domingo, 12 de agosto de 2012

Pablo Ferreyra habla sobre el juicio por el asesinato de su hermano Mariano

“Cuando entró Pedraza se me heló la sangre”

El hermano del militante del PO repasa las circunstancias en que la patota de la Unión Ferroviaria mató a Mariano y el inicio del proceso que tiene al gremialista José Pedraza como protagonista. La política, las “salidas” carcelarias y los tercerizados.

 Por Irina Hauser

Poco antes de que empezara el juicio oral por el asesinato de su hermano, Pablo Ferreyra viajaba en un taxi hablando del tema por celular con un periodista. El taxista pescó el contenido de la conversación, pero no identificó al protagonista, lo miró por el espejo retrovisor y le dijo: “Eso de lo que estabas hablando, ahora hay una marcha. Ojo que van a cortar todo. Por el pibe Ferreyra, el que quiso destapar la pudrición, la pudrición que se ve hasta el fondo, pero viste que ya Jesús quiso y no pudo”. Pablo no sabía si soltar una carcajada, ponerse a llorar desconsolado o bajarse urgente. Ese desconocido le hablaba de su propio hermano. De su vida. De él mismo, que se cargó al hombro la investigación judicial por el homicidio con ayuda de un equipo de abogados, y que con la fuerza de un designio retomó esa batalla que Mariano libraba contra la tercerización laboral el día que lo mató la patota de la Unión Ferroviaria (UF) durante la retirada de una protesta en Barracas. El, Pablo, 32 años, fotógrafo, que sin querer se convirtió en una figura pública objeto de críticas y elogios. Que asume contradicciones políticas. Que quedó petrificado al ver al líder ferroviario José Pedraza entrar en la sala del juicio. Que esta semana vio por primera vez las imágenes completas de los últimos minutos de vida de Mariano, militante de 23 años del Partido Obrero (PO).

Pablo suele andar con un par de zapatillas que eran de Mariano. Son botitas All Star marrones, de cuero. También guarda una remera suya gris, un teclado de varias octavas y una gomera. En su casa, un ph al fondo, hay cuadritos estilo art decó, una Gioconda perdida, fotos de Carolina –su mujer, con quien espera un bebé– y cámaras de foto antiguas. Menos visible, hay un pequeño retrato de su hermano sobre una especie de mostrador y en el estudio, apoyado sobre una pared, está enmarcada la tapa de la revista La Garganta Poderosa que muestra a Lionel Messi con la camiseta argentina y el nombre Mariano Ferreyra.

En el juicio, que empezó el lunes pasado, Pedraza encabeza la lista de acusados. Pablo intenta darle la mayor difusión posible y habló mucho por los medios en estos días. Sin embargo, le cuesta recapitular cómo fue el 20 de octubre de 2010. “Me acuerdo poco –se excusó–. Correr desde donde trabajaba, en La Lucila, hasta el Hospital Argerich, encontrar el manoseo de los médicos para decirme algo concreto y entender que no me iban a decir nada bueno y que me direccionaban hacia mi vieja, que finalmente me dijo que habían matado a Mariano. Revoleé la mochila, me agarraron mis dos cuñados y al ver que alguien filmaba afuera entendí que lo que había pasado tenía una magnitud muy grande.”

–¿No era una variable en tu horizonte que a Mariano le pasara algo relacionado con sus militancia?

–Nunca imaginé algo así. Todavía me cuesta entenderlo. Esta semana en el juicio veía las imágenes de los noticieros y leer el nombre Mariano Ferreyra en la pantalla me parecía completamente surrealista. Yo no viví ese día desde los medios. Había decidido no ver tele. Fue un momento personal de confusión. Además, cuando se muere alguien en estas circunstancias, llegás al hospital y está muerto, no hay nada más que hacer. Todo ese día deja de tener sentido. Nos quedamos esperando, sin saber qué esperábamos. Después nos tomamos un taxi y en la radio hablaban de Mariano y los medios esperaban en la puerta de la casa de mi mamá. A la noche vinieron compañeros de Mariano del PO a plantearme que anticipaban un funeral grande y me vi discutiendo de política, pero yo estaba pensando en mi hermano. Les propusimos un funeral íntimo, sin cámaras ni discursos, pero sí con la despedida de sus compañeros.

–¿Cuándo pudiste salir de la confusión y entender lo que había pasado?

–Las primeras versiones apuntaban a Duhalde. Luego vi que los diarios hablaban del ataque (de la patota de la UF). Hubo claridad del PO en explicar quién era Mariano y qué estaba haciendo en Barracas ese miércoles apoyando una protesta contra la tercerización laboral. El domingo busqué en Facebook al abogado Alberto Bovino, por recomendación de amigos. Me reuní enseguida con él y abogados del Centro de Estudios Legales y Sociales. Analizamos que lo que había sucedido era profundamente político y atentaba contra una lógica que tenía el Gobierno de no reprimir la protesta social. En ese entonces, igual que ahora, yo veía cosas del Gobierno que me entusiasmaban, pero que mi hermano sea un muerto político en la era del kirchnerismo me generó una contradicción muy grande.

–¿Cómo evaluaste el discurso de la Presidenta en el día que comenzó el juicio, lo viste como una señal de apoyo?

