El argumento de las defensas se basa en que dicho cordón no aparece en los videos. Sin embargo, tampoco aparecen en los videos los dos momentos claves de aquella jornada: la represión de la infantería contra los manifestantes sobre la calle Bosch y el momento de la embestida final, cuando cae muerto Mariano Ferreyra. Justamente por ese motivo se encuentra procesado el camarógrafo policial Villalba, que omitió deliberadamente su registro.

Mientras Merino declaraba, su agrupación vencía la proscripción de la junta electoral monopolizada por el pedracismo y oficializaba la lista Gris para las próximas elecciones sindicales.

La primavera empezó mal para José Pedraza.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Día 18: “Vayan y háblenlo con Pablo”

El día 16 del Juicio estuvo marcado por el testimonio de un albañil que estaba en la zona y que declaró, aún habiendo sido ferozmente amenazado. El día 18 tuvo como protagonista a un oficinista que vio mucho y aunque la policía lo sabía, nunca lo citó. Cuando vio en los medios que habían matado a Mariano, no lo dudó y se presentó espontáneamente a declarar. El sostenimiento de su declaración tiene también mucho valor, porque este oficinista también fue amenazado reiteradas veces. El asesinato de Mariano, de apenas 23 años,  conmovió a todos y despertó el deseo de gente ajena a la movilización de aquel día, de que esta vez haya justicia.   

La audiencia se prolongó hasta última hora. Se produjeron dos testimonios de los cuatro que habían sido citados y fueron contundentes contra los acusados.  Uno de los testigos declaró haber visto cómo retiraban tres de las armas del lugar de los hechos y comprometió aun más a Pablo Díaz. El otro identificó claramente a Favale como uno de los tiradores. Las defensas se empeñaron en largos y hostiles interrogatorios que no lograron hacer mella ni en los dichos ni en el ánimo de los testigos. Por el contrario, los testigos parecían ganar seguridad a medida que crecían la impaciencia y la agresividad de los defensores. El tribunal no tuvo más remedio que impugnar la línea de las defensas, cuyos interrogatorios calificó como “policíacos”, y llamarle severamente la atención a Alejandro Freeland, el defensor del ´Gallego´Fernández, quien evidentemente fastidiado por la solidez de los testimonios, polemizó y atacó a los testigos -e incluso, a los abogados querellantes. Por momentos, la audiencia se tornaba a la vez tensa y tediosa. Mientras tanto, fuera del tribunal, la Junta Electoral de la Unión Ferroviaria -integrada exclusivamente por la lista Verde que responde a José Pedraza- proscribía arbitrariamente a varias de las listas de oposición que se presentaron para las próximas elecciones del gremio. Entre ellas, a la lista Gris, formada por los compañeros de Mariano Ferreyra en el ramal Roca. El temor a perder la elección sindical es un reflejo del hundimiento de Pedraza y su banda en el juicio y de su cada vez más evidente retroceso. Es una burocracia sostenida con pulmotor desde el poder político. El repudio popular hacia ella no podría ser mayor. José Pedraza no concurrió a la audiencia. Sí lo hizo su segundo, ´El Gallego´ Fernández. Su semblante era francamente el de una persona acabada. “Negro, le dimos, le dimos” El primero en declarar fue José Sotelo, un hombre que ese mediodía salía de la casa de unos amigos en Barracas y se dirigía a su oficina. Había pasado la mañana con ellos conversando y tomando mate. Caminaba hacía la avenida Vélez Sarsfield cuando se encontró en medio de un infierno. “Estuve en el lugar equivocado, en el momento equivocado”, dijo. Su testimonio fue muy valioso. Y valiente, porque Sotelo presentó más de una docena de denuncias por amenazas y hechos intimidatorios vinculados con la causa. En una oportunidad, fue secuestrado durante horas por personas armadas que le exigieron que cambiara su declaración a favor de Pedraza. “Caminaba por la calle Luján hacia la avenida, cuando escuché gritos a mis espaldas. 

