martes, 24 de enero de 2017

Vergonzoso fallo de la Corte Penal III del Tribunal de Roma

La "Justicia" italiana y el Plan Cóndor
Jorge Tróccoli en Italia: “Yo torturé”

Un Tribunal de Roma confirmó la existencia del Plan Cóndor y los crímenes cometidos por las dictaduras del Cono Sur contra sus opositores políticos. Sin embargo, el fallo dejó sensaciones encontradas entre los denunciantes: la satisfacción de una condena y la desazón por las absoluciones.

Por Isabel Fernández y Mauricio Pérez
En 2005 un apartamento del edificio ubicado en Arrascaeta esquina Verdi estaba a la venta. Piso de parqué, dos dormitorios, cocina, una biblioteca repleta que se alzaba hasta el techo. Todo bien cuidado, todo en orden. Estaba claro que los libros no formarían parte de la transacción. Una pena.
Eran varios los motivos para que conocieran bien al propietario, empezando porque sacaba a pasear a su perro todos los días, con sol o con lluvia. Ambos, unidos por una correa, salían del edificio, tomaban Verdi y por Asturias enfilaban hacia el sur. A pesar de que el hombre era educado y el perro estaba bien enseñado, los vecinos respondían con desprecio al saludo de cortesía.

No era fácil olvidar que se trataba del capitán de navío (r) Jorge Néstor Tróccoli, el mismo que ameritaba los volantes anónimos por debajo de la puerta. La letra era grande y los alertaba: “En este barrio vive un milico asesino”. Y allí estaba él, caminando como si nada, rumbo al río que no queda claro si es mar, aunque la impunidad siempre resulta indigna.
Poco después, el apartamento cambió de dueño y Tróccoli abandonó el barrio. No eran tiempos sencillos para el autor de La ira del Leviatán, el libro que narraba –y confirmaba– algunas de las atrocidades cometidas durante la dictadura. La exfiscal Mirtha Guianze solicitó su procesamiento con prisión por el traslado clandestino de presos políticos en 1978. Fue tiempo de tomar otros rumbos: Tróccoli no compareció a la audiencia ratificatoria y se fugó del país.

Fue detenido el 23 de diciembre de 2007, en Italia, cuando la Justicia uruguaya expidió una orden de captura internacional. Entonces se supo que hacía tiempo que Tróccoli planeaba su huida: en 1996 había comenzado a tramitar la ciudadanía italiana. El juez Luis Charles (hoy ministro de Tribunal de Apelaciones) solicitó casi de inmediato su extradición, pero esta no llegó a hacerse efectiva, ya que se presentó fuera de plazo, a raíz de una demora en la Embajada de Uruguay en Italia. Tróccoli fue liberado y continuó con su vida en Italia.
La Justicia uruguaya reclamó a su par italiana que Tróccoli fuera juzgado por los ilícitos cometidos en Uruguay. Pero el fiscal Giancarlo Capaldo, que desde hacía una década investigaba los crímenes del Plan Cóndor, decidió él mismo incorporar el caso Tróccoli a su causa. Lo acusó por el secuestro y desaparición de seis personas. También acusó a otros 15 uruguayos –entre militares, policías y civiles– y a represores de Chile, Bolivia y Perú. Pero Tróccoli, el que paseaba a su perro por la calle Verdi y Asturias, el que admitió haber participado en sesiones de tortura, volvió a salir libre por la puerta de un Juzgado. El tribunal romano lo absolvió de los cargos en su contra. No obstante, el proceso está lejos de haber culminado.

El camino italiano
La primera vez que la Justicia italiana tuvo conocimiento de los crímenes perpetrados por las dictaduras de América del Sur fue en 1982, cuando Cristina Mihura, viuda de Bernando Arnone, compareció ante el Tribunal Penal de Roma y presentó una denuncia por el secuestro y homicidio de su esposo (Procedimiento R.G. 122988/82/C). La causa no prosperó.
Diecisiete años después, la historia fue distinta. En junio de 1999, seis mujeres, esposas y familiares de desaparecidos por el accionar del Plan Cóndor –todos ellos con ciudadanía italiana–, se presentaron ante el mismo tribunal y radicaron una denuncia penal por los crímenes perpetrados en las décadas de 1970 y 1980. La causa fue caratulada con ficha “Nº 8823/99/R c/ Pinochet Augusto, Operazione Condor”. Se trató de un intento de vulnerar el escollo de la entonces firme Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que impedía investigar los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado. Y tuvieron mejor suerte.
El fiscal Capaldo asumió su competencia e inició una larga investigación que se extendió durante más de diez años, hasta que finalmente decidió imputar a unos 140 militares y civiles de los países del Cono Sur por su participación en el Plan Cóndor. Con el paso del tiempo, la lista se fue depurando. Finalmente, el fiscal formuló una acusación contra una treintena de militares y civiles, entre ellos, 16 uruguayos. Dos murieron en el transcurso del proceso: Iván Paulos –jefe de Inteligencia Militar entre 1979 y 1981 y fundador de la logia Tenientes de Artigas– y el recientemente fallecido dictador Gregorio Álvarez.
También fueron acusados los militares José Ricardo Arab, José Nino Gavazzo, Juan Carlos Larcebeau, Pedro Antonio Mato Narbondo, Jorge Pajarito Silveira Quesada, Ernesto Soca, Gilberto Vázquez Bissio, Ernesto Ramas, Luis Alfredo Maurente y Ricardo Eliseo Chaves, los expolicías Ricardo Conejo Medina Blanco y José Sande Lima, y el excanciller Juan Carlos Blanco. También fue imputado Tróccoli, el único de los militares que compareció ante el tribunal romano; el resto se negó a declarar ante la Justicia italiana aduciendo falta de competencia para juzgar estos hechos.