–Fue claramente una muestra de apoyo. A partir de ahí veo tres aspectos: generó un hecho político, eso es un dato objetivo; destacó, algo que es cierto, la ayuda de Néstor Kirchner para acelerar la investigación al acercar a la fiscalía un testigo clave aportado por un dirigente del conurbano; agregó una anécdota personal, de cómo afectó la muerte de Mariano a la salud de Néstor, algo que yo relativizo porque se está juzgando el asesinato de mi hermano a manos de una patota sindical comandada por Pedraza.

–¿Cómo viviste el inicio y los primeros días del juicio oral?

–Primero no estaba tan nervioso, pero cuando entró Pedraza se me heló la sangre. Caro, mi mujer, me dijo que estaba pálido. No conozco a Pedraza para nada, pero su apellido está cargado con toda mi historia de los últimos casi dos años. Pedraza y (Cristian) Favale quedaron socialmente instalados como los responsables del asesinato de Mariano. El primer día el PO nos acompañó con calidez, a mí y a mi familia. Hubo también una presencia sindical escueta, pero representativa: Roberto Baradel, Facundo Moyano, Claudio Lozano. Diputados de distintos sectores y muchos amigos.

–¿Qué responsabilidad le atribuís a Pedraza?

–Es el responsable de la muerte de Mariano. Mediante una patota del gremio que dirige buscó escarmentar a sangre y fuego a un sector opositor afectado por la tercerización laboral, que ponía en riesgo su hegemonía política. El mismo dijo en su declaración que el pase a planta de los tercerizados influidos por la izquierda le podía hacer perder hegemonía, porque con el ingreso de 150 cuadros se armaba una lista opositora. Las tercerizaciones le servían para atomizar eso. No es que decidió matar a Mariano, sino golpear a un sector que le representaba una pérdida de poder político y económico. Nada de lo que pasaba en la UF podía estar fuera del alcance de Pedraza.

–En la indagatoria, durante la instrucción de la causa, Pedraza dijo que en cuarenta años no había visto un ferroviario armado y que se enteró del ataque de la patota por TV.

–Es una muestra de cinismo propia del sindicalismo que alguna vez repudió (Rodolfo) Walsh, la burocracia sindical, que pretende representar a los trabajadores y mantiene negocios empresarios. Pedraza no solo explota desde los noventa el Belgrano Cargas, sino a los trabajadores en una cooperativa a nombre de gente del sindicato y con participación de su mujer.

–¿Te molestó que proyectaran las imágenes del día del asesinato?

–Me pareció innecesario para el juicio. Para mí fueron reveladoras, no las había visto. Me permitieron reconstruir y ver como una película el plan criminal. Tuve la sorpresa de ver que los tercerizados nunca cortan la vía, que son repelidos por la patota, que se ve que ya estaban desconcentrando cuando se produce el ataque. Advertí la importancia del testimonio de la periodista de C5N (Gabriela Carchak), que es objetivo. Desde el lugar decía lo que vio: un ataque, no un enfrentamiento, además de que la amenazaron para que no filmara. Pero fue muy doloroso ver a Mariano en un video que filmó una militante, tendido y en la ambulancia... me hizo muy mal, también a mi familia.

–¿Te afectó el discurso de los abogados defensores culpabilizando a Mariano y los manifestantes o te parece que sólo están haciendo su trabajo?

–Están haciendo su trabajo. Creo que es todo parte de una actuación necesaria y pienso que les están comiendo la billetera a los acusados, ya que para algunos es una causa perdida. Me parece que el trabajo que se hizo en la instrucción de la causa es irreprochable: desde el móvil político hasta el asesino material, y cómo están representados los tercerizados en ese discurso. Que venga uno a hablar de las gomeras, de hordas que cortan las vías, de las molotov, todos elementos de la lucha popular como armas de fuego, me parece que hay un acting. El juicio tuvo momentos de gran teatralidad.

–¿Y el tribunal?

–Me gustó el presidente del tribunal (Horacio Dias) porque le quitó solemnidad. Con un chiste desarticulaba todo, hasta los discursos que intentaban transformar a la víctima en victimario. Como familiar me parece que eso descomprime. Además, me pareció que los jueces manejaron bien los planteos de nulidad de las defensas y su reclamo para ver los videos.

–¿Con el PO cómo te llevás en el contexto del juicio?

–Estamos como en una luna de miel, a pesar de que tenemos opiniones diferentes y decimos cosas diferentes. Por ejemplo, respecto de la versión sobre las salidas de Favale de la cárcel. El PO dijo que se favorecía a un preso por su identificación política con el kirchnerismo, porque fue a un acto de Vatayón Militante. Después resultó que no salió, que fue un acto en el penal de Ezeiza, donde la agrupación incluso dijo haber repudiado a Favale. A mí me pareció que todo esto desviaba el eje del juicio, que pasa por discutir la cuestión laboral, la zona liberada por la policía pasando por el tipo de sindicalismo que representa Pedraza.

–¿Te habría molestado que a Favale lo dejaran salir de la cárcel para una actividad?

–En este momento sería muy desprolijo, una provocación. Lo mismo que pasó con (Eduardo) Vásquez. Con determinadas figuras habría que tener en cuenta la sensibilidad y la condena social. Sacar a Favale cerca o durante el juicio sería polémico. Es una discusión a dar, pero no en los términos que propone Clarín, impugnando la política de derechos humanos en las cárceles, sin señalar la importancia de la reinserción de todo preso ni otras problemáticas del sistema penitenciario, como las torturas. Hay otros problemas que plantea la cárcel.

