domingo, 12 de agosto de 2012

Pablo Ferreyra habla sobre el juicio por el asesinato de su hermano Mariano

“Cuando entró Pedraza se me heló la sangre”

El hermano del militante del PO repasa las circunstancias en que la patota de la Unión Ferroviaria mató a Mariano y el inicio del proceso que tiene al gremialista José Pedraza como protagonista. La política, las “salidas” carcelarias y los tercerizados.

 Por Irina Hauser

Poco antes de que empezara el juicio oral por el asesinato de su hermano, Pablo Ferreyra viajaba en un taxi hablando del tema por celular con un periodista. El taxista pescó el contenido de la conversación, pero no identificó al protagonista, lo miró por el espejo retrovisor y le dijo: “Eso de lo que estabas hablando, ahora hay una marcha. Ojo que van a cortar todo. Por el pibe Ferreyra, el que quiso destapar la pudrición, la pudrición que se ve hasta el fondo, pero viste que ya Jesús quiso y no pudo”. Pablo no sabía si soltar una carcajada, ponerse a llorar desconsolado o bajarse urgente. Ese desconocido le hablaba de su propio hermano. De su vida. De él mismo, que se cargó al hombro la investigación judicial por el homicidio con ayuda de un equipo de abogados, y que con la fuerza de un designio retomó esa batalla que Mariano libraba contra la tercerización laboral el día que lo mató la patota de la Unión Ferroviaria (UF) durante la retirada de una protesta en Barracas. El, Pablo, 32 años, fotógrafo, que sin querer se convirtió en una figura pública objeto de críticas y elogios. Que asume contradicciones políticas. Que quedó petrificado al ver al líder ferroviario José Pedraza entrar en la sala del juicio. Que esta semana vio por primera vez las imágenes completas de los últimos minutos de vida de Mariano, militante de 23 años del Partido Obrero (PO).

Pablo suele andar con un par de zapatillas que eran de Mariano. Son botitas All Star marrones, de cuero. También guarda una remera suya gris, un teclado de varias octavas y una gomera. En su casa, un ph al fondo, hay cuadritos estilo art decó, una Gioconda perdida, fotos de Carolina –su mujer, con quien espera un bebé– y cámaras de foto antiguas. Menos visible, hay un pequeño retrato de su hermano sobre una especie de mostrador y en el estudio, apoyado sobre una pared, está enmarcada la tapa de la revista La Garganta Poderosa que muestra a Lionel Messi con la camiseta argentina y el nombre Mariano Ferreyra.

En el juicio, que empezó el lunes pasado, Pedraza encabeza la lista de acusados. Pablo intenta darle la mayor difusión posible y habló mucho por los medios en estos días. Sin embargo, le cuesta recapitular cómo fue el 20 de octubre de 2010. “Me acuerdo poco –se excusó–. Correr desde donde trabajaba, en La Lucila, hasta el Hospital Argerich, encontrar el manoseo de los médicos para decirme algo concreto y entender que no me iban a decir nada bueno y que me direccionaban hacia mi vieja, que finalmente me dijo que habían matado a Mariano. Revoleé la mochila, me agarraron mis dos cuñados y al ver que alguien filmaba afuera entendí que lo que había pasado tenía una magnitud muy grande.”

–¿No era una variable en tu horizonte que a Mariano le pasara algo relacionado con sus militancia?

–Nunca imaginé algo así. Todavía me cuesta entenderlo. Esta semana en el juicio veía las imágenes de los noticieros y leer el nombre Mariano Ferreyra en la pantalla me parecía completamente surrealista. Yo no viví ese día desde los medios. Había decidido no ver tele. Fue un momento personal de confusión. Además, cuando se muere alguien en estas circunstancias, llegás al hospital y está muerto, no hay nada más que hacer. Todo ese día deja de tener sentido. Nos quedamos esperando, sin saber qué esperábamos. Después nos tomamos un taxi y en la radio hablaban de Mariano y los medios esperaban en la puerta de la casa de mi mamá. A la noche vinieron compañeros de Mariano del PO a plantearme que anticipaban un funeral grande y me vi discutiendo de política, pero yo estaba pensando en mi hermano. Les propusimos un funeral íntimo, sin cámaras ni discursos, pero sí con la despedida de sus compañeros.

–¿Cuándo pudiste salir de la confusión y entender lo que había pasado?

–Las primeras versiones apuntaban a Duhalde. Luego vi que los diarios hablaban del ataque (de la patota de la UF). Hubo claridad del PO en explicar quién era Mariano y qué estaba haciendo en Barracas ese miércoles apoyando una protesta contra la tercerización laboral. El domingo busqué en Facebook al abogado Alberto Bovino, por recomendación de amigos. Me reuní enseguida con él y abogados del Centro de Estudios Legales y Sociales. Analizamos que lo que había sucedido era profundamente político y atentaba contra una lógica que tenía el Gobierno de no reprimir la protesta social. En ese entonces, igual que ahora, yo veía cosas del Gobierno que me entusiasmaban, pero que mi hermano sea un muerto político en la era del kirchnerismo me generó una contradicción muy grande.