Pese a esto, el tribunal hizo una extensa investigación que incluyó 61 audiencias, con decenas de testigos –muchos de ellos, víctimas de la represión transnacional– y miles de documentos oficiales sobre la coordinación represiva, algunos desconocidos hasta el momento. El Estado uruguayo y el Estado italiano se sumaron a los familiares y se presentaron como querellantes en la causa. Todo parecía encaminado para una condena de la mayoría de los implicados. Pero esa sensación terminó en cierta frustración.
Revelaciones
El martes 17, la Justicia italiana condenó a siete militares y un civil que formaron parte activa del Plan Cóndor. Pero ese día, al leerse la sentencia, la decepción ganó a los uruguayos presentes en la sala. De los 14 imputados orientales que podían ser juzgados (tras la muerte de Paulós y Álvarez), sólo fue condenado el excanciller Juan Carlos Blanco. Se lo procesó por los homicidios de los uruguayos Daniel Banfi, Gerardo Gatti, María Emilia Islas, Bernardo Arnone y Juan Pablo Recagno y de los argentinos Luis Faustino Stamponi –detenido en Bolivia y trasladado en forma clandestina a Automotores Orletti en 1976– y su madre, Mafalda Corinaldesi. Todos desaparecidos.

El resto, militares y policías, absuelto. En el caso de Chaves, el tribunal aplicó el artículo 530 del Código Procesal Penal italiano: se determinó que no tuvo participación en los hechos. Los demás fueron considerados inocentes o sin responsabilidad. Lo que más impactó a la gente que allí estaba fue la absolución de Gavazzo y de Tróccoli. Sobre el primero había cientos de documentos que confirmaban su participación; el segundo, durante el juicio, había confirmado su participación en los hechos. “Yo no maté ni secuestré; yo torturé”, dijo. Aunque aún no se conocen los motivos de la absolución –que se harán públicos en 90 días–, se estima que el tribunal no aplicó la “obediencia debida”, ya que en Italia hay una enorme jurisprudencia contra este principio, que viene de los juicios contra los nazi-fascistas. Si así fuera, sería uno de los puntos a plantear en la futura apelación, que se entiende inevitable, ya que tanto la Fiscalía como el abogado de uno de los procesados ya anunciaron su intención de recurrir el fallo.

Si bien el procedimiento que llevó a esta instancia comenzó en 1999, la fase de debate recién tuvo lugar en 2015. Por esa época, ya se tenía una idea de lo difícil que era la causa: “Estábamos ante tribunales populares con gente muy conservadora e ignorante de lo que sucedió en esta parte del mundo. Fue horrible. Relatábamos la tortura, pero allá eso no es un delito, entonces te dabas cuenta de que no tenías cómo mostrar por medio de palabras la tragedia que habíamos vivido. Ellos manejan otros códigos; no podíamos entendernos”, dijo una de las testigos que declaró ante el tribunal a Caras y Caretas.
Para que se tenga una idea, uno de los testimonios relataba algo acontecido en Iquique. Se hizo un impasse para explicar a un juez popular dónde quedaba Iquique. Cuando parecía que todo estaba claro, otro juez popular preguntó asombrado: “¿Qué tiene que ver Chile en todo esto?”. Y se estaba hablando del Plan Cóndor. A esto se le sumaba la hostilidad del ambiente donde las víctimas del terrorismo de Estado fueron a contar su periplo. Acostumbradas a los tribunales argentinos, donde se intentaba preservarlos desde el punto de vista psicológico, teniendo en cuenta la condición de sobrevivientes, en Italia el testimonio se daba entre prisioneros de la mafia que iban para ser juzgados.

Igualmente, nada pudo evitar que el proceso continuara. Nadie quiso frenarlo, tampoco. La sentencia fue escuchada por el vicepresidente de la República, Raúl Sendic, que viajó a Roma para ser partícipe de esta instancia, en representación del Estado uruguayo, querellante en la causa. Luego de que la jueza Evelina Canale culminara con la audiencia, Sendic dijo sentirse defraudado con la decisión. Mientras el vicepresidente hacía estas declaraciones, Victoria Moyano, hija de uruguayos detenidos desaparecidos en Argentina, fustigó la actitud de Uruguay: “El Estado uruguayo se presentó como querellante y no condena en su país el caso Tróccoli, que vuelve a quedar libre acá. Entonces esto es una vergüenza. Venimos a buscar condena porque en Uruguay no hay condena a los genocidas”.

A Moyano le asiste una parte de razón: la denuncia en Italia se hizo en 1999, cuando en Uruguay tenía plena vigencia la ley de caducidad, pero también es cierto que de las 14 personas a las que se juzgó en Italia, sólo tres no fueron juzgadas en Uruguay: Tróccoli (que fugó), Mato (vinculado con el crimen de los exlegisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, que está radicado en Brasil) y Chaves. El resto está cumpliendo la condena por crímenes de la dictadura. O muerto.

El Cóndor no pasa

Aurora Meloni es la viuda de Daniel Banfi, asesinado en 1974. Cuando en 1999 presentó la denuncia en la Tercera Corte Penal de Roma, lo hizo contra Hugo Campos Hermida y Juan Carlos Blanco. Las consecuencias del asesinato fue la sentencia a cadena perpetua para Blanco. Pero el caso de Banfi quedó por fuera del Plan Cóndor, porque la Corte consideró que el crimen fue anterior a la instrumentación de dicho plan. Meloni insiste: “En setiembre de 1974, Campos Hermida se movía como pez en el agua con la Policía Federal Argentina. En esa fecha entró a mi casa con 15 tipos, a las tres de la mañana, para ejecutar el secuestro”.