¿Te sentís el mismo que cuando mataron a Mariano?

–Me siento un poco más pragmático. Voy a hacer lo necesario para lograr una condena a Pedraza, Fernández, la patota y también los policías federales. No cambié ideológicamente, pero me corrí de los fanatismos. Antes tenía mayor simpatía por el Gobierno. Me había ido del PO a una militancia, para nada orgánica, en el kirchnerismo, a partir de la crisis del campo. Pero empecé a ver cosas que me despiertan críticas, como la tragedia de Once. La crisis del ferrocarril estalla en diferentes cosas, entre ellas la tercerización laboral. Veo que cuestiones que produjeron la muerte de Mariano conviven con el sistema político actual.

–¿A qué te referís?

–Hay un acomodamiento y convivencia estratégica con sectores como la burocracia sindical, que pare mí sigue siendo una tarea sacársela de encima. La muerte de Mariano me volvió a despertar a la vida política. Hace seis meses vengo trabajando con el CELS en el tema de los derechos laborales y la tercerización.

–¿Tenés la impresión de que hoy podría haber otro asesinato como el de Mariano?

–Creo que lo hubo: el de Cristian Ferreyra, dirigente del Mocase. En el caso de Mariano fue una patota sindical la que mató y hay otros tantos crímenes donde está la policía en foco. En la comunidad qom, en Jujuy con Ledesma, el Indoamericano. Cuando me recibió la Presidenta, tras la muerte de Mariano, le dije que eso manchaba la bandera de la política de no represión


La punta del iceberg

 Por Irina Hauser

“Pedraza es la punta del iceberg de esta gran problemática. Lo que revelará el juicio es su papel como instigador en tanto sindicalista empresario, que dice ser representante de los trabajadores ferroviarios pero a la vez sostiene una cooperativa trucha de doscientas personas que precariza quitándole vacaciones y cargas sociales, haciéndolas rendir tres o cuatro veces más que a un trabajador de planta por una remuneración que va de un 40 a un 50 por ciento menos. Por eso Pedraza se presentó como un simple empleado en la indagatoria, disfrazándose, cuando sabemos que vivía en un piso de un millón de dólares en Puerto Madero y se le atribuye la participación en los negociados del desguace del ferrocarril”, dice Pablo Ferreyra.

–¿Cuál es hoy la situación de los tercerizados?

–El asesinato de Mariano llevó a visibilizar que el problema de la tercerización tiene raíces muy profundas en diferentes sectores del mundo del trabajo. En el ferrocarril se han incorporado a planta 1500 tercerizados, con intervención del Ministerio de Trabajo, pero siguen existiendo formas de tercerización, por ejemplo con la gente que trabaja en los baños. Además, la tercerización no tiene un diagnóstico, la propia forma hace difícil medirla, no sabemos a cuánta gente afecta, sólo sabemos que es mucha. Hay que iniciar una campaña que discuta la tercerización, que busque generar la posibilidad de tener herramientas de diagnóstico en un número cuantitativo de tercerizados en Argentina. Habría que atacar por tres lados: dar una discusión legislativa para regular por ley la tercerización; el Ministerio de Trabajo tendría que fiscalizarla de alguna manera o utilizar la policía del trabajo para descubrir situaciones de tercerización precarizante; y la última, pero muy importante, es que los sindicatos tendrían que tomar activamente partido, porque ellos fueron los que permitieron la tercerización en los ’90, como Luz y Fuerza, además de los ferroviarios. Otros han mostrado poder absorber a los tercerizados, como el caso del subte, que pasó a todos a planta permanente.

viernes, 10 de agosto de 2012

Un “empleado” en el banquillo de los acusados

El dirigente de la Unión Ferroviaria no respondió preguntas sobre el caso. Dijo que entre sus dos sueldos ganaba “25 mil pesos” y hubo murmullos y risas. Se leyó la declaración que hizo en instrucción, donde argumentó que “los ferroviarios fueron a evitar el corte de vías”.

 Por Irina Hauser

“Señor José Pedraza”, convocó el presidente del tribunal, Horacio Días, al dirigente ferroviario. Lo agarró desprevenido cuando se acomodaba al volver del baño. Pedraza se quedó parado junto a su asiento, en el medio de la sala, y desde ahí respondió que se guardaba “el derecho de declarar más adelante”. Pero el juez le dijo que igual tenía que pasar al banquillo para hacer el “acto formal” de la indagatoria. Cuando se sentó, repitió dos veces que en ese acto no hablaría, pero que lo haría en otro momento del juicio. Se lo veía algo encorvado, con los ojos caídos y su voz sonaba apagada y temblorosa. Ante las preguntas de rutina, dijo que su ocupación era “empleado”, que su último domicilio era “Azucena Villaflor 679 piso 18” (la torre de Puerto Madero donde fue detenido) y que entre sus dos sueldos ganaba “25 mil pesos”. El público estalló en risas y murmullos, lo que llevó a Días a pedir un cinematográfico “¡Silencio en la sala!”. Luego el secretario del Tribunal Oral Criminal 21 (TOC21) leyó el texto de la declaración que hizo apenas fue detenido el 22 de febrero de 2011 como instigador del homicidio de Mariano Ferreyra durante la desconcentración de una protesta de trabajadores tercerizados de la línea Roca. Allí negaba vinculación con la patota de la Unión Ferroviaria (UF) que mató al joven militante del Partido Obrero, decía que se había enterado por televisión de los hechos y defendía la tercerización laboral. La autodescripción de Pedraza como empleado y las referencias a su lujosa vivienda (a la que saltó luego de haber vivido en Morón) generaron comentarios en la platea del juicio oral porque, precisamente, el líder de la UF está acusado de haber actuado en función de un móvil político e intereses económicos. La acusación bajo la que llegó a juicio –tras la investigación de la jueza Wilma López y los fiscales Fernando Fiszer y Cristina Caamaño– señala su interés en “aleccionar” mediante un “plan criminal” a los trabajadores tercerizados de la línea Roca para que dejaran de reclamar su incorporación a planta permanente, ya que si eran regularizados podrían afiliarse y amenazar la hegemonía de Pedraza dentro del gremio, poderío que a la vez le había permitido históricamente mantener negocios propios del sindicalismo empresario. El mismo manejaba empresas tercerizadas, al igual que el tren Belgrano Cargas, donde aún tiene participación su esposa Graciela Coria.