–¿Cómo evaluaste el discurso de la Presidenta en el día que comenzó el juicio, lo viste como una señal de apoyo?

–Fue claramente una muestra de apoyo. A partir de ahí veo tres aspectos: generó un hecho político, eso es un dato objetivo; destacó, algo que es cierto, la ayuda de Néstor Kirchner para acelerar la investigación al acercar a la fiscalía un testigo clave aportado por un dirigente del conurbano; agregó una anécdota personal, de cómo afectó la muerte de Mariano a la salud de Néstor, algo que yo relativizo porque se está juzgando el asesinato de mi hermano a manos de una patota sindical comandada por Pedraza.

–¿Cómo viviste el inicio y los primeros días del juicio oral?

–Primero no estaba tan nervioso, pero cuando entró Pedraza se me heló la sangre. Caro, mi mujer, me dijo que estaba pálido. No conozco a Pedraza para nada, pero su apellido está cargado con toda mi historia de los últimos casi dos años. Pedraza y (Cristian) Favale quedaron socialmente instalados como los responsables del asesinato de Mariano. El primer día el PO nos acompañó con calidez, a mí y a mi familia. Hubo también una presencia sindical escueta, pero representativa: Roberto Baradel, Facundo Moyano, Claudio Lozano. Diputados de distintos sectores y muchos amigos.

–¿Qué responsabilidad le atribuís a Pedraza?

–Es el responsable de la muerte de Mariano. Mediante una patota del gremio que dirige buscó escarmentar a sangre y fuego a un sector opositor afectado por la tercerización laboral, que ponía en riesgo su hegemonía política. El mismo dijo en su declaración que el pase a planta de los tercerizados influidos por la izquierda le podía hacer perder hegemonía, porque con el ingreso de 150 cuadros se armaba una lista opositora. Las tercerizaciones le servían para atomizar eso. No es que decidió matar a Mariano, sino golpear a un sector que le representaba una pérdida de poder político y económico. Nada de lo que pasaba en la UF podía estar fuera del alcance de Pedraza.

–En la indagatoria, durante la instrucción de la causa, Pedraza dijo que en cuarenta años no había visto un ferroviario armado y que se enteró del ataque de la patota por TV.

–Es una muestra de cinismo propia del sindicalismo que alguna vez repudió (Rodolfo) Walsh, la burocracia sindical, que pretende representar a los trabajadores y mantiene negocios empresarios. Pedraza no solo explota desde los noventa el Belgrano Cargas, sino a los trabajadores en una cooperativa a nombre de gente del sindicato y con participación de su mujer.

–¿Te molestó que proyectaran las imágenes del día del asesinato?

–Me pareció innecesario para el juicio. Para mí fueron reveladoras, no las había visto. Me permitieron reconstruir y ver como una película el plan criminal. Tuve la sorpresa de ver que los tercerizados nunca cortan la vía, que son repelidos por la patota, que se ve que ya estaban desconcentrando cuando se produce el ataque. Advertí la importancia del testimonio de la periodista de C5N (Gabriela Carchak), que es objetivo. Desde el lugar decía lo que vio: un ataque, no un enfrentamiento, además de que la amenazaron para que no filmara. Pero fue muy doloroso ver a Mariano en un video que filmó una militante, tendido y en la ambulancia... me hizo muy mal, también a mi familia.

–¿Te afectó el discurso de los abogados defensores culpabilizando a Mariano y los manifestantes o te parece que sólo están haciendo su trabajo?

–Están haciendo su trabajo. Creo que es todo parte de una actuación necesaria y pienso que les están comiendo la billetera a los acusados, ya que para algunos es una causa perdida. Me parece que el trabajo que se hizo en la instrucción de la causa es irreprochable: desde el móvil político hasta el asesino material, y cómo están representados los tercerizados en ese discurso. Que venga uno a hablar de las gomeras, de hordas que cortan las vías, de las molotov, todos elementos de la lucha popular como armas de fuego, me parece que hay un acting. El juicio tuvo momentos de gran teatralidad.

–¿Y el tribunal?

–Me gustó el presidente del tribunal (Horacio Dias) porque le quitó solemnidad. Con un chiste desarticulaba todo, hasta los discursos que intentaban transformar a la víctima en victimario. Como familiar me parece que eso descomprime. Además, me pareció que los jueces manejaron bien los planteos de nulidad de las defensas y su reclamo para ver los videos.

–¿Con el PO cómo te llevás en el contexto del juicio?