Meloni, en diálogo telefónico con Caras y Caretas, explicó que para ella no está todo perdido ni mucho menos: “¿Qué pasa con los que fueron absueltos? Sencillamente dicen [los italianos] que no hay pruebas para condenarlos por lo que se les acusa”. Y explica: “La desaparición forzada que existe en nuestros países no es una figura jurídica en Italia. El equivalente para los italianos es homicidio. Hay que ponerse en la cabeza de los jueces populares. Necesitan una prueba diferente. No alcanza con que los compañeros de Orletti vengan a decir que Gavazzo torturó y mató, porque hay que demostrarlo. Capaz que el ejecutor fue un soldado cualquiera. Entonces lo que hicieron, lo que comenzaron haciendo, fue ir contra los altos mandos y el reconocimiento del Plan Cóndor. Pero esto sigue. Es sólo la primera instancia. Ahora viene toda la instancia de apelación”.
En la apelación no hay tribunales populares, sino que todos los jueces son profesionales, lo que ayuda a la hora de procesar toda la documentación reunida, que es el fruto de 15 años de investigación ininterrumpida. Durante ese tiempo, el fiscal Capaldo fue a Estados Unidos y estudió los documentos desclasificados de la CIA, recorrió todos los países de América Latina, se entrevistó con las instituciones y los gobiernos (incluido el presidente Tabaré Vázquez, durante su primera presidencia).

Para Meloni fue innegable la desazón, pero su visión es esperanzadora: “Obtuvimos muy poco de la justicia que vinimos a buscar. Pero habrá apelación, y estoy segura de que en esa instancia vamos a lograr más. Lo que pasa es que no estamos familiarizados con este tipo de juicios. Es importante tener claro que esto no queda acá”, concluyó.
Cristina Mihura –otra de las querellantes– también se mostró esperanzada. Consideró que la sentencia es “parcialmente positiva”, porque pese a las absoluciones de los militares y policías uruguayos, se logró la condena de Blanco por su responsabilidad en el Plan Cóndor. “La Corte ha condenado a personas que fueron dictadores o ministros o tuvieron roles de relevancia generales […] Lo lamento por los familiares de las víctimas de Tróccoli”, afirmó Mihura a Caras y Caretas. “Tróccoli no es inocente, ninguno es inocente, pero ellos gozan de garantías que nuestros familiares no tuvieron”, reflexionó.

Más allá de esto, valoró que se debe esperar 90 días, de forma de conocer los argumentos que utilizó el tribunal para dictar su fallo. “Entonces podremos leer por qué la Corte absolvió a Gavazzo y por qué condenó a Blanco, y podremos comparar las dos cosas”. Gavazzo y Blanco eran juzgados por los mismos crímenes. Fue la absolución de Gavazzo la que causó mayor sorpresa, porque había documentos y testimonios que probaban su participación en estos crímenes. “Hace tiempo que estaba previsto que muy probablemente iba a haber algunas absoluciones. Estaba convencida de que peruanos y bolivianos iban a ser absueltos –y fueron condenados–, y, al revés, pensé que la de Gavazzo era una condena segura”, señaló.

Mihura afirmó que, al contrario de lo que muchos dicen, no lloró al escuchar la sentencia, pero que se emocionó con los mensajes que recibió en las horas posteriores. “No hay que perder la calma y seguir luchando y tratando de conseguir que se abran los archivos y saber lo que pasó, y recurriendo a los juzgados para quienes creen en la Justicia. Acá no terminó nada ni empezó nada”, agregó. “Por Bernando tuvimos sentencias en Uruguay, Argentina e Italia, y quienes participaron en su secuestro fueron identificados y tienen sentencia. Lo único que no hemos conseguido es la restitución de sus restos”, expresó.
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Uruguay apelará la decisión
El vicepresidente de la República, Raúl Sendic, dijo sentirse “defraudado” por el fallo, pero valoró que el tribunal tendrá sus motivos para haber llegado a esta conclusión. “Estamos defraudados por el pronunciamiento pero no estamos en condiciones, ni es nuestra voluntad, cuestionar o criticar al tribunal, porque tendrá sus elementos, sus motivos, para haber llegado a esta conclusión”. Sendic dijo entender “la indignación y el dolor” de los familiares por este fallo, pero recordó que se trata de un fallo apelable. “Habrá que decidir en las próximas semanas el camino a seguir”, expresó. El jerarca aseguró que para esto se coordinará con los familiares que se presentaron como querellantes en la causa.
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De la emoción a la desazón
Cuando el tribunal comenzó a leer su fallo, la esperanza se apoderó de los uruguayos presentes en la sala de audiencia. Luis García Meza, condenado. Luis Arce Gómez, condenado. Francisco Morales Bermúdez, condenado. A ellos les siguieron otros. Hasta que llegó el turno de Juan Carlos Blanco: condenado a cadena perpetua por el homicidio de siete personas. “Se logró”, fue la exclamación general. La emoción fue incontenible y se apoderó de casi todos.
La lectura siguió y las condenas se acumulaban. Pero de repente llegaron las absoluciones. Una sensación extraña, algo que no se entendía. “¿Qué es esto? ¿Qué pasa? ¿Cómo puede ser?”. Todo cambió en un instante. Desconcierto, desazón y algunas lágrimas de rabia e incomprensión tomaron el lugar de la alegría y las lágrimas de emoción. Sentimientos contradictorios invadieron a muchos de los presentes. Sensaciones que se mantuvieron a lo largo de las horas y que serán muy difíciles de cambiar. Aunque nada termina aún.
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Macarena Gelman: “Un juicio complejo”
La diputada Macarena Gelman, víctima del Plan Cóndor y una de las uruguayas que declararon como testigo en la causa, se manifestó “bastante crítica” de lo que pasó durante el juicio en Italia. En diálogo con Caras y Caretas, Gelman dijo que fue “un juicio complejo”, en el que había “muchas expectativas” y donde existía un “compromiso destacable” de los familiares y testigos. La legisladora valoró que “el Estado, verdaderamente, hizo un esfuerzo pero recién en el último tramo”, y que se requería una posición “más organizada” al momento de presentar los hechos y las pruebas.
“Pero personalmente creo que no puedo pretender de la Justicia italiana lo que la Justicia uruguaya no ha hecho o ha obstaculizado. O si lo ha hecho, lo ha hecho tarde”, expresó Gelman. En este sentido, dijo que es necesario “redoblar el esfuerzo de los tres poderes del Estado para tener el sistema de justicia que necesitamos y nos merecemos” para el juzgamiento de los crímenes de la
dictadura.