Habían pasado las cinco de la tarde. La audiencia venía tediosa, con la exhibición de videos varios, fotos y audios policiales durante horas. Ya nadie creía que comenzarían las indagatorias, cuando finalmente el tribunal resolvió suspender la proyección y hacer pasar al frente a alguno de los acusados. Como Pedraza había pedido salir al baño, primero el juez Días le preguntó al abogado del número dos de la UF, Juan Carlos “Gallego” Fernández, si iba a declarar. El letrado llegó a deslizar que lo haría más adelante, cuando reapareció Pedraza. “Buenas tardes”, dijo el dirigente con la voz cascada una vez que se acomodó frente al micrófono, a la derecha del tribunal y repitió que declarará en otro momento. Luego dio sus datos personales. Dudó extrañamente al decir el nombre de su madre, como si no lo recordara. Se refirió a ellos como “desaparecidos”.

Al iniciar la lectura de la indagatoria que había prestado el día de su detención ante la jueza López, el tribunal explicó que mientras no vuelva a declarar, ese descargo es el que vale. Aquella vez dijo que supo con un día de anticipación que habría una protesta de tercerizados en el ferrocarril Roca. Precisó que le avisó su segundo, Fernández, con quien dijo que tiene “amistad” y se deben “lealtad”, aunque tienen “diferente metodología”. Le avisó, relató, al entonces secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi y le anticipó: “Nuestros muchachos no se van a meter”, una frase que no lo ayudaría judicialmente porque revelaba conocimiento de la situación. Trató de justificar que “los ferroviarios fueron a evitar el corte de vías”, que “en cuarenta años nunca” vio “un ferroviario armado”, aunque tampoco podía decir que fueran “carmelitas descalzas”. Se aferró a que uno de los tiradores identificados, Cristian Favale, era “extraferroviario”, dato que en realidad para la Justicia confirma que hubo planificación. Favale era un barrabrava que llevó a otros matones y que estaba en contacto con el delegado Pablo Díaz, otro de los hombres en el banquillo, que daba órdenes ese día en el lugar. Pedraza insistió con que al ocurrir el ataque, que definió como “enfrentamiento”, él estaba en un congreso de “Latinrieles” en la UF y que se enteró de todo por la televisión, a pesar de que allí estaba Fernández, que hablaba todo el tiempo con Díaz.

En otro tramo de aquella declaración, Pedraza defendía la creación de empresas tercerizadas. Dijo que ayudaron a generar puestos de trabajo y admitía que había presidido una de esas cooperativas. Los empleados de las tercerizadas –constató luego la Justicia– reciben salarios muy inferiores a los de planta y no los ampara el convenio del sector. Su regularización implicaba la posibilidad de afiliarse a la UF. Pedraza en la indagatoria intentó acusar al Partido Obrero de “aprovechar la situación” de reclamo para incorporar tercerizados porque “con 150 cuadros” podían crear una lista de oposición. Los jueces en primera y segunda instancia entendieron que pretendía evitar que le disputaran poder, para mantener sus negocios, por ejemplo, en las tercerizadas (que reciben subsidios que habrían sido desviados) y en el Belgrano Cargas, que en los ’90 estuvo en 99 por ciento en manos de la UF y al pasar en 2006 a la Sociedad Operadora de Emergencia su esposa siguió en cargos directivos.

La semana próxima seguirán las indagatorias. No parece que muchos vayan a declarar. El comisario Hugo Lompizano podría ser una excepción. “No tengo nada que ocultar”, dijo ante este diario. El tribunal también tendrá que resolver un pedido del abogado de Fernández, Alejandro Freeland, de digitalizar y ampliar una imagen donde “dos jóvenes”, uno “parecido a Mariano Ferreyra”, “llevan gomeras”; otra donde Diego Cardías, un testigo clave, “tiene un objeto largo de metal en la mano que no es un palo”. Igual que la mayoría de las defensas, busca argumentar que no hubo un ataque de la patota sino una pelea, como apuesta a una pena menor a la perpetua. Y lo hace responsabilizando a las víctimas. Entre los matones, sin embargo, no aparecieron heridos ni víctimas fatales. El CELS, que representa a la mamá de Mariano, se opuso al pedido. Al final de la audiencia, Pedraza se paró sonriente tiró besos hacia el público del primer piso.