–Estamos como en una luna de miel, a pesar de que tenemos opiniones diferentes y decimos cosas diferentes. Por ejemplo, respecto de la versión sobre las salidas de Favale de la cárcel. El PO dijo que se favorecía a un preso por su identificación política con el kirchnerismo, porque fue a un acto de Vatayón Militante. Después resultó que no salió, que fue un acto en el penal de Ezeiza, donde la agrupación incluso dijo haber repudiado a Favale. A mí me pareció que todo esto desviaba el eje del juicio, que pasa por discutir la cuestión laboral, la zona liberada por la policía pasando por el tipo de sindicalismo que representa Pedraza.

–¿Te habría molestado que a Favale lo dejaran salir de la cárcel para una actividad?

–En este momento sería muy desprolijo, una provocación. Lo mismo que pasó con (Eduardo) Vásquez. Con determinadas figuras habría que tener en cuenta la sensibilidad y la condena social. Sacar a Favale cerca o durante el juicio sería polémico. Es una discusión a dar, pero no en los términos que propone Clarín, impugnando la política de derechos humanos en las cárceles, sin señalar la importancia de la reinserción de todo preso ni otras problemáticas del sistema penitenciario, como las torturas. Hay otros problemas que plantea la cárcel.

¿Te sentís el mismo que cuando mataron a Mariano?

–Me siento un poco más pragmático. Voy a hacer lo necesario para lograr una condena a Pedraza, Fernández, la patota y también los policías federales. No cambié ideológicamente, pero me corrí de los fanatismos. Antes tenía mayor simpatía por el Gobierno. Me había ido del PO a una militancia, para nada orgánica, en el kirchnerismo, a partir de la crisis del campo. Pero empecé a ver cosas que me despiertan críticas, como la tragedia de Once. La crisis del ferrocarril estalla en diferentes cosas, entre ellas la tercerización laboral. Veo que cuestiones que produjeron la muerte de Mariano conviven con el sistema político actual.

–¿A qué te referís?

–Hay un acomodamiento y convivencia estratégica con sectores como la burocracia sindical, que pare mí sigue siendo una tarea sacársela de encima. La muerte de Mariano me volvió a despertar a la vida política. Hace seis meses vengo trabajando con el CELS en el tema de los derechos laborales y la tercerización.

–¿Tenés la impresión de que hoy podría haber otro asesinato como el de Mariano?

–Creo que lo hubo: el de Cristian Ferreyra, dirigente del Mocase. En el caso de Mariano fue una patota sindical la que mató y hay otros tantos crímenes donde está la policía en foco. En la comunidad qom, en Jujuy con Ledesma, el Indoamericano. Cuando me recibió la Presidenta, tras la muerte de Mariano, le dije que eso manchaba la bandera de la política de no represión


La punta del iceberg

 Por Irina Hauser

“Pedraza es la punta del iceberg de esta gran problemática. Lo que revelará el juicio es su papel como instigador en tanto sindicalista empresario, que dice ser representante de los trabajadores ferroviarios pero a la vez sostiene una cooperativa trucha de doscientas personas que precariza quitándole vacaciones y cargas sociales, haciéndolas rendir tres o cuatro veces más que a un trabajador de planta por una remuneración que va de un 40 a un 50 por ciento menos. Por eso Pedraza se presentó como un simple empleado en la indagatoria, disfrazándose, cuando sabemos que vivía en un piso de un millón de dólares en Puerto Madero y se le atribuye la participación en los negociados del desguace del ferrocarril”, dice Pablo Ferreyra.

–¿Cuál es hoy la situación de los tercerizados?

–El asesinato de Mariano llevó a visibilizar que el problema de la tercerización tiene raíces muy profundas en diferentes sectores del mundo del trabajo. En el ferrocarril se han incorporado a planta 1500 tercerizados, con intervención del Ministerio de Trabajo, pero siguen existiendo formas de tercerización, por ejemplo con la gente que trabaja en los baños. Además, la tercerización no tiene un diagnóstico, la propia forma hace difícil medirla, no sabemos a cuánta gente afecta, sólo sabemos que es mucha. Hay que iniciar una campaña que discuta la tercerización, que busque generar la posibilidad de tener herramientas de diagnóstico en un número cuantitativo de tercerizados en Argentina. Habría que atacar por tres lados: dar una discusión legislativa para regular por ley la tercerización; el Ministerio de Trabajo tendría que fiscalizarla de alguna manera o utilizar la policía del trabajo para descubrir situaciones de tercerización precarizante; y la última, pero muy importante, es que los sindicatos tendrían que tomar activamente partido, porque ellos fueron los que permitieron la tercerización en los ’90, como Luz y Fuerza, además de los ferroviarios. Otros han mostrado poder absorber a los tercerizados, como el caso del subte, que pasó a todos a planta permanente.

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