sábado, 14 de enero de 2017

"Otra vez la Patagonia Rebelde", por Osvaldo Bayer

 Después de haber visto las imágenes de semejante brutalidad oficial ejercida contra la comunidad mapuche en Chubut, ya no resulta exagerado afirmar que se repite la historia, mientras van relanzando la Campaña del Desierto, Y no, no sobredimensiono mis palabras, para nada. De hecho, esta semana volvió a ejecutarse la misma política que aplicaba Julio Argentino Roca: la mentira y la represión más cruel sobre aquellos que consideran inferiores, aquellos que no consideran "argentinos", aquellos que no ostentan el "mérito" de vivir en las tierras que habitaron por siglos.

A contramano de toda lógica humana, el capitalismo, sigue arrasando a las comunidades originarias, mediante un Estado manejado poor gobiernos que responden incondicionalmente a sus intereses, que nunca son los intereses del pueblo. Y así, van pasando diversos funcionarios, uno tras otro, asumiendo el poder con retórica democrática, cuando en realidad sólo vienen a engordar el capital de los más ricos. Pues en este caso, la bolilla le cayó en todos los colores a Benetton, que llegó al país a desequilibrar todavía más la balanza de la igualdad, penetrando en la economía y la polìtica nacional, a tal punto que las Fuerzas reprimen al servicio de su vergonzosa empresa.

Nuestros hermanos mapuches han sufrido tres violentas represioes en menos de dos días y nosotros tenemos la obligación de gritar frente a estos atropellos inadmisibles e inexplicables. O más bien, muy facilmente explicable: lo que ocurrió en la Patagonia demuestra hasta dónde son capaces de llegar Mauricio Macri y compañía ¿Pero cómo contrarrestar esta ofensiva que parece no mermar?
No hay otra opción más que salir a la calle a luchar por los derechos de nuestros pueblos que, sin duda, son el paradigma de la resistencia histórica argentina.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Más privilegios para los represores presos

Los acusados por delitos de lesa humanidad vuelven a ser alojados en Campo de Mayo

El lugar que funciona en una unidad del Ejército es una prisión militar y tiene campo de deportes y quinchos. Se dejó de usar en 2013 por peligro de fuga y por los privilegios que implicaba. Ayer fue reinaugurada por un condenado por delitos de lesa humanidad.

El tribunal que tiene a cargo la ejecución de la pena del preso no autorizó el traslado a Campo de Mayo. (Fuente: Adrián Pérez)
El tribunal que tiene a cargo la ejecución de la pena del preso no autorizó el traslado a Campo de Mayo.
(Foto: Adrián Pérez)  -    Por: Alejandra Dandan

La Unidad 34 de Campo de Mayo, una centro penitenciario VIP con campo de deportes, canchas de vóley y de fútbol con quincho ubicada en el predio del Ejercito se cerró en septiembre de 2013 –luego de la fuga de dos militares del Hospital Militar Cosme Argerich– por riesgo grave e indemne de evasiones por condiciones deficitarias de seguridad.

A mediados de año, agentes del Servicio Penitenciario Federal (SPF) recibieron una invitación para anotarse en una lista de pases. El destino era Campo de Mayo. Ante una consulta de PáginaI12 realizada esa ocasión, las nuevas autoridades del ministerio de Justicia reconocieron que el predio se estaba preparando en el marco de un convenio con el ministerio de Defensa. Sin embargo, aseguraron que iban a intentar trasladar a ese destino a las mujeres detenidas con sus hijos en la Unidad penitenciaria de Ezeiza, una de las poblaciones con mayor vulnerabilidad. Las cosas no fueron así. El viernes a la noche, el SPF dispuso el traslado de un detenido de lesa humanidad alojado hasta entonces en Marcos Paz. Se trata del ex teniente del Ejército, Aníbal Alberto Guevara Molina, condenado a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal 2 de Mendoza y quien actualmente es juzgado en San Rafael. Ayer a la mañana, Guevara Molina fue efectivamente re-localizado a Campo de Mayo sin mediar autorización del tribunal que tiene a cargo el control de ejecución de la pena. Cuando uno de los jueces preguntó por las razones, le respondieron que es por la entrada en vigencia de la ley de Flagrancia y razones de cupo. Y adelantaron que los traslados de los detenidos por crímenes de lesa humanidad a Campo de Mayo va a continuar.

La velocidad del desplazamiento sorprendió a los integrantes del TOF 2, pero la sorpresa pasó a dejarlos anonadados y muy preocupados cuando los responsables del SPF les explicaron que iban a continuar con el traslados de todos, o de la mayor cantidad de detenidos posible de lesa humanidad, a Campo de Mayo.

El TOF 2 recibió un correo electrónico el viernes a las 21 horas con la noticia, fuera de todo horario de oficina, en un correo oficial y sin posibilidad de intervenir hasta ayer por la mañana. El correo fue enviado por el director de Judiciales del Servicio Penitenciario Federal con un texto que decía: “Informamos que por la implementación de la nueva Ley de flagrancia, y temas de cupos y plazas en los penales se decidió” el traslado del condenado Guevara a Campo de Mayo. Hasta el viernes a la noche, su lugar de detención era Marcos Paz.