Juicio por Mariano Ferreyra : El caso judicial y el fenómeno político

Por Mario Wainfeld

Se van cumpliendo las primeras audiencias del juicio oral y público por el asesinato de Mariano Ferreyra. El trayecto previo ha sido más que satisfactorio, lo que permite que no estén en el banquillo de los acusados sólo los presuntos autores materiales sino también aquellos sospechados de haber urdido el plan criminal y policías federales acusados de haber posibilitado el homicidio con acciones u omisiones. La jueza de primera instancia, los fiscales, los letrados de las querellas, los familiares de la víctima conjugaron su decisión y sus esfuerzos. El Gobierno cooperó en trances cruciales, tanto en la producción de la prueba de cargo cuanto en protección a ciertos testigos, también en dotar al juzgado de recursos materiales y humanos para cumplir sus funciones con celeridad y eficacia. La Corte Suprema, a su vez, incidió en ese aspecto.

Esa, poco frecuente, sincronización autoriza el optimismo acerca de la seriedad del proceso y de su desemboque. Todos los procesados gozarán de las garantías del debido proceso, incluyendo la presunción de inocencia. Esto dicho, vale señalar que las pruebas acumuladas en su contra son contundentes. Lo corroboran, a su manera, muchas maniobras de los acusados más poderosos. Las movidas de encubrimiento ulteriores, los intentos de adulterar pruebas, la lluvia de nulidades traslucen una percepción de debilidad, que se procura mitigar con malas artes. En un mismo rumbo podrían resaltarse algunas de las presentaciones iniciales de varios defensores, que parecían orientadas a culpar a las víctimas del ataque tras vistiéndolos en agresores. Las pruebas descalifican esa tesis trasnochada: la patota atacante no sufrió heridas, los agredidos sólo trataron de guarecerse. El énfasis de un par de letrados discurriendo esa taimada hipótesis, dicho sea al pasar, rozó la falta de respeto a los deudos que asistían a las audiencias.

El trámite insumirá meses. El lapso transcurrido desde el crimen ocurrido en octubre de 2010 es, en términos relativos, no breve pero sí admisible.

La semana que viene arrancará el juicio oral que investiga las coimas en el Senado, si no media una nueva trapisonda de los acusados. Se trata de un hecho acontecido hace la friolera de doce años, lo que habilita comparaciones sobre la presteza de la Justicia, dejando a salvo todas las diferencias entre ambos casos.

En el juicio de las coimas, el transcurso del tiempo produjo daños irreparables. Hubo sospechosos que murieron. Muchos otros devinieron figuras ignotas para la inmensa mayoría de la opinión pública. Eso resentirá la ejemplaridad de cualquier sentencia.

Son dos delitos con origen y repercusión políticos los que se investigan pero no son idénticos. Las condenas, si las hay, serán de distinta magnitud. Es válido, más allá de la indignación que puedan suscitar ciertas conductas de figuras públicas. Las penas deben tener una jerarquía, simétrica a la de los bienes jurídicos protegidos. La vida es el valor supremo, los delitos patrimoniales ocupan un rango más bajo, aunque su comisión por funcionarios o legisladores sea un válido agravante. La proporcionalidad de las condenas es un imperativo democrático que se vino descuajeringando en años de reformas parciales, leyes-parche dictadas por presiones del momento, de las que la “reforma Blumberg” es un ejemplo supremo mas no una excepción aislada. La reforma del Código Penal va en pos de encarrilar ese desaguisado, que se consumó en décadas.

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José Pedraza, el secretario general de la Unión Ferroviaria, fue llamado a prestar declaración indagatoria (ver asimismo nota central). Rehusó, es su derecho. Ni su poder ni su fortuna lo eximieron de quedar sometido a las decisiones judiciales. Estas se centrarán sólo en el hecho que se investiga, que limita la competencia del Tribunal Oral.

La trayectoria de Pedraza amerita, claro, una mirada política amplia. Tanto que posiblemente trascienda su figura. Supo ser un militante de base, un dirigente luchador, un cuadro que combatió la dictadura y que emergió como una figura renovadora en la restauración democrática. Alguna vez, sin exagerar los parangones, se pareció más al militante popular Mariano Ferreyra que al hombre de hoy, de mirada perdida, patrimonio material incalculable y rostro que denuncia su decadencia. Las peripecias que lo lanzaron cuesta abajo en su rodada son, en sustancia, de dominio público.

Los pactos perversos con el menemismo, que incluyeron el desbaratamiento de la red ferroviaria, la destrucción de su propio sindicato, los despidos masivos de quienes fueran sus compañeros. Su conversión política vino en combo con su incorporación a la clase empresaria. Se pesquisa ahora si cayó en el máximo abismo: mandar matar para preservar privilegios. Hay elementos sólidos que sugieren que así fue. En todo caso, es un dato que luchó con denuedo para privar a laburantes de derechos básicos, que fue pilar de mecanismos de fraude patronal y exclusión.

A los tribunales les cabe dilucidar, nada menos pero nada más, su responsabilidad en el asesinato. Fuera de ellos, es acaso hora de un debate que lo trascienda o, mejor dicho, que lo englobe en fenómenos más vastos.