Era un grupo numeroso de personas con ropas de ferroviario que venía corriendo, insultando y portando palos y varillas metálicas en sus manos. Delante de mí, había una columna de gente que se dirigía hacia Vélez Sarsfield. Yo no alcancé a ver a esa gente pero veía las banderas que llevaban en unos palos altos. Seguí caminando. Yo iba de traje y me parecía evidente que nadie iba a pensar que yo tuviera que ver con esa situación. De pronto, veo que un grupo empieza a agredir verbalmente a unos periodistas, una chica y un camarógrafo. Camino unos pasos y veo dos personas de espaldas que sacan dos armas y apuntan. Creí que iba a empezar un tiroteo y me tiré cuerpo a tierra detrás de un auto. Escuché tiros. Cuando se apagaron, me levanté y veo que estas dos personas le entregan sus revólveres a un tercero y le dicen ´negro, le dimos, le dimos´. Esa persona se guardó las dos armas en la cintura, una atrás y otra adelante. Atrás tenía además una pistola tipo 9 milímetros”. Sotelo escuchó que el que las recibía les dijo a ambos ´bueno, vayan y háblenlo con Pablo´. Pablo Díaz, de la Comisión de Reclamos del Roca, era el jefe operativo de la patota en el lugar de los hechos y mantenía contacto permanente con Pedraza y Fernández a través del teléfono del segundo. Las personas que identificó Sotelo fueron los detenidos Juan Carlos Pérez y Guillermo Uño. El tercero todavía no fue individualizado. Apenas pudo, pasados varios minutos, Sotelo siguió camino hacia la avenida. En la esquina de Vélez Sarsfield y Luján, se detuvo un patrullero y lo abordó un policía. Le preguntó ´si había visto algo´. “Sí, algo vi”, le contestó Sotelo. El policía tomó nota de su nombre y de su número de teléfono. Nunca lo convocaron a declarar. Sotelo dijo que se enteró de la muerte de Mariano y de los heridos por los medios y que se presentó a declarar espontáneamente. El interrogatorio de los defensores fue patético, por momentos hasta infantil. Hicieron docenas de preguntas sobre de dónde venía, quiénes eran sus amigos, hacia donde se dirigía, a qué se dedicaba, dónde había estudiado y cosas por el estilo. El tribunal tuvo que hacerles una advertencia a los abogados defensores. Hasta la habitualmente adusta defensora del policía Villalba , Valeria Corbacho, se mostró irritada y levantó la voz. Sotelo contestaba cada pregunta con soltura y seguridad. Cuando las cosas van mal, la exasperación conduce a resultados aún peores, al punto que  el defensor Lagos logró -involuntariamente, claro- que Sotelo identificara a González, fácilmente reconocible porque lucía un cuello ortopédico, como uno de los que amenazó al equipo de C5N. El testimonio de Sotelo se extendió hasta pasado el mediodía. Una vez finalizado, el doctor Igounet presentó el enésimo pedido de excarcelación de su defendido, Guillermo Uño. Algo ridículo, para decirlo en pocas palabras. La fiscal se opuso inmediatamente y el tribunal difirió su resolución hasta la próxima audiencia. En estas cuestiones, el código de procedimiento no contempla que las partes acusadoras opinemos. Es evidente que no hay razón para soltar a Uño. Mucho menos a esta altura del proceso. Las hay sí, en cambio, para que éste pase el resto de su vida tras las rejas.   Recordemos, de paso, que Igounet fue quien introdujo en la causa al ´perito´ Roberto Locles, actualmente procesado por alterar -delante de media docena de testigos- la bala que mató a Mariano con el objetivo de invalidarla como prueba. Una patota es una patota Al regreso del almuerzo, el malhumor de los defensores era evidente. Y llegó el testimonio de Ariel, compañero de militancia de Mariano en la zona sur, para desatar finalmente su fastidio. Ariel narró los hechos. Detalles más, detalles menos, una vez más se escuchó en la sala el relato del ataque criminal de la patota. Ariel reconoció a Favale como uno de los tiradores, algo que ya había aportado durante la instrucción. Declaró apenas tres días después del crimen de Mariano. Otros compañeros del PO, antes que él, habían descripto en la fiscalía a un tirador muy similar al barrabrava de Defensa y Justicia. “Cuando vi en el diario la foto de Favale con Sandra Russo, dije ´¡fue este al que yo vi tirando!´, y llamé a los compañeros para ir a declarar lo antes posible”. Era una de las imágenes que los periódicos reprodujeron de la cuenta de Facebook de Favale, en las que se lo veía sonriente junto a la panelista de 678, Amado Boudou y Alberto Sileoni, entre otros, en la peña “La Epoka”, organizada por Boudou, con invitaciones. Ariel declaró ante la fiscal ese mismo día. (La presidenta Cristina Fernández, varias semanas después del asesinato de Mariano, atacó al PO delante de su familia: ´¿cómo es posible que la gente del Partido Obrero no pueda identificar al tirador?´, bramó; doble infamia: ahora sabemos, además, que el “testigo clave” aportado por el gobierno era parte integrante de la patota). Las preguntas de los defensores pretendían enredar a Ariel con minucias. La defensora de Favale fantaseaba con ´contradicciones´ entre su testimonio en la sala y su primera declaración que no existían. Ariel clarificó todo en un santiamén. Alguien inquirió si “había corrido a los ferroviarios”. Ariel contestó: “yo corrí CON los ferroviarios a la patota”. Freeland impugnó que se refiriera a la patota como tal. “Ustedes eran una patota”, llegó a decirle. “Nosotros no somos ninguna patota, usted está muy confundido”, se le plantó Ariel. Freeland estaba desatado, muy hostil. Recordemos que defiende a una persona que no estuvo físicamente presente en el lugar de los hechos. Ocurre que Freeland es consciente de que, si la patota cae, el camino conduce inevitablemente a Pedraza y Fernández, los únicos con la autoridad necesaria sobre el aparato de la Unión Ferroviaria que podían ordenar un ataque de las características que tuvo el del 20 de octubre de 2010 en Barracas. Y la cosa viene cada vez peor para ellos. El golpe de gracia llegó al final. Le exhibieron a Ariel un video en el que Favale aparecía durante apenas unos segundos sobre las vías, en una situación completamente distinta a la de la calle Luján o a la de la foto con Sandra Russo. “Ahí está Favale”, señaló Ariel al instante. Las luces se prendieron y la sala se vació inmediatamente. Parecía el cine, pero era el juicio oral y público por el feroz asesinato de Mariano, por las graves heridas contra Elsa y contra otros compañeros. Hasta el jueves.