A primera hora de ayer, el TOF se comunicó con la Dirección Nacional del SPF que informó que Guevara ya había sido trasladado a Campo de Mayo, aunque la decisión del traslado de los detenido es una atribución de los jueces federales y no una decisión del SPF ni del ministerio de Justicia. Por esa razón, y para evitar nuevos traslados, el TOF anoche preparaba un escrito. Entre las objeciones señalaron que los detenidos pueden estar ausentes de los juicios de lesa humanidad que se les cursa pero deben seguir las audiencias por video conferencia, una condición que en este momento no estaría garantizada en Campo de Mayo.

Pero las razones de la preocupación no terminan ahí. Construido como cárcel militar de la mayor guarnición del Ejército en el país, el Instituto Penal de las Fuerzas Armadas fue durante un tiempo alojamiento de lujo para detenidos de lesa humanidad. El espacio, que contó con 40 camas durante la primera etapa de funcionamiento, no tenía celdas sino dormitorios. El predio tiene un campo de deportes enorme donde los agentes penitenciarios observan a los detenidos jugar al vóley y al fútbol en un espacio en el que pasan gran parte del tiempo. También tiene un quincho que es el lugar donde solían recibir a sus familias durante el fin de semana en condiciones en las que “hacen de cuenta –explica uno de los agentes–, que van de visita a una quinta”. En Campo de Mayo también había una lógica de puertas abiertas con el SPF y una condición de subordinación de esa fuerza por sobre los que estaban detenidos. “Olvidate -cuenta– los que te sancionan ahí adentro, si los retas, son ellos a vos”.

Ahora, lo que parece a todas luces una inminente reapertura del espacio vuelve a hablar además y otra vez de nuevos desplazamientos en la agenda del gobierno. No sólo hay un nuevo beneficio en las condiciones de detención de los presos por delitos de lesa humanidad. Esto muestra además que no están destinando el lugar a la población de mujeres y sus hijos, tal como se había evaluado en un primer momento. Además, la ocupación acelerada parece saldar un problema de cupos a causa de una política de persecución a los sectores más vulnerables, con la entrada en vigencia a partir del 1 de diciembre de la ley de Flagrancia. 

Ante una consulta de este diario, fuentes del ministerio de Justicia lo admitieron. “Estamos con una presión de la población carcelaria angustiante -argumentaron ayera. Se implantó flagrancia el 1 de diciembre y hoy (por ayer) tenemos 100 nuevos ingresos. Entre las medidas para descomprimir una ya complicada situación de cupos, el ministro pidió que empiecen a trasladar a algunos internos de lesa a la Unidad 34, a las partes que ya están habilitadas”.

Tiempo atrás, desde el mismo ministerio explicaron que Campo de Mayo estaba siendo re-acondicionado debido a la falta de “plazas” en las cárceles, por un incremento de la población carcelaria del que la gestión se enorgullece y que para entonces ya les daba una ocupación del orden de un 100 por ciento. En ese contexto, señalaron que se había dado  impulso al programa de monitoreo vigilado y a la búsqueda de nuevos lugares de detención. Agregaron que preguntaron al ministerio de Defensa por la Unidad 34 de Campo de Mayo y que hicieron un convenio para ponerlo al día. Defensa les aseguró que iba a tenerlo listo en diciembre. Desde el ministerio afirmaron que la intención era llevar allí a la población de mayor vulnerabilidad, entre los que estaban los detenidos de lesa humanidad, por la edad y las mujeres y niños de Ezeiza, pero que ellos iban a elevar la propuesta de trasladar a las mujeres. Los hechos demuestran que esa iniciativa fracasó. Integrantes de los organismos de derechos humanos y querellantes de los juicios de lesa humanidad comenzaron a escuchar noticias sobre la presunta reapertura de Campo de Mayo hace meses. “El lugar está pintado y acondicionado. Las viandas ya fueron licitadas. La provisión de gas y de agua, resulta. Lo único que falta es la decisión política”, explicaban en el Servicio Penitenciario. Todo hacía suponer entonces que iban a ser alojados más detenidos que antes. El Gobierno calcula alrededor de 100 plazas.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Mariano Ferreyra: detuvieron a los comisarios implicados en el crimen

Tienen condenas de 10 años y 8 meses de prisión. La Corte ratificó las condenas.

Los comisarios Luis Osvaldo Mansilla y Jorge Ferreyra  se encuentran detenidos a disposición del Tribunal Oral en lo Criminal N°21.

Luis Osvaldo Mansilla se presentó voluntariamente ante el Tribunal criminal oral  N 21 el día jueves y quedó detenido y alojado en la Delegación Nacional de Investigación Administrativa que depende de la prefectura naval Argentina.                      

Jorge Ferreyra fue detenido por orden del Tribunal en su casa y está alojado en el CPF 2 de Marcos Paz.

Ambos jefes de la División Roca de la Policía Federal fueron condenados a 10 años y 8 meses de prisión junto a José Pedraza y su patota en calidad de coautores de homicidio y tentativa de homicidio.

El tribunal los halló culpables de haber liberado la zona en Barracas para que se consumara el ataque criminal que le costó la vida a Mariano  Ferreyra y graves heridas a Elsa Rodríguez y otros compañeros. Ambos permanecían libres desde entonces, pero hace pocas semanas la Corte Suprema dejó firme la sentencia, agotando todas las instancias de apelación.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Afirman que Blaquier participó de la represión al EGP en Orán, en 1964

Según una publicación del diario El Intransigente, aportó vehículos para el operativo represivo de Gendarmería.