Pedraza pudo haber incurrido en conductas extremas, pero seguramente su “caso” es, piensa el cronista, una referencia generalizable. Alude a la decadencia de un sector muy amplio de la dirigencia gremial. Y aun a la crisis de un modelo sindical cuya dirigencia, desafiada en la práctica, flaqueó ante la política neoconservadora, con honrosas excepciones. A sindicatos que no cumplen sus funciones básicas. A una Central Obrera única que poco o nada se ocupó de los desocupados, los informales, los precarizados, los tercerizados. A obras sociales que son una de las tres patas de un sistema de Salud bastante disfuncional que absorbe una alta inversión per cápita, inconsistente con los niveles de servicio que llegan a la mayoría de los argentinos.

No es justo decir que Pedraza es culpable de homicidio, hoy y aquí. Menos que muchos de sus pares sindicales hayan caído tan bajo como él. Pero sí es atinado interrogarse acerca de si es un personaje anómalo o uno de los peores emergentes de un modelo en crisis. Otros fenómenos de época ayudan a pensar la cuestión. Por ejemplo, los conflictos entre grandes gremios con jefaturas desacreditadas versus delegados de base de mayor legitimidad y combatitividad. O el fraccionamiento de la CGT. Ambos tienen, a no dudarlo, causas anecdóticas o circunstanciales o exógenas. Pero quizá representen un fenómeno estructural que sea necesario debatir a fondo pensando si no ha llegado la hora de modificaciones sustanciales.

Entre tanto, Pedraza y los demás acusados van en pos de una sentencia que hará historia. Hasta ahora, se reitera, el proceso ha sido ejemplar. Que no decaiga.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Videos del plan criminal (Correpi)

Día 2. Los vídeos del plan criminal.

La segunda jornada, se inició a las 10.35.
Previo a todo, nuestra querella (CORREPI-APEL) exigió al tribunal se informe sobre la probable salida de los imputados Favale y Gonzalez, a actividades organizadas por el kirchnerista Vatayón Militante. El Tribunal informó por Secretaría que no se había autorizado ninguna salida, y que de existir, es responsabilidad del Servicio Penitenciario Federal. Más allá de las declaraciones oportunistas de la presidente Fernandez de Kirchner, la Patota parece contar con el visto bueno del Poder Ejecutivo que es de quien depende ese Servicio Penitenciario.

En el contexto de chicanas judiciales y argucias de toda índole para retrasar el comienzo de las declaraciones testimoniales, esta sesión devino en una doble derrota para la Patota y sus guardianes.
En primer término, la estrategia planteada el día anterior por sus defensas (bombardear con nulidades) fue resuelta por el Tribunal difiriendo su tratamiento para el final del juicio. Resolución que inquietó a las defensas, ya que evidenciaba de inmediato la toma de declaraciones (indagatorias para sus defendidos y testimoniales en general).
Entonces, asomó el recurso defensista de exigir como condición para proseguir la audiencia, la vista de todas las imagenes de video y fotografías habidas en la causa.
Curioso pedido, toda vez que la totalidad de esas vistas, se hallan incorporadas en la causa desde Mayo de 2011 y estuvieron a disposición de las partes desde entonces.
La fiscalía , se sumó a este pedido, pero haciendo hincapié en los crudos (videos sin editar) del canal C5N y de Asuntos Internos de Policía Federal. El Tribunal indicó que se exhibieran y ahí se coronó el nuevo fracaso de la burocracia sindical , su patota y sus guardianes...... Leer más en http://juiciomarianoferreyra.blogspot.com.ar/2012/08/dia-2-los-videos-del-plan-criminal.html

martes, 7 de agosto de 2012

Proyección de las filmaciones del ataque de la patota ferroviaria

Las defensas están en la misma sintonía
Los abogados de varios acusados, tanto de ferroviarios como de policías, actuaron en coincidencia para pedir que se exhiban filmaciones del día del crimen. La defensa corporativa de la UF también quedó plasmada en la designación de abogados sustitutos.

 Por Irina Hauser

El presidente del Tribunal Oral Criminal 21, Horacio Días, estaba anunciando el comienzo de las indagatorias y el público se preparaba para ver a José Pedraza en el banquillo, cuando varios defensores lo interrumpieron. Querían que antes de interrogar a los acusados se les exhibieran ahí, en la pantalla gigante de la sala, todos los registros fílmicos de los sucesos en los que la patota de la Unión Ferroviaria (UF) mató a Mariano Ferreyra y otras imágenes que son pruebas del juicio. En el pedido confluyeron abogados tanto de los ferroviarios como de los policías implicados. La sintonía entre varias defensas, que han adherido mutuamente a los pedidos de nulidad del juicio, se vio desde la primera audiencia. Pero ayer la defensa corporativa de los ferroviarios en particular quedó plasmada en los papeles: Juan Carlos “Gallego” Fernández, segundo de la UF, nombró como abogados sustitutos al defensor del líder gremial José Pedraza, a su socia y al letrado de Juan Carlos Pérez, el portero de los talleres de Remedios de Escalada acusado de recolectar las armas después del ataque a los tercerizados para hacerlas desaparecer. Por la exhibición de las grabaciones, las declaraciones de los acusados se pasaron para el jueves.

