viernes, 28 de septiembre de 2012

Un testigo que señaló a Favale


Por Irina Hauser
Víctor Amarilla, militante de Convergencia de Izquierda, vinculó al barrabrava Cristian Favale con el disparo que recibió Mariano Ferreyra. Al declarar ayer como testigo en el juicio por el asesinato del joven militante del Partido Obrero, contó que estaba apoyando la protesta de trabajadores tercerizados del Roca y que tuvo frente a él, a unos diez o quince metros, al tirador, a quien después reconoció por las fotos publicadas en los diarios. Pudo ver, dijo, dos fogonazos y al girar la cabeza vio a Ferreyra “que se agarra la panza y cae”. También dio testimonio Ariel Pintos, un ex tercerizado, que recibió un impacto de bala de un arma calibre 38 en una pierna. Pintos vio a alguien disparar desde atrás de los árboles, aunque su descripción no coincide con los rasgos de Favale ni de Gabriel “Payaso” Sánchez, ambos acusados de haber gatillado. De entrada, cuando estaba por comenzar a declarar Amarilla, el defensor de Juan Carlos Fernández, Alejandro Freeland, hizo un planteo sorpresivo: pidió medidas de seguridad especiales, porque sostenía que se trataba de “un testigo violento”. María del Carmen Verdú (Correpi), quien representa a varios heridos, le devolvió que para su tranquilidad ella garantizaba que nada le pasaría. “Respeten este recinto porque es la casa de la Justicia y las cuestiones políticas aquí no interesan”, terminó la discusión el presidente del Tribunal Oral Criminal 21, Horacio Días.

Amarilla describió que el ataque de la patota de la Unión Ferroviaria se produce en el momento en que se retiran, después de estar reunidos un buen rato, cuando la patrulleros que antes bloqueaban el paso, lo liberan. El vio un grupo que “venía corriendo”. Cuando llegan los matones escucha “estampidos”. De pronto ve a una “persona morruda, con ropa oscura, pelo corto tipo policía, barba candado, con el brazo extendido hacia adelante y un arma”. Después vio su foto en los diarios, y era Favale. Amarilla asocia los disparos del barrabrava con la caída de Mariano.

Pintos relató que trabajaba en la cooperativa Confer, una tercerizada donde hacía “trabajo de vía y obra y pasos a nivel” de la que lo habían echado. Explicó que allí no tenía salario estable, ni vacaciones ni aguinaldo. Lo contrataba Ugofe y no cobraba “ni un tercio de lo que se cobra en el tren”. Con las manifestaciones, explicó, lograban que los volvieran a contratar. Lo regularizaron como trabajador de planta en enero de 2011. Como empleado ferroviario, cuestionó, “jamás” la UF “nos acompañó en nuestro reclamo”. Relacionó otra tercerizada, la Unión del Mercosur, con José Pedraza, como quien la manejaba, y contó que quienes trabajaban allí eran constantemente amenazados por el delegado Pablo Díaz, acusado en el juicio como coordinador de la patota, “quien iba armado para que no entren a las reuniones”. En medio del ataque de la patota, afirmó, “cuando me agacho para agarrar una piedra siento un dolor en la pierna y tenía un agujero con sangre. Veo que detrás de los árboles y de los autos sale una persona tirando hacia adelante”.

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