El ingenio Ledesma, de propiedad del empresario Carlos Pedro Blaquier, colaboró con vehículos para reprimir a los miembros del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), que en 1964 comandaba en la zona de Yungas de Orán el periodista Jorge Masetti.
Así lo informó el periodista Luis Soria, a través de la Agencia de Noticias de Derechos Humanos, especializada en la cobertura de la investigación de las causas judiciales por crímenes contra la humanidad cometidos en el país.
Citando al diario El Intransigente, el periodista afirmó que 64 móviles de la empresa fueron "cedidos a su brazo armado, la Gendarmería y la Policía, para la búsqueda de los guerrilleros". Indicó que esta información fue publicada en la edición del viernes 20 de mayo de 1964 del diario El Intransigente, que se editaba en la Capital salteña.
En interpretación de la Agencia, esta información que "dinamita el argumento de Blaquier de que la empresa firmó con el gobierno de Arturo Illia, un convenio con la Gendarmería, de apoyo a sus actividades (recién) en 1965".
Gendarmería tiene una dependencia dentro mismo de las instalaciones del ingenio Ledesma, en Libertador General San Martín (Jujuy), a poco más de 112 kilómetros de Orán.
El movimiento insurgente del EGP, bajo el mando del conocido como Comandante Segundo (el periodista Jorge Masetti), fue la primera expresión armada en surgir en el país.

En las filas del Che

El periodista bonaerense, considerado un hombre de confianza del Che Guevara, entró a territorio salteño por Bolivia encabezando a un grupo de guerrilleros, entre quienes se contaban Federico Méndez, Héctor Jouve y Henry Lerner.
Para combatirlo, Gendarmería lanzó la "Operación Santa Rosa", dirigida por el jefe de la fuerza, general Julio Alsogaray, y el mayor Héctor Báez, jefe de la Agrupación Salta.
Según el diario citado por la Agencia de DD. HH., los gendarmes contaron con los vehículos del ingenio Ledesma.
La Agencia reseña también que varios de los partícipes de esa primera intentona guerrillera fueron perseguidos a partir de 1975. La represión alcanzó también a sus familias.

Imputado
Blaquier está sospechado, y fue formalmente imputado en una causa penal, de haber participado de la represión en la década del 70, en este caso en la persecución a obreros de su propio ingenio, y a quienes pudo considerar sus enemigos, como el ex intendente de Libertador, el médico Luis Aredes, el primero que se atrevió a cobrarle impuestos a la poderosa firma, que históricamente manejó los hilos del poder en la provincia de Jujuy.
Pruebas aportadas por el abogado David Leiva en el juicio conocido como Megacausa Salta, demuestran que el ingenio jujeño aportó además combustible y vehículos (con choferes incluidos), para operativos represivos en el norte de la provincia de Salta.

Se postergó el inicio del juicio por La Noche de los Apagones

Los represores ganaron más tiempo

El juicio por crímenes de lesa humanidad ya debería haber comenzado, pero la Justicia hizo lugar al pedido de la defensa de los represores para que fueran unificadas varias causas. La nueva fecha de inicio es el 6 de marzo de 2017.

El juicio por la Noche de los Apagones ya debería estar en marcha, pero los represores acusados volvieron a ganar tiempo y este proceso comenzaría recién en marzo. La causa abarca los crímenes de lesa humanidad ocurridos en julio de 1976 en las localidades jujeñas de Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar, cuando se produjeron cortes del suministro eléctrico, y en un operativo conjunto del Ejército, la Gendarmería y la policía provincial, fueron detenidas más de 400 personas, de las cuales 33 aún continúan desaparecidas.

El dueño del Ingenio Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, y el ex administrador de la firma Alberto Lemos fueron denunciados por complicidad al haber aportado los camiones del ingenio para transportar a los detenidos, además de haber armado listas negras de los obreros azucareros. Sin embargo, por decisión de la sala IV de la Cámara Federal de Casación, Blaquier y Lemos recibieron la falta de mérito y quedaron apartados de la causa. La fiscalía y la querella apelaron a la Corte Suprema, que aún no se expidió sobre el tema.

La postergación de este esperado juicio por los familiares y víctimas de la última dictadura se resolvió a partir de la decisión del Tribunal Oral Federal (TOF), que hizo lugar al pedido de la defensa de los represores para que fueran unificadas varias causas. De esta manera, la nueva fecha de inicio del juicio sería el 6 de marzo próximo.

Se conformaría una megacausa con el juicio de la Noche de los Apagones –causas Burgos, Arédez y Bernard– que tiene a once imputados y diecisiete víctimas, junto con otros procesos. Uno de esos expedientes es el caso del represor Juan Carlos Jones Tamayo, detenido en octubre de 2014 después de permanecer tres años prófugo y acusado por secuestros, torturas y desapariciones, delitos cometidos en Salta y Jujuy. Tamayo fue parte del aparato de inteligencia del Batallón 601 con responsabilidad de jefe en el área de ambas provincias, un organismo que comenzó a operar en 1975 como parte del Operativo Independencia y que tuvo como eje el ataque a los sindicatos azucareros del norte del país.

También se juntarían causas aún sin juzgar por crímenes de los que fueron víctimas trabajadores de Mina Aguilar. El 3 de mayo de 2013 se dictó sentencia sobre tres represores: prisión perpetua para los tenientes Mariano Braga y José Bulgheroni, y 25 años de prisión para Antonio Vargas, ex interventor del Servicio Penitenciario Federal (Villa Gorriti).

Después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 fueron detenidos nueve obreros mineros por el Ejército y la Gendarmería, luego fueron trasladados en camiones de la compañía minera St. Joseph Lead Co. Por este motivo, están imputados el entonces jefe de personal de la mina, Eduardo López, y otro directivo, Luis Arzuaga. Permanece desaparecido el dirigente minero y luego ministro de Trabajo de Jujuy en 1973, Avelino Bazán, que fue detenido por última vez en 1978.

También se incorporaría a esta megacausa un expediente por delitos cometidos contra la ex presa política Soledad López y otro, en instrucción, por abuso sexual contra víctimas del terrorismo de Estado.