El nombramiento de defensores sustitutos fue un pedido del TOC 21 para aquellos acusados que tienen menos de cuatro letrados. Quieren evitar que la ausencia de abogados pueda poner en riesgo la realización de audiencias que demoren el juicio. Los representantes de la mayoría de los ferroviarios vienen manteniendo reuniones reservadas para diseñar una estrategia común o coordinada. Algunos, como Pedraza y Fernández, acusados de ser instigadores del homicidio, ya oficializaron esa alianza, también junto con uno de los acusados de la patota. Al primero lo defiende Carlos Froment, que ahora también es suplente para defender a Fernández, junto con su socia Daniela Paula Grisetti, quien defiende al delegado Jorge González, y con Mario Laporta, letrado de Pérez. El abogado de Gabriel Sánchez, acusado de haber disparado, está intentando tentar a otro abogado del juicio. Los jueces postergaron para el final de las audiencias expedirse sobre las nulidades.

Al planteo de proyección de las imágenes televisivas, policiales y privadas (con teléfonos) se sumó con ímpetu la fiscal María Luz Jalbert, que consideró “medular” que los acusados las vieran. El juez Días aclaró que hacía tiempo estaban a disposición de las partes y ofreció copias, pero finalmente aceptó la proyección y de ahí en más la sala quedó en penumbras. En las filmaciones de la policía se veía arriba de las vías y en el terraplén a los hombres de la UF escoltados por personal policial, mientras que los tercerizados, el Partido Obrero (PO) y otras agrupaciones quedaban abajo, en la calle lindera, sin poder concretar un corte con reclamos laborales, mientras la patota los seguía.

Las querellas del Centro de Estudios Legales y Sociales, que representa a la mamá de Mariano, y de los heridos del PO, estiman que las filmaciones favorecen su acusación. “Se ve claro el momento en que empieza el ataque de la patota y la situación previa a los disparos cuando amenazan a los periodistas para que no filmen, e incluso el momento en que llega Cristian Favale (otro de los tiradores) con un grupo numeroso de gente y se une a los que ya estaban, diez minutos antes de los disparos”, señala Maximiliano Medina, del CELS. “Cuando llega Favale es evidente que lo conocen (aunque no es ferroviario) porque le dicen ‘eh, llegaste tarde’. El ataque, en el momento de la desconcentración, es evidente”, añade Claudia Ferrero, del PO. También se proyectó la filmación policial, que se corta en el momento del ataque.

En cambio, los defensores creen que las imágenes los ayudan porque “se aprecia que los manifestantes llevaban palos y honderas”, dice el abogado de Sánchez, Gustavo D’Elía, “y eso desacredita la teoría de que fue una emboscada, porque –a su entender– fue una gresca”. Si el homicidio fuera en riña, la pena sería mucho menor a la del homicidio calificado, que llegó a juicio. También se exhibieron fotos del Congreso de Latinrieles, donde estaban Pedraza y Fernández mientras actuaba la patota. Lo que intentarían usar las defensas es que no se los ve juntos todo el tiempo y marcar la presencia allí del ex secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi.

Entre las proyecciones se vio a Mariano Ferreyra herido, primero tendido en el suelo, luego adentro de la ambulancia particular que lo llevó al Hospital Argerich, al que llegó sin vida. Su mamá, Beatriz Rial, presente en la sala, no soportó el dolor y bajó la mirada. Pedraza, por momentos, se adormecía en su asiento. Cuando la ambulancia ya había partido se ve llegar un micro de la Policía Federal y se oye a alguien gritar con furia: “¿Ahora llega la cana?”.

Segunda jornada del juicio por el crimen de Mariano Ferreyra

LA PATOTA Y SU JEFE
El secretario general de la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza, y otros 16 acusados volvieron a sentarse en el banquillo de los acusados por el asesinato del joven militante del Partido Obrero. En Comodoro Py, los jueces del TOC 21 terminarán de resolver los cuestionamientos de nulidad presentados por los abogados defensores y luego empezarán las indagatorias.

En la audiencia de ayer se les leyeron a todos los acusados los cargos, que prevén hasta prisión perpetua. Aunque la mayor parte del tiempo estuvo dedicada a la discusión sobre una primera tanda de planteos de nulidad. Algunos intentaron instalar la idea de que la investigación durante la instrucción inicial fue parcial y sesgada. Pero el TOC 21 los rechazó y se espera que hoy haga lo mismo.

La lectura de las acusaciones aportó un repaso de aquel día en que un grupo de trabajadores tercerizados del Roca, junto con el PO y otras organizaciones, fue a protestar a la estación Avellaneda. Iban a cortar las vías, pero la presencia de la patota los disuadió. El ataque se produjo cuando se retiraban.

El barrabrava Cristian “Harry” Favale, ajeno a la UF, y el guarda Gabriel Sánchez están acusados de haber disparado. El portero del taller de Remedios de Escalada Juan Carlos Pérez y el picaboletos Guillermo Uño, de recoger las armas para ocultarlas.

Al delegado Jorge González y a Salvador Pipitó se los acusa de amenazar al equipo de C5N para evitar que filmara. Claudio Alcorcel, otro delegado, aparece como reclutador, y Pablo Díaz, secretario de Reclamos del gremio, como el coordinador de la fuerza de choque, que además mantenía contacto con el Gallego Fernández, segundo del gremio, quien estaba en la sede de la UF con Pedraza.

La acusación concluye que hubo un “plan criminal” para “aleccionar” a los tercerizados. Atribuye a Pedraza y Fernández una motivación política, ya que el ingreso de esa masa de trabajadores amenazaba su hegemonía en la UF, que a su vez les permitía mantener sus negocios. Las imputaciones por homicidio calificado pueden derivar en condenas a prisión perpetua.

Además, se acusa a siete policías, entre ellos tres comisarios, de haber liberado la zona para que actuara la patota. La acusación hasta menciona el llamado de un cabo al 911 pidiendo refuerzos por la falta de acción de los otros policías que estaban en Barracas. La fiscalía los acusó por abandono de persona seguido de muerte, pero las querellas como partícipes del homicidio, lo que generó un fuerte debate.

lunes, 6 de agosto de 2012

“Justicia para Mariano”

 MANIFESTACION FRENTE A LOS TRIBUNALES

 Por Ailín Bullentini

La calle Comodoro Py volvió a cubrirse de pies militantes ayer a la mañana, cuando agrupaciones políticas, de trabajadores y de estudiantes de izquierda llegaron hasta la puerta de los tribunales para acompañar el inicio del juicio por el asesinato del estudiante Mariano Ferreyra. A la columna principal y su enorme cartel que pedía “Justicia por Mariano Ferreyra”, que pasadas las 9.30 se ubicó frente al camión escenario, se les fueron sumando diferentes grupos a lo largo de la mañana. El mismo desfile se percibió sobre ese camión, que ofrecía micrófonos para que los referentes de cada agrupación concretaran sus reclamos: todos coincidieron en repudiar a “la burocracia sindical”, en criticar al gobierno nacional y en confiar en que “la lucha traerá justicia para Mariano”.

Entre banderas que mezclaron en un mismo espacio a agrupaciones como el PO, el MST, nuevo MAS y el PTS, entre otras, la cara de Mariano Ferreyra –el militante del PO asesinado en 2010 cuando se retiraba de una movilización de empleados tercerizados del ferrocarril Roca– aparecía en carteles, remeras, banderas y hasta prendedores. Curiosamente estuvo ausente en consignas y cantos debido a que, en realidad, no los hubo en el acto de ayer, que fue llamativamente silencioso.

Los militantes comenzaron a reunirse en Comodoro Py a partir de las 8 de ayer, aunque la juventud del PO aguardó la jornada con una vigilia cultural desde la noche del domingo en la que shows musicales, de teatro y danza ayudaron a vencer el frío. “Llegamos ayer para esperar con el cuerpo este juicio”, comentó Julieta, una de las jóvenes que el domingo estiró la bolsa de dormir sobre el asfalto y la levantó ayer, poco antes de que la calle comenzara a llenarse de gente. “Es algo histórico y no podemos dejar de hacer fuerza para que la muerte de Mariano tenga justicia y para que la organización de los trabajadores tenga una esperanza frente a la burocracia sindical.”

Julieta no fue la única que mencionó a la “burocracia sindical” entre las razones para acompañar el inicio del juicio. El principal referente del PO, Jorge Altamira, consideró que es “muy importante” que “los sindicatos dejen de estar en manos de las burocracias sindicales” como la que “mató a Mariano”, cuyo “responsable político es (José) Pedraza”. Altamira fue el primer dirigente en hablar de cara a la vigilia, bastante antes de que la audiencia comenzara. Calificó al juicio como “el resultado de la lucha de movilizaciones y piquetes” y deseó que “contribuya a un desarrollo de la conciencia ciudadana y, en particular, de la justicia de los trabajadores”. Además de Pedraza, señaló que también existe “una responsabilidad de los concesionarios (Ugofe, que en la actualidad regentea al Roca y a las líneas Sarmiento y Mitre) y de la policía”.

Los trabajadores ferroviarios de la línea Sarmiento, encabezados por el dirigente gremial de la Unión Ferroviaria de ese ramal, Rubén “Pollo” Sobrero, se unieron a la vigilia una hora antes de que comenzara la audiencia. Ellos y la totalidad de los pasajeros de ese ramal pudieron llegar gratis ayer a la Ciudad de Buenos Aires, por decisión de esa dirección gremial. Los vagones de la línea Roca –bastión de Pedraza y de la mayoría de los acusados de la muerte del militante del PO– amanecieron con un mensaje en sus paredes de “los ferroviarios”: “Creemos en la Justicia. Libertad a nuestros compañeros injustamente detenidos”.

“El inicio del juicio es muy importante porque pone frente a la Justicia el rol que cumplen las patotas sindicales en el interior de los gremios”, consideró Sobrero. Cauteloso, advirtió que la posibilidad de que los acusados sean condenados “puede significar una bisagra en la vida política de esos gremios” porque “se murió Mariano, pero las cosas no han cambiado mucho puertas adentro de los gremios ferroviarios”.

Si bien no hubo manifestantes a favor de Pedraza y el resto de los ferroviarios sentados en el banquillo, la amenaza sobrevoló el acto. “Desistieron de venir”, aseguró Jorge Hospital, referente de la agrupación Causa Ferroviaria del Roca, que nuclea a trabajadores tercerizados de ese ramal. Hospital festejó el inicio del juicio, aunque aseguró que “los cómplices necesarios del crimen están cerca del gobierno nacional y eso es síntoma de la continuidad de la mafia que mató a Mariano. La confirmación de (Antonio) Luna en la Secretaría de Transporte (como subsecretario), que le hayan dado las líneas Mitre y Sarmiento a la Ugofe o que el gobierno confíe en la CGT Balcarce, en la que se alineó Pedraza, no da esperanzas”.