Los detenidos en la mina y en la zona del ingenio fueron conducidos al Regimiento de Infantería de Montaña 20 (RIM 20) y al penal de “Gorriti”. En ese momento, el jefe del RIM 20 era el coronel Guillermo Siri, quien no se encuentra imputado, sino que fue nombrado en la actualidad jefe de Seguridad del gobierno jujeño, encabezado por Gerardo Morales.

El modus operandi de la represión fue el mismo: un accionar común entre el Ejército, la Gendarmería y la policía provincial, con la participación de los directivos de las empresas Ledesma y Minera Aguilar, aportando logística, camiones y listas negras. Relatos de los sobrevivientes evidencian cómo se encontraban obreros azucareros y mineros en el mismo penal sufriendo torturas y vejámenes.

miércoles, 17 de agosto de 2016

13 de agosto de 2016: Juan volvió. Y volvieron las patotas

Por Rubén Kotler
 
El 13 de agosto de2016, para la memoria de las organizaciones de derechos humanos no será un días más. En la ciudad catamarqueña de Belén, los restos identificados del militante Juan Francisco Carreras, fueron restituidos y su memoria homenajeada en la plaza principal. En Tucumán, horas después del acto en Belén, una patota integrada por 6 individuos realizaba un ataque de amedrentamiento hacia la Dra. Laura Figueroa, quien se encontraba de viaje, justamente, regresando desde Belén, donde participó del acto mencionado.

 Juan y la memoria de los 30000
Juan volvió a Belén después de 40 años. Militante del Frente Anti-imperialista por el Socialismo – FAS – (Organización política vinculada al Partido Revolucionario de los Trabajadores, el PRT), Juan era miembro del cuerpo de delegados de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia y era uno de los responsables del otorgamiento de las becas al comedor. Juan fue secuestrado, detenido y desaparecido el 16 de septiembre de 1976, cuando salía de rendir un examen final en una sede universitaria. La historia del secuestro y desaparición de Juan es conocida por todos.[1] Todos los miembros del cuerpo de delegados de esa facultad se encuentra en calidad de detenidos y desaparecidos. Algunos cuerpos de esa representación estudiantil, fueron recientemente identificados en el Pozo de Vargas, un pozo de aguas en una vieja finca en las afueras de la capital tucumana, usada por los militares de la última dictadura cívico militar, como fosa común. En días pasados los restos de Juan habían sido identificados, luego de 40 años desde su secuestro, y su hermana Felicidad, activa militante en el campo de los DDHH, daba la noticia del acto homenaje que la localidad de Belén, en Catamarca, haría en honor la mencionada identificación. Los restos de juan fueron entonces restituidos a Belén el sábado 13 de agosto en una ceremonia realizada en la plaza principal del pueblo y de la que participaron familiares de Juan, organizaciones de DDHH  y otros organismos, la municipalidad de Belén incluida.

Hablaron entre otros, Carlos Leyva, ex compañero de militancia de Juan y ex detenido también en la última dictadura militar; Laura Figueroa, abogada de la familia de Juan, quien se refirió a la militancia revolucionaria del joven belicho; Virgnia Sosa, presidente de Familiares de Desaparecidos de Tucumán – FADETUC – quien destacó el trabajo realizado por la organización que representa; delegados del propio municipio, quienes mencionaron la trascendencia de la vuelta de los restos de Juan a su Belén natal. Durante el acto se leyeron además adhesiones entre las que se destacaron la de la Asamblea Permanente por los DDHH – APDH – y de la Universidad Nacional de Tucumán, donde Juan estudiaba y militaba.

Casi la totalidad de los discursos coincidieron en destacar las ideas revolucionarias de Juan, en destacar la memoria necesaria y urgente. Algunos discursos incluso, apuntaron sus críticas a las omisiones recientes del presidente de la nación, Mauricio Macri, quien en una entrevista, afirmó desconocer la cantidad de desaparecidos que dejó la última dictadura cívico militar y a la que calificó, por su accionar, de “guerra sucia”, en un claro interés político, por volver 30 años atrás en la interpretación de la represión genocida de los 70.

Quizás la alocución más conmovedora fue la de Felicidad Carreras, hermana de Juan y quien en improvisado discurso agradeció a los organismos de DDHH, a los peritos del Colectivo de Arqueología forense que trabaja en el Pozo de Vargas – el CAMIT –, a Laura Figueroa, su abogada y al conjunto de militantes que la acompañaban ese día. Felicidad, conmovida por la identificación de su hermano, tras larga lucha por dar con sus restos, destacó el compromiso político de su hermano, motivo por el cual fue detenido y desaparecido.

La vuelta de las patotas
Tras la finalización del acto en Belén, la abogada Laura Figueroa regresaba a Tucumán junto a una amiga, a Virginia Sosa, presidente de FADETUC y a quien esto escribe. En el camino por los valles el vehículo sufrió una avería que demoró la llegada a destino. En el trayecto y habiendo sido auxiliados, una llamada nos dejaría a todos perplejos: una patota había ingresado al domicilio de Laura y tras forzar la puerta de entrada y ya en el interior de la propiedad, le revolvieron todo en una clara actitud de amedrentamiento.

Es la tercera vez que Laura sufre un atentado en su domicilio. Las otras dos veces fueron durante los años del gobierno autoproclamado de los DDHH, en la era de los Kirchner. Es decir que las patotas y parte del aparato represivo del Estado no fueron eliminados ni aún durante el gobierno que se jactó de revisar el pasado dictatorial, mucho menos ahora que gobierna un presidente que desprecia todo lo vinculado con la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Resta saber si algunas de las hipótesis que uno a priori plantea son ciertas o no y en qué medida se vincula este acto de terrorismo con la visita de Laura el jueves último pasado, al juicio por Operativo Independencia que se lleva a cabo en la provincia, acompañando a un familiar de una víctima del Operativo. Resta comprobar si el incidente con el vehículo no fue un mero accidente y por el contrario se trató de un sabotaje, si el vehículo de la Gendarmería que acompañó al auto de Laura a la salida de Belén no fue mera casualidad o si por el contrario se trató de un acto de inteligencia y una cantidad de otros factores que hacen de la acción patoteril, una amenaza abierta a la totalidad de los luchadores sociales en el campo de los DDHH. Los anteriores episodios no solo nunca fueron resueltos sino que tanto el Estado Nacional como el Provincial, no consiguieron frenar este tipo de acciones que son un claro indicativo de la vigencia, lamentablemente, del aparato represivo estatal y para-estatal.

En primera persona
Todo esto que narro me tocó vivirlo en persona. En Belén acompañé a Felicidad en el emotivo acto en honor a Juan. Era un compromiso personal hacia una causa que hice propia desde mis investigaciones.
La historia de Juan sintetiza a mi modo de ver, muchas de las historias que en los años 70 tiñieron de gris el cielo argentino. La historia de su militancia y de la que poco a poco voy descubriendo nuevos aspectos, la tenebrosa historia de su secuestro y posterior desaparición y la historia, no menos tenebrosa de su identificación, junto a otros militantes desaparecidos, en el Pozo de Vargas.

Al regreso de Belén, el auto de Laura, en el que viajábamos sufrió un desperfecto y luego de varias horas de espera fuimos auxiliados y llevados a destino. Al enterarnos del ingreso del grupo comando en casa de Laura, nos encontrábamos en pleno viaje de descenso por los valles. Al llegar a destino, casi a la medianoche, vimos el salvaje atropello de la patota en los rastros dejados en el domicilio: puertas rotas, pertenencias revueltas y cajones que fueron revisados. Mi sensación, en ese momento fue que la historia del último golpe cívico militar no es historia pasada sino historia presente. Que el actual presidente de la nación, Mauricio Macri desconozca esa historia por saberse parte de la misma, siendo que su familia fue beneficiada de las mieles del sistema económico de entonces y del que siguió, debe hacernos pensar que durante la década ganada, la narrativa, incompleta y vacía, no sirvió para que parte de la sociedad entienda qué significaron los años del genocidio y el daño hecho desde todos los planos de la vida social, ocasionado a generaciones presentes y futuras. Si bien es cierto que Macri con sus declaraciones hace un guiño a las patotas que responden a los genocidas, no es menos cierto que el nombramiento de Milani al frente del ejército durante el mandato de la ex presidente Cristina F. Vda. De Kirchner, la infiltración a organizaciones sociales por medio del proyecto X y la sanción de la ley antiterrorista, también lo fue.

Miramos al futuro porque miramos al pasado
Es imposible construir un mundo distinto sin mirar al pasado reciente, sin comprender que las carencias del sistema hacia al conjunto social, tienen un claro anclaje en políticas económicas, sociales y culturales de un Estado que se construyó sobre la base de la exclusión, el reparto inequitativo de las riquezas, la pobreza estructural, etc etc. Dicho modelo fue impuesto por medio de la fuerza bruta que tuvo su máxima expresión en el esquema represivo instaurado desde el Operativo Independencia, en febrero de 1975 hasta bien entrada la transición institucionalizada a la salida del último gobierno cívico militar. En este sentido es imperativo asociar la digna lucha de las organizaciones de DDHH, de los abogados que como Laura, se involucraron en la defensa de las víctimas de la represión dictatorial y sus familiares con las posteriores consecuencias del modelo enunciado.

La identificación de Juan y la restitución de sus restos en Belén, es parte del mismo proceso que implicó también, la usurpación patoteril de la casa de Laura Figueroa. En este sentido pasado y presente se entroncan y se entremezclan en los principios de esperanza de los familiares de los represaliados por conocer, 40 años después, el destino de los desaparecidos, con un Estado que sigue imponiendo como, también hace 40 años, un modelo económico y social basado en la exclusión, como es el capitalismo. Para que ese modelo no sea modificado en su esquema de otorgamiento de recursos a los poderosos, es necesario acallar las voces críticas y por ello es necesario profundizar el sistema represivo, de baja intensidad, claramente, pero tendiente por un lado a la criminalización de la protesta social y por otro a la legitimación de la represión. Hay rupturas y continuidades del pasado con respecto al presente. No es mi intención hacer aquí un raconto de la historia del país de los últimos 50 años, pero si volver a sugerir la necesaria y urgente revisión de conceptos, ideas y datos referidos a esa historia.

No quiero cerrar este artículo sin expresar públicamente mi repudio a los ataqueas a Laura Figueroa como así también mi solidaridad con ella y con todos aquellos que vienen sufriendo en distinto grado, los ataques de patotas organizadas. No quiero tampoco cerrarlo sin mencionar que Julio López lleva 10 años desaparecido, producto del mismo esquema represivo de los 70 y que hoy, con más fuerzas que nunca, debemos exigirle al Estado Nacional su aparición con vida y juicio y castigo a los responsables de su desaparición. Y no quiero cerrarlo sin expresar mi satisfacción por el trabajo realizado por los arqueólogos forenses a quienes les debemos, entre otras cosas, la posibilidad de la identificación de Juan y de tantísimos otros militantes que estaban desaparecidos. Sería bueno que el presidente de la nación se notificara de estas tres cuestiones y comenzara a cambiar su visión respecto a “desconocimientos históricos”. Será la única manera de comenzar a pensar en la posibilidad cierta de construir un futuro un poco menos desigual que el actual presente que nos toca vivir. Cualquier otra consigna será simplemente una profundización de la exclusión por parte de las clases dominantes.